El refugio casero de Carlos Bassas: "Lo es desde que vivo ahí, y siento paz"

Es su lugar si no viaja al extranjero o está encerrado escribiendo en su despacho

La esquina de la terraza de Carlos Bassas, que ha fotografiado con los libros apilados sobre la mesa y pendientes de leer
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La esquina de la terraza de Carlos Bassas, que ha fotografiado con los libros apilados sobre la mesa y pendientes de leerCARLOS BASSAS
La esquina de la terraza de Carlos Bassas, que ha fotografiado con los libros apilados sobre la mesa y pendientes de leer

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 22/07/2026 a las 05:00

Puede pensarse, sin mucho miedo a hacerlo equivocadamente, que Carlos Bassas del Rey (52 años) no es de repetir destinos. Porque, si no viaja al extranjero o está encerrado escribiendo en su despacho, su refugio es la esquina de la terraza de su casa, que ha fotografiado para este reportaje, “a la sombra toda la tarde”, con la pila de libros pendientes que se le han ido acumulando a lo largo del año. Y, entre ellos, este verano, también el manuscrito de su última novela para Grijalbo, “pendiente de la revisión de la editorial y de las correcciones”, dice de la obra que, para salir a principios del año que viene, debe estar lista “como muy tarde” en septiembre.

Barcelonés que hace décadas que reside en Pamplona, desde que vive en esa casa es su refugio, que con el tiempo ha ido amueblando, “poniéndole un sofá en L aquí, una mesa con sombrilla para comer allá y alguna luz para alargar el día”.

Carlos Bassas del Rey
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Carlos Bassas del ReyCEDIDA
Carlos Bassas del Rey

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Siente “paz”. “Es el lugar, muy tranquilo y recogido, pero son sobre todo los libros que me acompañan y devoro los que me hacen viajar sin tener que moverme del sitio. Y muy barato, oiga. Si mi gata 'Harper' se decide a acostarse a mi lado a ronronear, además, no hay música de 'chill out' costero que pueda igualar ese sonido”.

Su mejor recuerdo allí es “curiosamente” las novelas que corrige en él estando a la fresca. “De repente, el trabajo no parece trabajo. Pasa lo mismo cuando leo allí alguno de los libros que debo leer también por obligación. Por muy desastrosos que sean, ganan algún punto extra siempre”.

Y lo suele disfrutar solo, pero, a ratos, también acompañado. “Hay algo mágico en leer en silencio junto a otra persona que también lee en silencio y, de repente, escuchar: ‘Vaya frase. Atento…’, y que la compartan contigo aunque estés en otro mundo. O hacerlo tú. Compartir una frase del mundo en el que estás sumergido porque crees que lo más importante en ese momento es hacerlo, como si fuera a desaparecer. Después, regresas a tu silencio y sigues leyendo. Pero ya te han plantado o has plantado la semilla que te llevará a otro libro de un modo irremediable. Y así, empalmas uno tras otro”, asegura Bassas.

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