Turismo

El refugio de Joaquín Sevilla en Cantabria: "Entre la marea y la luz nunca te cansas de mirar el mar"

El profesor de la UPNA y divulgador científico pasa temporadas en Santoña desde los años 90

Vista aérea de Santoña
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Jesús Rubio

Publicado el 19/07/2026 a las 05:00

El refugio de verano recurrente, y no solo de verano, de Joaquín Sevilla Moróder, director de la la cátedra de divulgación de cultura y conocimiento científico de la Universidad Pública de Navarra, está en Santoña, en Cantabria. Se trata de una localidad de unos 11.000 habitantes muy ligada al mar, hasta el punto que fue el primer puerto conservero del Cantábrico. 

Sevilla lleva viajando a esta localidad cántabra desde los años 90, “dado que desde entonces podemos disponer de vez en cuando de una casa familiar. Esa disponibilidad y la cercanía a Pamplona hacen que sea una escapada ideal. Un paisaje que nunca cambia pero que nunca es igual, entre la marea y la luz nunca te cansas de ver el mar. La limitación de crecimiento que le ha impuesto a la población estar rodeada de mar y marisma hace que el turismo no resulte excesivo, manteniendo un bullicio animado pero contenido”, explica. 

Santoña no se puede entender sin la pesca. No en vano su industria se basa sobre todo en la comercialización del bonito y de sus anchoas en aceite de oliva. “La oferta gastronómica es magnífica, sobre todo de pescado fresco”, corrobora el divulgador científico y profesor en la UPNA.” Se puede ir a ver descargar los barcos al puesto o las transacciones en la lonja, y casi puedes seguirle la pista a los peces de allí al restaurante”. 

Las informaciones turísticas sobre Santoña hablan de una localidad dividida en dos zonas: el casco urbano, asentado sobre una llanura, y una zona montañosa donde se alza la ladera del Brusco y el Buciero. Su historia está ligada al Monasterio de Santa María del Puerto, que dio paso después a la iglesia románica de Santa María del Puerto. También resultan importantes son sus fortificaciones militares. 

Destaca también la Ruta del Faro del Caballo, un sendero de acantilados con más de 700 escalones excavados en la roca que descienden hasta el mar, y arenales como la Playa de Berria. Y están cerca las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel –más de 4.000 hectáreas declaradas Parque Natural– , refugio de más de 20.000 aves de 130 especies, 

“Cuando los hijos eran pequeños era una válvula de escape estupenda, pero ahora que vuelan solos sigue siendo un refugio en el que cambiar de aires y de estilo hostelero para cargar las pilas”, concluye Joaquín Sevilla.

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