Prudencio Catalán, vendedor de chucherías en Corella


Publicado el 19/07/2026 a las 08:40
Ha muerto Pruden, Prudencio Catalán, pero, como bien dice su recordatorio, su sonrisa, su ‘dulzura’ y su generosidad vivirán para siempre. La Iglesia se llenó para despedirle y a nadie extrañó, porque también la gente del pueblo tiene su corazoncito. Ya sé que Corella tiene rango de ciudad pero el corazón de sus gentes palpita como un pueblo grande que recuerda con sentimiento y cariño a sus ‘personajes’ de referencia y Pruden es uno de ellos.
Pruden y el espacio que ocupaba su carrito en la calle era un lugar de encuentro, era un espacio al que accedían niños y mayores a comprar chuches o simplemente a charlar con él sobre los litros de agua caídos en Corella en la última tormenta o para hablar de fútbol y la actuación arbitral de su equipo preferido. Era un forofo de Osasuna y de la Selección Española. Seguro que estará feliz en el cielo con la llegada de España a la final del Mundial y ansioso por conocer el resultado del partido cumbre España-Argentina.
A Pruden había que verle correr conduciendo su carro lleno de ‘material’ desde su casa hasta su rincón favorito en la calle Mayor. A pesar de sus limitaciones físicas a veces parecía ser más rápido que Cucurella.
Mientras deslizaba estas letras por el ordenador para ensalzar la figura de Pruden, pues la verdad es que era un ‘figura’ que igual te hablaba de fútbol que de política, de Sanfermines que de San Miguel o la Virgen de la Paz, recordé aquel modismo popular que he citado al comienzo y la Wikipedia me ayudó a completar: “También la gente del pueblo tiene su corazoncito y lágrimas en los ojos y el dolor mal reprimido. Es este corazón mío que cuantos más golpes le dan, la muerte de Pruden es uno de ellos, más duro está el maldecío”.
A la familia de Pruden, hermana, hermano, sobrinos y demás familia, nuestro más sentido pésame. Tu memoria, generosidad, tu valentía para hacer frente a la vida y tu alegría por vivir y hacer felices a los demás, en nuestro nombre, en el de nuestros hijos y nuestros nietos, cuyos nombres bien conocías, descansa en paz.
Los autores son amigos del fallecido.