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Turismo

La floración despierta el alma cerecera del Jerte

Dos momentos clave marcan la campaña: la floración -que comienza entre mediados y finales de marzo- y la recolección, que se extiende desde primeros de mayo hasta mediados y finales de julio

Cerezos en flor en el valle del Jerte.
Cerezos en flor en el valle del Jerte.
DN. Archivo
  • Susana Cuevas. Efe. Madrid
Actualizada 13/03/2021 a las 11:17

El alma cerecera rebrota cada primavera en las laderas del Valle del Jerte con la llegada de la floración, un momento de esplendor efímero que los visitantes inmortalizan en imágenes que captan la esencia de esta comarca cacereña que conserva su entorno económico, cultural y natural gracias a este cultivo.


El río Jerte da nombre a esta zona extremeña, conocida sobre todo por la cereza, con más de un millón y medio de cerezos que se extienden por las laderas y barrancos de los once pueblos que viven de este cultivo y del agroturismo: Barrado, Cabezuela del Valle, Cabrero, Casas del Castañar, El Torno, Jerte, Navaconcejo, Piornal, Valdastillas, Rebollar y Tornavacas.


Dos momentos clave marcan la campaña: la floración -que comienza entre mediados y finales de marzo- y la recolección, que se extiende desde primeros de mayo hasta mediados y finales de julio.


Con las primeras floraciones, los pueblos del Jerte analizan con ilusión e incertidumbre cómo irá la campaña: durante tres meses su vida se vuelca en la cereza, de la que se producen 15.000 toneladas al año, sobre todo de picota -que cuenta con una Denominación de Origen-, y con la ambrunés como la variedad más popular.


LA CEREZA, UN MOTOR ECONÓMICO


La cereza es "el motor económico de esta comarca" porque de esta actividad "depende la rentabilidad de muchas familias de manera directa o indirecta", asegura Mónica Tierno, una joven de 28 años que hace tres asumió la dirección general de la Agrupación de Cooperativas del Valle del Jerte, tras estudiar en universidades de Madrid, Berlín y Copenhague.


Tierno destaca la importancia de este cultivo "tradicional y con mano de obra familiar" porque ante la amenaza del despoblamiento "permite mantener una población vinculada al territorio, en un ecosistema perfecto" que confiere al producto un "sabor único".


Aunque la mayoría de los 3.500 agricultores que integran esta agrupación "todavía pueden vivir" de la cereza, con una exportación de entre el 50 % y 60 % de la producción total, explica Tierno, hay otros que necesitan complementar su renta con otros cultivos como castañas, higos, ciruelas, aceitunas de mesa y frutos rojos.


O con otras actividades complementarias, entre ellas el agroturismo, indica la directora general, para quien la visitas guiadas a la Agrupación permiten "vincular el producto al territorio; al final, se trata de buscar sinergias".


En su opinión, es fundamental que el visitante conozca como consumidor todo el proceso que hay detrás de esa cereza que compra en el supermercado, y una de las cosas que "más les sorprende" es la tecnología que utilizan "para garantizar que la fruta llega al cliente con calidad".


SIMBIOSIS CON EL TERRITORIO


Con una floración que suele durar 10 días y que no tiene una fecha fija, depende de la meteorología y se trata de una flor delicada, con una vida corta, saber con tiempo suficiente el mejor momento para observarla en su plenitud resulta muy complicado, pero al mismo tiempo imprescindible, comenta a Efe Esperanza Izquierdo, técnico de Turismo de la Mancomunidad Valle del Jerte.


Como si de una retransmisión en directo se tratara, la web de la mancomunidad y sus redes sociales van mostrando la evolución de la floración, para que se pueda organizar su visita.


Aunque este año no se celebrará la Fiesta de la Floración por la pandemia, Izquierdo recomienda a los que puedan viajar que sean un "poco aventureros", se alejen de la N-110, dejen el coche y caminen por los senderos para observar de cerca los cerezos.


Después de la floración continúa la campaña de la cereza, y en la época de la recolección se puede disfrutar de La Cerecera, un programa con actividades de agroturismo en las que el visitante puede conocer, cesto al hombro, cómo se cultiva este fruto, qué variedades existen y su recolección manual.


Este enclave extremeño cuenta con una extensa red de alojamientos rurales en todo el valle, que en los fines de semana puede extenderse a Cáceres, y a las provincias limítrofes de Ávila y Salamanca.


EL JERTE, SIEMPRE SORPRENDE


En este hermoso valle, el cultivo de la cereza "no es una actividad económica más, sino que ha modelado la tradición y la vida de los habitantes", aseguran a Efe fuentes de la Consejería de Turismo de la Junta de Extremadura.


Es una comarca "sorprendente" en cualquier época del año, subrayan, con recursos culturales en pueblos como Cabezuela del Valle (Conjunto Histórico Artístico) o la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Tornavacas y valores naturales como la Reserva Natural Garganta de los Infiernos, las cascadas, los saltos de agua y una amplia red de senderos homologados.

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