Automoción

La moda SUV ha llegado para quedarse (por desgracia)

Sus líneas han seducido a mujeres y hombres de todas las edades pese a los inconvenientes que arrastran

Los SUV resultan imponentes, pero más caros y torpes.
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Los SUV resultan imponentes, pero más caros y torpes.Imagen generada con IA
Los SUV resultan imponentes, pero más caros y torpes.

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Carlos Lipúzcoa

Publicado el 01/03/2026 a las 05:00

Los SUV molan. Son más cómodos para subir o bajar, pero su principal baza radica en esa aparencia poderosa, parecida a la de un todoterreno. Parecen 'más coche' con sus grandes ruedas y una carrocería alta y voluminosa. En pocas palabras, dan caché.

A ello se suma la confianza al conducirlos gracias a una mayor sensación de seguridad, en buena parte por dominar el entorno desde una posición más alta. Además, es difícil sentirse avasallado al volante de uno de ellos en medio del tráfico diario.

Los SUV destronaron sin piedad a los monovolúmenes como vehículo familiar por antonomasia. Aquellos ofrecían soluciones prácticas que han desaparecido en los SUV, como los asientos traseros individuales y desmontables, pero resultaban estéticamente menos agraciados.

No dejaban de ser furgonetas con acabados de turismo que lo sacrificaban casi todo en pos de la practicidad. Los SUV le dieron la vuelta a la tortilla y, pese a ser claramente menos funcionales, acabaron arrasando el mercado con ese aire más deportivo que entra por los ojos a mujeres y hombres de todas las edades.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Adquirir un SUV resulta más caro que un coche convencional que ofrezca un espacio y habitabilidad equivalente. Las marcas saben que hay más demanda de SUV y les aplican márgenes más amplios para aumentar sus ingresos.

Su mayor altura y peso, sin resultar inseguros, les confiere un peor comportamiento dinámico que los coches convencionales por pura física. Padecen mayores inercias, balancean más, frenan peor y su centro de gravedad más elevado juega en su contra.

Además, el mayor tamaño de la carrocería ofrece más resistencia al avance. Al fin y al cabo, el hueco que tienen que abrir al atravesar el aire es mayor, a lo que se suma que la mayor distancia al suelo es un enemigo de la eficiencia aerodinámica. Todo ello se traduce en consumos más altos.

Otra desventaja que viene derivada del tamaño son los problemas para aparcarlos. Este escollo se hace especialmente irritante en garajes antiguos con plazas pequeñas y poco margen para maniobrar.

La lista de pegas no acaba ahí. Con el mismo motor que un coche convencional equivalente, tienen peores prestaciones. Pero el peor de todos los pecados que han cometido los SUV gracias a su éxito comercial es la muerte inducida que las marcas han aplicado a los sedanes clásicos por la falta de demanda. Imperdonable.

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