Los coches nuevos están por las nubes y no van a bajar de precio

La inflación acumulada en pocos años y la necesidad de financiar el salto al coche eléctrico son las dos principales causas

El desembolso medio por un coche utilitario o compacto a crecido un 50% en pocos años
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El desembolso medio por un coche utilitario o compacto a crecido un 50% en pocos años
El desembolso medio por un coche utilitario o compacto a crecido un 50% en pocos años

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Carlos Lipúzcoa

Publicado el 08/02/2026 a las 05:00

Hace no tantos años, los coches nuevos eran claramente más económicos que ahora. Los utilitarios, como un Renault Clio o un Citroen C3, partían en 2018 desde los 13.000 euros y los compactos, categoría en la que peleaban superventas como el Seat León o el Ford Focus, podían adquirirse en versiones intermedias en torno a los 18.000 euros.

Actualmente es difícil encontrar utilitarios básicos por menos de 19.000 euros y compactos que bajen de los 25.000 euros, lo que supone que los precios se han incrementado alrededor de un 50%. Sin embargo, los salarios han crecido de media del 20% en el mismo periodo.

Los turismos nuevos son, por tanto, más inaccesibles. Así, los conductores se ven obligados a estirar la vida de sus monturas más años antes de plantearse el relevo, algo que se refleja en una creciente antigüedad del parque automovilístico.

Si los coches tenían de media unos 12 años de vida en 2018, ahora rozan los 16 años. ¿Qué ha pasado para que los precios se hayan disparado de esa forma? Una parte importante puede explicarse simplemente por la inflación, que según los datos del Instituto Nacional de Estadística se sitúa en el 24,7% entre 2018 y 2025. Este aumento tuvo dos episodios de especial intensidad: la reactivación económica tras la pandemia y la invasión de Ucrania por el ejército ruso.

La subida de los precios de los coches también se explica en parte por la mayor carga tecnológica que reglamentariamente están obligados a incorporar por seguridad. Sistemas de frenada de emergencia, vigilancia de la somnolencia del conductor o las alertas por salirse del carril son funciones que, sin suponer un gran aumento de costes individualmente, van sumando para elevar el precio final.

Las nuevas normas anticontaminación también han obligado a introducir sistemas más sofisticados para reducir las emisiones y han llevado a electrificar cada vez más la gama mediante sistemas microhíbridos. Todo ello ha confabulado para encarecer la compra de un coche nuevo.

No obstante, ha sido la necesidad de las marcas de invertir en el desarrollo del coche eléctrico el segundo ingrediente, tras la inflación, que más ha contribuido al incremento de los precios. Los grandes grupos automovilísticos europeos han acostumbrado a sus accionistas al reparto de suculentos dividendos año tras año, hábito que resulta imposible revertir para los directivos al frente de estos gigantes, ya que su principal objetivo es mantener o aumentar la rentabilidad.

Por tanto, la forma de financiar las inversiones necesarias para recuperar el terreno perdido frente a competidores como Tesla o los gigantes chinos de la automoción solo puede venir de quienes siguen comprando coches de combustión.

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