Seguridad vial
Choques por alcance: el peligro de los comeculos
No responden a un perfil prototípico y lo mismo pueden ser jovenzuelos que señoras al volante de un monovolumen


Publicado el 20/04/2025 a las 05:00
Se trata de una escena bastante habitual en las autopistas y autovías. Un coche que circula por el carril izquierdo con intención de adelantar se aproxima mucho al que le precede y prácticamente le afeita (o casi) la parte posterior al rebasarle en cuanto el adelantado se retira al carril derecho.
Quienes adelantan de esta manera no suelen responder a un perfil prototípico. Lo mismo es un jovenzuelo con un vehículo relativamente potente que una señora en la treintena a los mandos de un monovolumen que en el cristal posterior lleva una pegatina de "atención, bebé a bordo".
La causa suele ser la mayoría de las veces la misma: las prisas. Es una mala costumbre que multiplica innecesariamente el riesgo de accidente si el vehículo que va delante se ve en la necesidad de frenar bruscamente. Incluso si se respetara una distancia equivalente a cuatro o cinco vehículos, el choque por alcance sería inevitable.
Y es que las leyes de la física no tienen piedad. Imaginemos que los dos vehículos circulan a 120 km/h y se guardan una aparentemente segura distancia de unos 20 metros (unos cuatro o cinco coches de separación). El primer conductor se encuentra una situación inesperada y frena al máximo. Contando con un benévolo tiempo de reacción de 0,75 segundos, el automovilista que va detrás recortará la distancia hasta unos 17,4 metros antes de comenzar a frenar con igual intensidad.
El problema es que, en ese momento, el conductor de delante ya ha logrado rebajar su velocidad hasta 95 km/h, con lo que le restan unos 37,5 metros para pararse totalmente. Por desgracia, el piloto o pilota de atrás necesitaría unos 59,5 metros hasta detenerse.
No hace falta ser Einstein para darse cuenta que la diferencia entre una frenada y otra es de 22 metros, pero a los infelices protagonistas de esta hipotética situación les quedan 17,4 metros. El impacto se produciría a una velocidad relativa de unos 25 km/h, suficiente para causar importante daños materiales en ambos vehículos.
Por muy fuerte que apriete el freno, el automovilísta que se va a calzar a su vecino de enfrente verá como va recortando la distancia a razón de unos siete metros por cada segundo hasta la enculada final.
¿Y cuál sería la distancia mínima para no chocar? En teoría, bastarían poco más de esos 22 metros que resultan de la diferencia entre ambas frenadas (velocidad inicial de 120 km/h). Ahora bien, la realidad es mucho más caprichosa y variada.
Para empezar, no hay dos coches que frenen igual, como tampoco el tiempo de reacción es idéntico entre las personas. Entre los 18 y los 30 años, el tiempo de respuesta ronda los 0,7 segundos, pero a partir de los 31 años y hasta los 60 años va aumentando hasta 1 segundo. Por encima de los 65 años se puede llegar a 1,5 segundos, margen que puede alcanzar un conductor joven fatigado, distraído o bebido.
Por tanto, para mayor seguridad de todos, no se acerque nunca al coche que le precede y mantenga siempre y en todo momento una distancia mínima de al menos 50 metros por lo que pueda pasar. Lo ideal a 120 km/h son unos dos segundos con el vehículo de delante (unos 66 metros), para lo que sirve tomar cualquier referencia visual (un hito, una señal, un bolardo).