Medio ambiente
La navarra que vela por el bienestar de los elefantes en Tailandia
Experta en biodiversidad, en 2015 la navarra Cristina Palacio viajó a Tailandia y comenzó su lucha contra la explotación turística de los elefantes. Desde 2023 trabaja en el santuario Kindred Spirit de Naklang, en una zona rural de la provincia de Chiang Mai


Publicado el 17/06/2024 a las 05:00
Jamás imaginó que su pasión por los animales le llevaría a vivir en una aldea aislada del noroeste de Tailandia, país donde se concienció profundamente sobre el sufrimiento que padecen los elefantes que son explotados con fines turísticos.
Tras haber residido en Inglaterra y en Cerdeña, en 2015 la pamplonesa Cristina Palacio decidió irse sola de viaje para pasar tres meses en Tailandia. “El plan original era dedicar el primer mes a trabajar como voluntaria en un santuario de elefantes”. Recaló en un centro de Kanchanaburi, donde lo que vio resultó ser muy diferente a lo que esperaba: “Allí descubrí la verdadera realidad que sufren estos animales”, cuenta.
Aquella experiencia le llevó a dar un giro completo a su vida para volcarse en el bienestar de los elefantes, “unos seres increíblemente inteligentes y sensibles”, destaca esta diplomada en Biodiversidad y Conservación.
En Tailandia, uno de los principales reclamos turísticos es la visita a los centros de rescate de elefantes, autodenominados “santuarios”. La mayoría ofrecen toda clase de actividades con los paquidermos: darles de comer, bañarles o pasear por la jungla a lomos de ellos. Sin embargo, la mayoría de los turistas ignoran que la interacción con los elefantes supone “explotación disfrazada de diversión”, tal como denuncia esta pamplonesa.
Desde que llegó a Tailandia, Cristina Palacio ha visitado casi 50 proyectos diferentes con elefantes en cautividad, también en países vecinos como Laos, Camboya e Indonesia. Ha trabajado como asesora para varios centros y también ha colaborado con una ONG dedicada a mejorar la calidad de vida de elefantes cautivos.
En enero de 2023 comenzó a trabajar en el santuario Kindred Spirit de Naklang, en una zona rural situada a cuatro horas de la turística ciudad de Chiang Mai. “Como jefa de proyecto, estoy a cargo de múltiples tareas que van desde la gestión de reservas y transporte hasta el mantenimiento de nuestras redes sociales y relaciones con diferentes plataformas de voluntariado y empresas de turismo”, resume sobre su cometido.
Su día a día en el santuario comienza muy temprano, a las siete de la mañana, cuando se reúne con su equipo, formado por otras tres chicas, para desayunar en el campamento base. Cada día es diferente: “A veces hago trekking para ir a ver a los elefantes y otras trabajo con el ordenador, pero siempre al aire libre”.
También participa en actividades comunitarias y da clases de yoga. Su jornada se extiende a las ocho de la tarde.
Actualmente, el santuario Kindred Spirit es el hogar de siete elefantes, cuatro machos y tres hembras. Los turistas que visitan este lugar observan a los animales desde la distancia, lejos de las “interacciones forzadas” con los turistas que se producen en los falsos santuarios.


Enclavado en un paisaje de selva y montaña, en Kindred Spirit sólo se recibe a un grupo reducido de visitantes por día. Ofrecen diferentes programas que pueden llegar a los cinco días de duración, ya que recientemente han lanzado una modalidad que combina elefantes con gibones. Para poder ver a los elefantes en su hábitat natural, los visitantes deben caminar seis kilómetros como mínimo, entre la ida y la vuelta.
Además de las labores de gestión del santuario, esta pamplonesa está atenta a los posibles signos de malestar o problemas de salud que puedan sufrir los elefantes. “Por ejemplo, me aseguro de que no tengan problemas en las uñas y pies, de que se les proporcione comida extra si es necesario, y que principalmente sean guiados hacia el bosque y se muevan por diferentes áreas”, explica. Desde su cuenta en la red social Instagram, Cristina Palacio viene realizando una labor de difusión para “informar, compartir y concienciar” sobre el negocio turístico a costa de los elefantes. Según explica, para estos animales resulta muy estresante tener que interactuar con extraños. Por ello alerta sobre los comportamientos “no naturales” que se pueden observar en los elefantes explotados: “Por ejemplo, que el elefante permita a un desconocido alimentarlo directamente en la boca, que permita que unos turistas le den un baño o le cepillen o que bese o abrace con la trompa”, cita. Tras visitar numerosos centros, en Tailandia tan sólo ha localizado siete santuarios que son “reales” o “éticos” (la lista se puede consultar en el ‘linktree’ de su cuenta de Instagram).
Cristina Palacio se muestra feliz con la vida que lleva en Naklang. Reside en una aldea de unos 150 habitantes rodeada de paisajes exuberantes, “lo cual es realmente inspirador”, señala. Los habitantes de Naklang pertenecen a la comunidad karen, “una minoría étnica proveniente de Birmania”, explica, “con su propio idioma, creencias, tradiciones, artesanías, música y estilo de vida”.
“Vivir en Naklang me hace sentir conectada con la naturaleza y me permite experimentar de primera mano la autenticidad y la calidez de la cultura karen”, valora.
DNI
Cristina Palacio Eraso. Pamplona, 1980. Hija de Joaquín y de Mª Pilar, es la mayor de tres hermanos. Estudió en el colegio Santa Catalina Labouré y en Ursulinas. A los 20 años se fui a vivir a Inglaterra. Dos años después se mudó a Cerdeña, donde trabajó como profesora de español y cursó una carrera de Humanidades. A los 27 años volvió a Pamplona y estudió Relaciones Laborales en la UPNA. Diplomada en Biodiversidad y Conservación, también es profesora de yoga. Desde 2015 vive en Tailandia.
PARA SABER MÁS
En la cuenta de Instagram de Cristina Palacio: @cris.elefantasia