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Día Mundial de la Naturaleza

Expertos alertan de la "silenciosa" pérdida de biodiversidad vegetal

“Casi una tercera parte de la flora de la Península Ibérica tiene algún rango de peligro o amenaza por desaparición”, según el presidente de la Sociedad Española de Botánica, Juan Carlos Moreno

Flores que buscan hasta los turistas

Unas flores.

Actualizada 03/03/2020 a las 11:14
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  • EFE. Madrid
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La extinción de especies vegetales, pese a ser una realidad menos conocida que la de animales, también es dramática, coinciden en alertar este martes diversos expertos con motivo del Día Mundial de la Naturaleza, que buscan “abrir un hueco en las conciencias de los gestores” hacia la conservación de la biodiversidad botánica.


Desde la botánica se ha acuñado el término “ceguera de plantas” para referirse a este fenómeno en el que la sociedad, gestores, políticos y público en general “le presta menos atención a las plantas que a los animales”, explica a Efeverde el presidente de la Sociedad Española de Botánica, Juan Carlos Moreno, “una constante que sucede en todas las culturas”.


Casi una tercera parte de la flora de la Península Ibérica tiene algún rango de peligro o amenaza por desaparición”, lo que se traduce en unas 6.000 especies con flores, detalla a EFeverde el investigador del Real Jardín Botánico, Pablo Vargas.
En un informe Vargas y otros investigadores analizan “los fósiles vivientes” en España y detalla, al menos, seis especies que requieren especial atención: la chicoria hueca (Avellara fistulosa), la margarita del castril (Castrilanthemum debeauxii), la Gadoria falukei, la nomevés (Gyrocaryum oppositifolium), la náufraga (Naufraga balearica) y el falso dragoncillo (Pseudomisopates rivas-martinezii).


La UICN, el organismo encargado de marcar los criterios para analizar la flora de todo el mundo, establece los niveles de amenaza -vulnerable, peligro, peligro crítico y extinguidas-, teniendo en cuenta el número de individuos de una población y su dinámica y el número de poblaciones. Además elabora la “Lista Roja de Especies Amenazadas”, un inventario mundial para alertar respecto al estado de la biodiversidad mundial cuyo objetivo es permitir a los tomadores de decisiones a nivel nacional adoptar medidas eficaces para la conservación de las especies.


Los últimos datos de la Lista Roja en la que se analizó un total de 105.732 especies muestran, por ejemplo, que más del 30 por ciento de las coníferas ya están amenazadas y suponen el mayor número tras lo anfibios.


Los motivos para la conservación de la flora van “desde lo más utilitario hasta lo más filosófico”, indica Moreno, por una parte, “los recursos que nos pueden ofrecer las especies que se pueden extinguir”, por “el derecho de todo ser vivo a seguir existiendo sin que nuestra especie acabe con él” e incluso por “motivos estéticos”.


Sin embargo, en la última década, España ha sido “más reactiva que proactiva”, señala Moreno, ya que se ha buscado “cumplir con las directivas europeas” pero no se ha invertido tiempo ni esfuerzo en “la investigación o gestión de las plantas que están amenazadas”.


En este sentido, “a principio de siglo estábamos mejor”, ya que “ahora no se invierte mucho” en la gestión de la flora, lo que hace que “la protección que hay sea insuficiente”, lamenta Vargas, y “las leyes son antiguas y las listas no se renuevan”.


La UICN recomienda reevaluar el estado de la flora en períodos de entre cinco y diez años, y en España aunque “periódicamente el ministerio nos había pedido la elaboración de una lista roja sobre el estado de la flora”, no se elabora un informe desde 2008, denuncia Moreno.


Por otra parte, Vargas señala que “históricamente se ha dado dinero a plantas que no siempre eran las que más lo necesitaban”, lo que provoca que “por una mala gestión”, se produzca “una pérdida del patrimonio natural”.


Existen diversas causas por las que la flora está amenazada en nuestro país, como la fragmentación de los hábitats, el sobrepastoreo o dejar sin control las poblaciones de herbívoros silvestres que no tienen predadores y "se comen las plantas amenazadas", explica Moreno.


Aunque “el cambio climático no se percibía como la más grave de las amenazas” a principios de siglo, recuerda Moreno, lo que se percibía entonces como mayor riesgo, los incendios, el riesgo de derrumbamientos, la sequías o los temporales costeros”, no son más que “amenazas que solo pueden agravarse por el cambio climático”.

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