Mascotas
Un lazo amarillo en la correa del perro no es un adorno: esto es lo que significa
Este distintivo forma parte del Yellow Dog Project, una iniciativa internacional


Publicado el 03/02/2026 a las 09:02
Cada vez es más habitual cruzarse por la calle con perros que llevan un lazo amarillo atado a la correa o al collar. Aunque pueda parecer un simple detalle decorativo, este símbolo tiene un significado claro: ese animal necesita espacio y no debe ser molestado por otras personas ni por otros perros.
El uso del lazo amarillo forma parte del Yellow Dog Project, una iniciativa nacida en Suecia en 2012 y extendida ya a más de 40 países. Su objetivo es facilitar una comunicación visual sencilla entre los dueños de mascotas y el resto de la ciudadanía, evitando situaciones incómodas o incluso peligrosas durante los paseos.
Los motivos por los que un perro puede llevar este distintivo son diversos. Puede tratarse de animales miedosos o nerviosos, en proceso de adiestramiento, con problemas de salud, en recuperación tras una operación, de edad avanzada o en celo. En todos estos casos, el lazo amarillo actúa como una advertencia para que no se les acaricie ni se permita el acercamiento de otros perros sin el consentimiento del propietario.
Desde el proyecto insisten en que el color amarillo no indica agresividad, sino la necesidad de mantener cierta distancia para garantizar el bienestar del animal y la seguridad de su entorno. De hecho, muchos de estos perros reaccionan de forma defensiva precisamente cuando se sienten invadidos.
Además del amarillo, algunos expertos y plataformas de divulgación veterinaria señalan la existencia de un código de colores complementario para identificar otras necesidades. El naranja indica que el perro no se lleva bien con otros perros; el blanco, que padece alguna discapacidad; el morado, que no debe ser alimentado; el rojo, que requiere precaución; el azul, que se trata de un perro de asistencia o en entrenamiento; y el verde, que es sociable y accesible.
Este sistema de señales pretende mejorar la convivencia en espacios públicos, fomentar el respeto hacia los animales y reducir conflictos durante los paseos, recordando que no todos los perros disfrutan del contacto espontáneo, aunque parezcan tranquilos.