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Portugal

"Súper madres" a base de antidepresivos

Un estudio portugués ha desatado la alarma ante mujeres que trabajan ocho horas por 900 euros y dedican otras seis al cuidado de hijos lo que las lleva al agotamiento y la ansiedad

La española Laura Sagnier es la responsable del estudio
La española Laura Sagnier es la responsable del estudio.
  • Efe.Lisboa
Actualizada 17/02/2019 a las 15:50

La conocida resistencia de las portuguesas no parece tener límite, pero debería, sostiene en entrevista con Efe la española Laura Sagnier, responsable de un estudio que ha revelado por primera vez el agotamiento que soportan con jornadas de doce horas, sin ayuda y que les obligan a recurrir a fármacos.
"Hay que desmitificar que siendo Wonder Woman estoy haciendo lo correcto, seguramente haciendo eso al final estoy perjudicándome a mí y en consecuencia a todos los que me rodean", advierte tajante esta experta en consultoría, responsable de un estudio que esta semana ha sacudido Portugal por sus impactantes conclusiones.

Entre ellas, que dos tercios no sobrepasa los 900 euros netos mensuales, apenas 300 euros más que el salario mínimo, y que asumen el 73 % de las tareas domésticas.
El resultado diario son jornadas remuneradas de ocho horas y luego otras seis atendiendo la casa y los hijos, una carga que genera un agotamiento permanente que muchas combaten con antidepresivos, pastillas para la ansiedad o simplemente para conseguir dormir.


Y sin embargo, las portuguesas no se quejan, porque asumen que es su obligación, algo que ha silenciado esta situación.
"La mujer portuguesa es muy sufridora, es muy 'yo lo hago', quizá en España somos más reivindicativas", reflexiona Sagnier, que ha elaborado un estudio muy similar en España y dice que, aunque los resultados globales son parecidos, la brecha entre hombres y mujeres en Portugal es mayor, sobre todo en casa.


Una situación que mejora en las generaciones jóvenes, pero poco: "Cuando preguntas a mujeres que hoy no viven con nadie cómo imaginan que será el reparto, hay muchas que asumen ya que ellas harán más que su compañero, a pesar de que su ideal seria que lo hicieran a medias".


¿Por qué sucede esto? Sagnier lo achaca a la religión. "Aquí hay más presencia de la religión católica, la proporción es de 74 % en Portugal, y en España del 55 %, y aquí hay un tema familiar, de que como mujer es mi obligación cuidar de la familia y ahí se incluyen los hijos, que yo creo que es muy importante", apunta.


Es una suerte de contradicción con la incorporación al mercado laboral, donde el porcentaje de portuguesas activa asciende a 71 %, un dato bastante bueno.
"La gente habla de que la sociedad aquí es muy conservadora. Todo lo liberal y moderno de incorporar a la mujer al mercado laboral tiene que ver con la historia de las guerras, de que el hombre se va a la guerra y la mujer tiene que producir. Por un lado son muy modernos de puertas para fuera y muy tradicionales de puertas para adentro", agrega.


Tan conservadores que Sagnier destaca una anécdota durante la presentación del informe en Lisboa, donde le preguntaron por qué contabilizaba en su estudio como "horas de trabajo" las dedicadas a las tareas domésticas y los hijos.
"Respondí que lo hacía porque a la gran mayoría de mujeres no le gustan las tareas de la casa, o despertarse de madrugada porque el hijo llora, y me decían 'nunca me lo he planteado así'. Es una visión muy antigua de que tiene un valor lo que se hace en casa, y otro distinto lo que se hace en el mercado laboral", sostiene.


Y esa falta de conciencia viene tanto por parte de los hombres como de las mujeres, que parecen no ser conscientes de lo mucho que empujan a diario sus límites, dice esta experta.


"Para muchas mujeres, lo que vieron con sus madres es lo que están replicando, y a lo mejor no se plantean que si su pareja hace la mitad tendrían dos horas de tiempo libre para ellas. Hay mucho de replicar hábitos sin cuestionar esos hábitos, de si eso es justo", considera.
Ello conlleva que se conformen "sin ser conscientes de que esto va en detrimento de nuestra salud", algo que repercute en todos.
"Al final si una mujer tiene la salud mal es un pez que se muerde la cola, porque acaba teniendo un desempeño peor en su trabajo remunerado, acaba educando peor a los hijos, y además le perjudica a la relación", enumera Sagnier, que pide hablar más de estas cuestiones en los medios de comunicación.


"Se habla mucho de violencia de género, porque es horroroso, pero en casa el goteo de día tras día, año tras año, sentir que estoy sola y no me estás apoyando en cosas que son de los dos, es también una violencia que termina acabando con los matrimonios y las parejas", dice.

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