EDUCACIÓN Y FAMILIA
La frontera de los 40


Actualizado el 22/03/2018 a las 15:41
"Estoy agotada", "no duermo una noche seguida", "los niños siempre están con mocos, fiebre o vomitan", "sueño con el momento de dar a luz y no aguanto un día más esta barriga y dolor de espalda". Mi hermana, que tiene 35 años, me contaba el otro día que así giraba su conversación con una compañera de trabajo. "¿Y esto será siempre así? ¡Me duermo en el trabajo! ¿Se supone que ya no voy a progresar más en mi vida?", le cuestionaba su amiga mientras las dos se desahogaban delante de una taza de café (bien 'cafeinado') antes de volver al 'tajo'. "Bueno, yo creo que luego mejora", la consolaba mi hermana. Y me contó que entonces le habló de mí. Algo que me hizo mucha ilusión porque para las hermanas pequeñas, las mayores somos algo así como una segunda madre "muy pesada" de la que es mejor no seguir sus consejos. ¡Hasta que lo hacen! El caso es que le contaba a su amiga que yo, que hace dos años alcancé la frontera de la media vida, ahora estoy en mi "mejor momento" personal y profesional. ¿Lo estoy? Nunca lo había pensado pero ese comentario me hizo reflexionar. La sucesión de embarazos (malogrados o a buen término), las lactancias (y los problemas con el pecho, las fiebres de las mastitis o el biberón de la culpa), las noches sin dormir haciendo kilómetros por el pasillo y canturreando con el niño en brazos, las retiradas del pañal (y las decenas de calzoncillos mojados antes de lograr el éxito), las rabietas en medio de la acera justo cuando pasa un vecino o un amigo de tus padres, los virus que se comparten en familia y que te obligan a limpiar las vomitonas y cambiar las sábanas de madrugada, los puntos en la cabeza y el corazón en la boca del estómago cada vez que ves al niño sangrando como un cerdito... ya han pasado a la historia. No quiero decir que ahora no haya problemas. Pero son de otro tipo. El resumen podría ser este: la década de los 30 es agotadora y en la de los 40, empiezas a ver algo de luz al final de túnel. Aunque, claro, todo dependerá de a qué edad hayas tenido a tus hijos. En cualquier caso, siempre habrá unos años mejores que otros. Así que a todos los que estáis en esta década prodigiosa de la media vida, os felicito y os animo a disfrutarla ahora que los niños ya están "un poco criaditos".
Durante más de diez años nuestra vida se limitó a ir al parque, a los cumpleaños infantiles, a hacer alguna excursión al campo o a la playa y a ajustar siempre nuestros horarios de comida y salidas con el tiempo de las siestas, los baños y las cenas. ¡Y por supuesto nada de trasnochar si alguna vez salíamos y siempre elegíamos la sesión de tarde en el cine! Porque los domingos a las siete de la mañana, había alguno que tocaba diana. ¡Ay! ¡Cuánto odiaba el cambio de hora del otoño, cuando se retrasaban los relojes! Entonces aún era peor. Y ese día estábamos en danza o tirados por el suelo jugando ¡desde las seis! Por supuesto, nada de viajes al extranjero y, contentos con pasar unas semanas en el bungalow de un cámping o un apartamento en la playa. Estancias de días monótonos en los que el mayor lujo era leer una novela en la terraza a la hora de la siesta o tomar un helado por la tarde, aun a riesgo de dormir menos o tener que frotar las manchas de chocolate en el lavabo. No lo cuento como queja ni como crítica. Solo, como dice mi compañera Marialuz, "constato un hecho objetivo". Hoy, nuestros hijos mayores, de 11 y 9 años, van en ocasiones a campamentos y a dormir a casa de amigos, por lo que disfrutamos del pequeño como hijo único. "Solo te quedan unos años -me decía el otro día la madre de una compañera de mi hijo mayor que también tiene tres hijos-. Dentro de poco, estarás como yo. Solo con el pequeño. Porque los mayores ya harán su vida". A ver, que no es no quiera estar con mis hijos sino que, a veces, resulta difícil encontrar planes de ocio que se ajusten a todas las edades.
Hace dos años, coincidiendo con esta frontera de la media vida, mi marido y yo decidimos salir todos los meses un día "como novios". Al cine, a cenar, a tomar algo... o simplemente a dar un paseo para poder hablar porque en casa, con todos los niños gritando a la vez, es poco menos que imposible. A no ser que esperes a que se duerman pero entonces la que me quedo dormida soy yo. Como mi propia 'experta de cabecera' que soy, opino que salir no solo es conveniente sino también necesario. En pareja o con amigos. Resulta una auténtica terapia desintoxicante, aunque, se termine hablando de si el mayor va a seguir estudiando música o de qué vamos a hacer con el pequeño que aún se nos mete todas las noches en la cama. En fin.
Pero los 40 son también años de cambios. De divorcios, segundas parejas y bebés que se suman a esa familia reconstituida con hermanos mayores por parte de madre y padre. Son años en los que la profecía con la que se soñaba a los veinte se ha cumplido para bien o para mal. Pero resultan también un momento de mayor plenitud. En el trabajo ya no eres la becaria inocente de los primeros años, ni tampoco un 'riesgo' para la empresa porque no te vas a volver a quedar embarazada. Tampoco tienes que lidiar con personas que no te gustan porque has elegido con quiénes quieres compartir tu tiempo. Has aprendido mucho, no solo por tu experiencia en la profesión sino en la vida. Los hijos aportan un plus. Y ser madre o padre te hacen tomar distancia de otros problemas que hasta hace una década te parecían tremendos. Aprendes a relativizar y a dar a cada asunto la importancia que tiene. Aunque quieres ser una gran profesional, vives por y para tu familia y en su bienestar depositas todas tus metas. Porque, si ganas más podrás ofrecer a tu hijo un curso académico en Francia. Así que, creo, el recorrido ha merecido la pena. ¡Estás en el mejor momento de tu vida! (por ahora) Y, aunque son años duros, porque la hipoteca espera puntual todos los primeros de mes, los recibos del banco llegan plagados de facturas escolares y hay que comprar zapatos y pantalones cada dos por tres, lidiar con las pantallas y los adolescentes... somos lo que aspirábamos hace dos décadas. O no. Pero ya no podremos soñar con lo que seremos de mayores porque ya lo somos.
Aunque siempre nos quedará la satisfacción de no tener que volver a desahogarnos con nuestras amigas o compañeras de que estamos agotadas porque no dormimos o los niños siempre están con fiebre, mocos o vomitan. El presente es ahora. Y los 40 son nuestra década.