Consumo

Por qué los jóvenes están dejando de beber alcohol

El mercado de las bebidas 'sin' está este año en su top de facturación

Un grupo de jóvenes reunidos para hacer botellón
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Un grupo de jóvenes reunidos para hacer botellón
Un grupo de jóvenes reunidos para hacer botellón

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Yolanda Veiga

Actualizado el 11/08/2025 a las 07:40

Mi padre falleció a causa de una pancreatitis cuando era pequeña -explica María, de 30 años-. Tardé tiempo en comprender que su alcoholismo lo había llevado a la cama de un hospital y, durante bastantes años, me negué a probar una sola gota de alcohol. Al llegar la adolescencia y a causa seguramente de la presión social, decidí que mi experiencia no tenía por qué limitarme: empecé a probar combinados en busca de nuevos sabores y sensaciones. Ni la euforia pasajera ni el amargor me entusiasmaron, especialmente después de ver cómo a mi mejor amiga se le agriaba el carácter y terminaba vomitando como loca tras un par de copas. Esa misma noche, mientras le sujetaba el pelo en los baños de una discoteca, ratifiqué mi decisión y me convertí oficialmente en abstemia”.

La experiencia de María es también la de muchos jóvenes pertenecientes a la llamada ‘Generación Z’ (aquellos nacidos a partir de 1995), quienes han terminado conformando su propio movimiento: ‘sober curious’. El término se ha popularizado en redes sociales como TikTok (donde el hashtag supera los 600 millones de visualizaciones) y hace referencia a un estilo de vida basado en la ingesta nula o mínima de bebidas espirituosas.

Basta echar un vistazo a las últimas estadísticas para comprender cómo los adolescentes están cambiando su relación con el alcohol: según un estudio comandado por NCSolutions en 2023, un 22% de los estadounidenses entre 21 y 34 años se declaran abstemios o manifiestan su deseo de reducir su consumo. Por su parte, Dinkaware reportó ese mismo año que uno de cada cuatro jóvenes británicos (de entre 18 y 24 años) ya no beben o lo hacen muy rara vez. Todo esto tiene, por descontado, un impacto directo sobre la industria del alcohol: en España, las ventas de cervezas 0,0 representan ya más del 14% del total. De hecho, el consumo de bebidas sin alcohol se incrementó un 34% entre 2020 y 2023, hasta el punto de que este mercado alcanzará los 30.000 millones de dólares en facturación a finales de 2025 (pronostica la firma IWSR).

¿UNA MODA PASAJERA?

Ahora bien, ¿responde el movimiento ‘sober curious’ a una mayor concienciación sobre los efectos del alcohol en la salud o estamos ante una mera tendencia social? Paula Hervella, psicóloga general Sanitaria en Alcea Psicología, considera que se puede interpretar de ambas formas: “Por un lado, es una respuesta a la nocividad del alcohol: apareja alteraciones del sueño, estados depresivos, ansiedad y deterioro cognitivo; por otro, es una tendencia impulsada por generaciones jóvenes que buscan formas más conscientes de vivir, creando buenos hábitos y que valoran el autocuidado y el bienestar emocional”.

Y es que no hablamos de lo mismo cuando alguien decide reducir el consumo de alcohol aconsejado por su médico (o su entorno) que cuando abandona totalmente la ingesta como filosofía de vida, recalca la experta: “Lo primero suele ser una decisión más flexible, basada en consecuencias concretas, como dormir mal o sentirse ansioso. En cambio, dejarlo del todo como principio vital responde a un sistema de valores más profundo, donde la sobriedad forma parte de una identidad. Esto puede dar estabilidad emocional, pero también genera presión extra si hay dudas o recaídas”.

Una presión que proviene principalmente de nuestro entorno, explica Hervella: “Aunque existe una mayor conciencia social, en España el consumo de alcohol sigue siendo una parte central del ocio entre los jóvenes, por lo que vemos no solo cierta presión para consumir, sino también una presión para justificar la elección de no hacerlo. En contextos en los que socialmente hay un ritual de beber, como en ciertas celebraciones, la presión es intensa”.

Ante estas situaciones, desde Alcea Psicología consideran importante que los jóvenes aprendan a “validar las emociones aparejadas a su decisión de no beber -mayormente, un fortalecimiento de la autoestima por conectar con un estilo de vida coherente con sus valores-; que desarrollen habilidades de afrontamiento como la asertividad y la autoaceptación, además de buscar entornos donde no sea necesario consumir para pertenecer”.

Con todo, y por supuesto, cabe la posibilidad de que el ‘sober curious’ sea una moda pasajera espoleada por los llamados ‘influencers’, sentencia Hervella: “Las redes sociales juegan un papel clave en la difusión de nuevas normas culturales. Cada vez hay más personas que visibilizan que no beber puede ir de la mano con sentirse bien. Esto puede ser muy positivo siempre que no se convierta en una moda más que pueda perder profundidad. El desafío es que no se quede en la superficie, sino que promueva cambios duraderos en los hábitos y la conciencia persona”.

A esto último apuntan las razones aducidas por los jóvenes encuestados recientemente por Nielsen: preguntados por las razones que les habían llevado a dejar de beber, un 81% aludió a la mejora de la salud física, un 61% a la salud mental, un 56% a la necesidad de dormir mejor, un 50% al ahorro económico y un 41% a la reducción de la ansiedad social.

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