Ciencia

¿Existe en realidad el instinto maternal?

Cambios cerebrales y hormonales durante el embarazo predisponen al cuidado, pero experiencias previas y salud mental modulan la intensidad del vínculo

Una madre con su bebé
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Diario de Navarra

Publicado el 12/02/2026 a las 07:30

El instinto maternal tiene una base biológica demostrada científicamente, aunque su manifestación difiere notablemente entre mujeres. Durante el embarazo y la crianza se producen transformaciones profundas en el cerebro y en el sistema hormonal que predisponen al cuidado del bebé, pero este proceso no resulta automático ni idéntico para todas las madres ni tampoco para los padres.

La intensidad y aparición del vínculo maternal puede verse modulada por experiencias previas, el tipo de parto, la salud mental o el contexto vital de cada persona. Especialistas en salud mental perinatal explican cómo se forma esta conexión con el hijo, por qué en ocasiones no surge el denominado amor inmediato, y de qué manera la maternidad y la paternidad transforman la estructura cerebral humana.

La psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal Bianca Granados explica que, a nivel biológico, el cerebro cambia durante el embarazo de manera que predispone a la mujer hacia el cuidado: "Es un mecanismo que asegura la supervivencia del bebé, el que a la mamá le apetezca cuidar. Algo que sucede sí o sí en todas las mujeres, y es el instinto maternal, que atrae en los cuidados a las mamás por esos cambios cerebrales".

En su libro 'Matrescencia', publicado por la editorial Vergara, Granados recuerda que si el parto es fisiológico y el cóctel hormonal funciona según lo previsto, el cuerpo favorece ese estado de amor, entrega y conexión para recibir al bebé con ternura, "incluso con euforia, pues así está diseñado".

FACTORES QUE MODULAN LA APARICIÓN DEL VÍNCULO MATERNAL

Los factores externos influyen decisivamente en el desarrollo del instinto maternal, advierte Granados. Las vivencias de cada mujer antes del embarazo o durante el parto pueden afectar significativamente. "Hay ocasiones en las que esta parte biológica puede ser tapada porque hayamos vivido experiencias muy dolorosas, y que impidan que yo tenga esta necesidad de vinculación, o me pueda sentir incómoda con la maternidad, que por ejemplo me encuentre en shock al ser madre", subraya la especialista.

Este tipo de situaciones resulta especialmente frecuente cuando ha habido pérdidas gestacionales previas. "Los embarazos que van después suelen ser complicados, donde muchas mujeres evitan conectar con el hecho de que están embarazadas por si hubiera otra pérdida, de manera que llegan al parto sin vincularse con el bebé que llevan dentro y cuando te lo ponen encima esa vinculación cuesta, el tener que adaptarse", remarca la psiquiatra perinatal.

Incluso cuando el parto transcurre sin complicaciones puede ocurrir que al recibir al bebé no se sienta nada especial, ni emoción, ni amor, ni conexión inmediata, sino únicamente extrañeza o desconcierto, "que también son normales", asegura Granados.

LA DIVERSIDAD DE EMOCIONES EN EL MOMENTO DEL NACIMIENTO

Respecto a qué debería sentir una madre, la especialista subraya que cada mujer llega a ese momento desde su propia historia, y que no será mejor o peor madre por no experimentar ese primer flechazo. Tampoco ese instante inicial predecirá el amor hacia el hijo ni la calidad del desempeño maternal. "Ese vínculo se va forjando conforme vayamos estando con el bebé", afirma la doctora.

Habrá mujeres que se encuentren pletóricas y llenas de amor, mientras otras estarán desbordadas de ternura, y algunas se sentirán en shock, raras, neutrales o incluso sorprendidas. En la formación del instinto maternal influyen las experiencias previas de la madre, desde la propia crianza durante la infancia hasta lo acontecido en el proceso de búsqueda del embarazo, o cualquier proceso traumático. En las mujeres que han sufrido abusos, la llegada de la maternidad suele resultar especialmente compleja.

TRANSFORMACIONES CEREBRALES DOCUMENTADAS CIENTÍFICAMENTE

La ciencia ha demostrado que el cerebro de la mujer cambia con el embarazo y la maternidad. La doctora Paloma Gil, especialista en Endocrinología y Nutrición, explica que las hormonas ejercen un efecto neuroprotector durante la gestación, protegiendo las células cerebrales y promoviendo la plasticidad neuronal, lo que mejora la capacidad del cerebro para adaptarse al cuidado y protección del bebé.

"Cambia el cerebro de la mujer en el embarazo enfocado en cuidar ese ser que crece y se forma dentro. Antes del parto cambian las hormonas para que sólo quieras estar con ese bebé, y ya recién nacido se te olvida todo menos tu bebé", señala esta especialista.

En su libro 'El poder invisible de tus hormonas', publicado por Aguilar, Gil explica que durante el embarazo el área preóptica medial, una zona muy pequeña del cerebro, se llena de receptores para estrógenos, prolactina y oxitocina. "Pero la progesterona no deja que las hormonas se unan a sus receptores. Sólo al final del embarazo, cuando los niveles de progesterona caen, las hormonas se unen a sus receptores y se activa esta pequeña zona. ¿Sabes qué ocurre? Que el circuito cerebral del rechazo se inactiva, y se activa el circuito cerebral del refuerzo. En otras palabras, las hormonas despiertan el instinto maternal", detalla.

REDUCCIÓN DE SUSTANCIA GRIS Y ESPECIALIZACIÓN MATERNAL

La endocrinóloga cita una investigación española liderada por Susana Carmona que demuestra que las mujeres embarazadas experimentan una reducción en el volumen de la sustancia gris del cerebro, en áreas clave relacionadas con la cognición social y la empatía. "Esta reducción parece estar relacionada con la especialización, y optimización cerebral para la maternidad, mejorando las habilidades de las madres para cuidar a sus bebés", añade.

Estos cambios en la sustancia gris se han observado hasta dos años después del parto, lo que sugiere que el cerebro maternal mantiene estas modificaciones para facilitar el cuidado prolongado del bebé.

CAMBIOS CEREBRALES TAMBIÉN EN LOS PADRES

Respecto a si el cerebro también cambia en los padres, Gil responde afirmativamente. Los cambios son menos marcados que en las madres y se deben más a factores ambientales relacionados con la crianza que a factores hormonales. "Es decir que, a priori, parece que cuanto más tiempo pasen estos padres cuidando de sus hijos, más cambiará su cerebro y sus hormonas para facilitar la conducta parental", subraya la doctora Gil.

Aunque se han producido avances significativos en este campo y se ha avanzado mucho en cómo el embarazo transforma el cerebro, "aún se necesitan más investigaciones para entender completamente el alcance y la naturaleza de estos cambios", concluye la especialista.

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