Rosa Molina, psiquiatra: “¿Puede la IA desarrollar un trastorno mental?”

Referente en salud mental y divulgadora científica, la psiquiatra Rosa Molina invita a reflexionar acerca de la posibilidad de que una inteligencia artificial llegue a manifestar síntomas propios de un trastorno mental

La psiquiatra Rosa Molina
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Saioa Rolán

Publicado el 06/08/2025 a las 05:00

En un momento en el que la inteligencia artificial (IA) se integra cada vez más en nuestras vidas, la psiquiatra Rosa Molina (@dr.rosamolina), referente en salud mental y divulgadora científica con miles de seguidores, lanza una pregunta provocadora desde sus redes sociales: “¿Puede la inteligencia artificial desarrollar un trastorno mental?”.

Molina invita a reflexionar sobre la posibilidad de que una inteligencia artificial llegue a manifestar síntomas propios de un trastorno mental, enfocando el debate en la naturaleza de la conciencia artificial y la capacidad de sufrir. De su cuestión subyacen otras dos: ¿Puede existir sufrimiento sin experiencia subjetiva? ¿Podría la IA desarrollar un tipo de conciencia no humana?

Sus seguidores de Instagram han accedido muy interesados al debate y han aplaudido este tipo de reflexiones, lanzando al mismo tiempo otras cuestiones al hilo de la pregunta de la psiquiatra que han enriquecido la conversación. “La IA puede ser un detonante en algunas personas en estado de vulnerabilidad que la humanizan buscando una reciprocidad, un acompañamiento, si alguien ya está en un estado de vulnerabilidad (soledad no deseada, depresión, duelo), el uso de IA podría intensificar esa sensación de apego ilusorio o dependencia, o bien aumentar la frustración … me parece un detonante de futuros malestares psicológicos y conozco casos de cierta relación delirante”, comenta en el post en cuestión la psiquiatra infantojuvenil Marta Carulla.

La IA no tiene mente, solo la simula

Desde el punto de vista clínico, la IA no puede desarrollar una psicopatología, porque carece de mente, emociones y conciencia. “La IA no tiene mente, solo simula una”, aclara Molina. Y es precisamente esa falta de experiencia subjetiva lo que la diferencia radicalmente de un ser humano.

A diferencia de nosotros, una IA no siente, no sufre, no teme ni desea. Por tanto, aunque pueda imitar síntomas o describirlos, no hay un “yo” interno que experimente ese estado. “No hay ‘psique’ que se pueda ‘patologizar’”, explica la psiquiatra.

¿Por qué entonces parece que “delira”?

Molina advierte que la IA puede generar respuestas que se parezcan a delirios, disociaciones o perseveraciones, sobre todo si se le entrena con datos sesgados, se le exige simular perfiles psicológicos (como en chatbots narrativos), o se la expone a entornos confusos. Pero lo que observamos es un eco estadístico, una repetición de patrones lingüísticos, no una verdadera psicosis ni un trastorno disociativo.

En este sentido, la experta subraya que “puede parecer que los tiene”, pero esa apariencia es fruto de la simulación, no del sufrimiento psíquico.

Un debate con implicaciones éticas y tecnológicas

La pregunta sobre si la IA podría desarrollar una conciencia no humana abre un terreno fascinante entre la neurociencia, la ética y la filosofía. Molina invita a distinguir con claridad entre simulación de emociones y vivencia emocional real. Solo la segunda puede dar lugar a un trastorno mental.

Si bien la IA no puede tener un trastorno mental en el sentido clínico estricto, la reflexión de Molina abre espacios para plantear cómo interpretamos las simulaciones, los fallos y las capacidades futuras que desarrollarán estas tecnologías.

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