Curiosidades

¿En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa?

¿Cuál es la velocidad de la lluvia, cómo se protegen del frío los pingüinos, qué diámetro tiene un tornado? Preguntas que caen del cielo

¿En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa?
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¿En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa?

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Yolanda Veiga

Publicado el 02/02/2021 a las 09:05

¿En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa? Tiene miga la cosa... y ciencia. "Las gotas no tienen forma de lágrima. Inicialmente, son esféricas, forma que mantienen mientras sean más pequeñas de 2 milímetros. Cuando son más grandes y caen, la presión del aire las deforma: la parte inferior de la gota es empujada hacia dentro y se aplana, mientras que por arriba se redondea, resultando una silueta similar al típico pan redondo y abultado de las hamburguesas". Mar Gómez, divulgadora y responsable del área de meteorología de eltiempo.es, acaba de publicar (Ediciones Martínez Roca) un libro que se titula con la misma pregunta que inicia este reportaje. En un tono científico pero accesible, la comunicadora da respuesta a misterios que, como la lluvia, ‘caen’ del cielo.


¿Cuántas tormentas hay?

¿Y cuántas tostadas podemos hacer? Aunque por aquí las vemos de vez en cuando, en la Tierra se generan 44.000 tormentas al día. "Descargan unos 100 rayos por segundo. Estas descargas eléctricas producen una energía promedio de 5.000 millones de vatios por segundo; energía que, si pudiéramos aprovechar, nos serviría para hacernos alrededor de 100.000 tostadas en una tostadora de 1.000 vatios".


¿Cuánto pesa una nube?

Las de ‘algodón’, como 50 elefantes africanos. Una de esas nubes blancas algodonadas que vemos en el cielo -tipo cúmulo- puede llegar a pesar 300 toneladas. Para que nos hagamos una idea, "el peso sería el equivalente a unos cincuenta elefantes africanos, ya que cada uno de estos ejemplares pesa seis toneladas".


El Polo Sur, más frío que el Polo Norte

Explica Mar Gómez que el Polo Sur (Antártida) es un continente helado rodeado de océano, mientras que el Polo Norte (océano Ártico) es un mar helado rodeado de masas de tierra. "El agua de los océanos refleja un 5% de la radiación solar, absorbiendo el 95% restante. Mientras que la tierra cubierta de hielo o nieve refleja un 85% y un 15% es absorbida. Los océanos, pues, almacenan más calor que los continentes y, por tanto, es más difícil que alcancen temperaturas tan bajas". Además, el Polo Sur se encuentra a una altitud de 2.800 metros, mientras que el Polo Norte está a nivel del mar. En todo caso, ambos son gélidos: en invierno el Polo Norte se encuentra en valores medios de menos 40 grados y el Sur a menos 60.


El ‘termómetro’ de los grillos

Si les escuchamos ‘cantar’ sabremos los grados. Un experimento para poner en práctica este verano. Para saber a cuántos grados estamos podemos aplicar la siguiente ecuación: "se cuentan los cantos de los grillos en un minuto, se le restan 40, se divide entre 7 y se suma 10", explica la experta. Por ejemplo, si les oímos cantar 80 veces, estaremos a 15 grados. Una fórmula ‘simplificada’ es contar los cantos en 8 segundos y sumarles 5.


La anchura de los tornados

Su diámetro puede alcanzar los 2 kilómetros. "Los tornados son, básicamente, columnas de aire que rotan de manera muy violenta y tienen forma de embudo. Su diámetro puede alcanzar los 2 kilómetros". Eso o más, porque en mayo de 2013 se registró en Oklahoma un tornado con un diámetro de 4,2 kilómetros y rachas de viento de hasta 470 kilómetros por hora. Temperatura fuera de un avión Aproximadamente, menos 50. Aunque dentro de un avión estamos como ‘en casa’, a entre 22 y 24 grados, fuera el ambiente es helador: "Los aviones comerciales vuelan a una altitud de entre 10.000 y 13.000 metros para evitar fenómenos meteorológicos que suceden a alturas inferiores y para aprovechar la menor resistencia del aire, ya que a 12.000 metros la capa de aire es más fina y opone menos resistencia al vuelo. La temperatura exterior es de -50 grados".

La fuerza del viento

A partir de 120 km/hora podemos ‘salir volando’. ‘Me va a tirar el viento’. Puede hacerlo, sí, pero para eso tiene que soplar a más de 120 kilómetros por hora, advierte la meteoróloga, que establece varias categorías de intensidad: "Con rachas de entre 30 y 50 km/h el paraguas se puede dar la vuelta, entre 50 y 60 km/h nos cuesta caminar, entre 60 y 75 km/h ojo a las copas de los árboles porque se pueden quebrar. Y, de ahí en adelante, la cosa se complica mucho: "Cuando se superen los 75 km/h será imposible andar con normalidad, entre 100 y 120 km/h el viento puede derribarnos y a partir de 120 km/h personas, vehículos, techos y árboles podemos salir despedidos".


El efecto del agua helada

Perdemos calor 25 veces más rápido que fuera de ella. "El contacto con agua extremadamente fría hace que el cuerpo pierda calor hasta veinticinco veces más rápido que al estar en contacto con el aire. A cero grados no se logra sobrevivir más de 45 minutos en el agua y, a partir de 15 minutos, perderíamos la consciencia", alerta Mar Gómez.


Fobias meteorológicas

¿Quién teme a las tormentas, y a la nieve, y al frío...? El amplísimo abanico de fobias existentes ‘reserva’ unas pocas vinculadas a fenómenos meteorológicos. La más extendida es la brontofobia, miedo a las tormentas, mientras que quienes sufren lilapsofobia presentan un miedo irracional a los tornados y a los huracanes. Otras fobias más excepcionales que se recogen en este libro son la quionofobia (miedo a la nieve), la ombrofobia (a la lluvia), la nebulafobia (a la niebla), la anemofobia (al viento) y la criofobia (al frío).


Atardeceres naranjas

"El sol emite luz blanca que, en definitiva, es la suma de colores que componen el espectro visible (violeta, azul, celeste, verde, amarillo, naranja y rojo). Cuando el sol se oculta en el ocaso, los rayos ya no inciden perpendicularmente como cuando vemos el cielo azul, sino que tienen que recorrer más distancia en la atmósfera que cuando el sol está en el cénit. Como resultado, los colores con longitud de onda menor (azules y violetas) se dispersan antes y no llegan a nosotros, pero los rojizos, anaranjados y amarillos sufren menor dispersión".


¿Puedo beber el agua de la lluvia?

No es seguro. Tradicionalmente se ha recogido agua de la lluvia para su consumo y hoy lo seguimos haciendo a través de los embalses, aunque la sometemos al correspondiente tratamiento. "Beber agua sin tratar puede no ser seguro", advierte Mar Gómez. "De partida, el agua de lluvia es más ácida que el agua potable. Esta diferencia radica radica en la interacción con el dióxido de carbono del aire, lo cual no resulta demasiado peligroso, salvo que el agua de lluvia sea ácida y esté contaminada por ácido sulfúrico o ácido nítrico . Además, hay que tener en cuenta que, cuando la precipitación cae sobre nosotros, puede arrastrar partículas como polvo, polen o microorganismos".


¿Cómo se ‘calientan’ los pingüinos?

Van ‘rotando’ su hueco. Entre sus habilidades, nadar hasta a 36 kilómetros por hora y sumergirse 500 metros. Algunos habitan en la Antártida, donde soportan temperaturas de menos 60 grados. ¿Y no se congelan? "Cuando el frío es demasiado intenso para soportarlo individualmente, se agrupan y van variando su posición. El movimiento del exterior al interior del grupo se repite para beneficiarse del calor corporal de los otros".


¡Carámbanos!

Gota a gota. "Cuando la nieve se acumula en el tejado y la temperatura sube de día, parte de la nieve se deshace y gotea. De noche, al caer las temperaturas, aparece una capa de hielo sobre la nieve y la que hay por debajo queda aislada y sigue goteando. Al entrar en contacto con un ambiente por debajo del punto de congelación, las gotas se congelan y... ¡carámbanos!".

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