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Ciencia

La inteligencia artificial, al servicio de los sentimientos del espectador

El Gobierno de Navarra ha subvencionado con 1,6 millones una investigación sobre la detección de sentimientos al ver una película y cambiar elementos de la historia en función de esas emociones

Parte del equipo implicado en Emotional Films. De pie, de izquierda a derecha: Lucía Martínez Virto (sociología),  Olga Lizasoain Rumeu (pedagogía),  Carlos del Río Bocio (música/sociología), Mª Inés Gabari Gambarte (pedagogía), Mónica Cortiñas Ugalde (marketing), Aranzazu Almoguera Marton (música), Daniel Paternain Dallo (inteligencia artificial). Sentados: Arantxa Villanueva Larre (inteligencia artificial) y Mikel Galar Idoate (inteligencia artificial). Todos trabajan para la UPNA salvo Olga Lizasoáin, de la Universidad de Navarra.
Parte del equipo implicado en Emotional Films. De pie, de izquierda a derecha: Lucía Martínez Virto (sociología), Olga Lizasoain Rumeu (pedagogía), Carlos del Río Bocio (música/sociología), Mª Inés Gabari Gambarte (pedagogía), Mónica Cortiñas Ugald
BUXENS
Actualizada 21/10/2020 a las 21:14

Es muy posible que hayan visto la película Charlie y la fábrica de chocolate, que dirigió Tim Burton a partir de una historia de Roald Dahl. No cabe riesgo de spoiler si se dice que en la narración cuatro de los cinco niños que por el azar de un billete dorado han ganado el derecho a visitar la fábrica van siendo eliminados con modos de lo más extravagante. Aunque esos cuatro mozalbetes gastaban defectos evidentes, seguro que hubo espectadores que sintieron pena por ellos. Eran al fin al cabo niños sufriendo. También habrá quien se sintió feliz con el castigo, que incluso lo sintió pequeño. O a quien le hubiese gustado que la película se recreara aun más en las sorprendentes eliminaciones que Willy Wonka y sus oompa-loompas habían preparado para ellos.

Ahora hágase a la idea que haya alguien, una inteligencia artificial, un robot, capaz de detectar esa tristeza o esas ganas de sorpresa y cambiar el argumento de la película en función de ello. Que esos niños tengan una segunda oportunidad, por decir un ejemplo. Más aún, imaginen que como estén la película desde Pamplona, o desde Marcilla, por decir dos lugares al azar, en los alrededores de la fábrica se puedan ver las naves de Landaben o la vieja azucarera.

Algo parecido, aunque nunca hayan trabajado en torno a Charlie y la fábrica de chocolate, es lo que ambiciona el proyecto Emotional Films, una de esas ideas disruptivas que ha creado un consorcio de instituciones, que está liderado por la UPNA y cuenta con la corporación pública Aditech, la productora de cine Kakuru Sam AIE, la Universidad de Navarra y el Cluster Audiovisual de Navarra. Hace unas semanas recibieron un espaldarazo del Gobierno de Navarra, que les financiará la idea hasta 2022 con casi 1,6 millones de euros. “La idea es que las películas se adapte a las reacciones del espectador, a sus sentimientos y emociones, pero también al entorno en que se está viendo”, dice Mikel Galar Idoate, el ingeniero de la UPNA que lidera el proyecto, sobre todo en su elemento más fundamental, la inteligencia artificial.

Para hacerse una idea, estos investigadores, que solo en la UPNA son una treintena, buscan es que el ordenador, cuando reproduzca la película, cuente con los algoritmos y las órdenes para rastrear información por sí solo y llevar a la escena elementos familiares para el espectador. “Si en tu ciudad llueve, que lo haga en la película. O que si se adapte a la cultura del lugar. Que si se ve desde Pamplona aparezca un bocata de chistorra”, señala Galar.

No sólo eso, con que parezca bastante. La inteligencia artificial es el motor que cambia la historia en función de los sentimientos que cree ver en el espectador, cuyo rostro ‘espía’ con una webcam para captar gestos que indique una de las siete emociones que tienen identificadas: enfado, repulsa, miedo, felicidad, tristeza, sorpresa o una actitud neutral. “Ves al usuario si ríe, llora, o cualquier otro gesto, y la película avanza dependiendo del gesto. Lo importante es hacer una buena detección de los sentimientos”.

Claro que eso, detectar los sentimientos, no es una tarea tan fácil como identificar sonrisas con felicidades o lloros con tristeza. Si para los humanos no es fácil en muchas ocasiones descubrir qué siente su interlocutor, ¿qué decir de una máquina? Por eso, una de la partes importantes del proyecto es enseñar a esa máquina, alimentándola de rostros a los que se va etiquetando con los distintos sentimientos. Entre sus ideas está crear una app móvil en la que los usuarios vayan mostrando de forma voluntaria sus caras o montar sets de rodaje, alguno de ellos en la UPNA, en los que tomar fotos y vídeos de gente con el que construir una base de datos que además quiere ser internacional. “Una parte importante de Emotional Films es que sea escalable para todo el mundo, para toda la casuística, todas las edades, las razas... Si a la máquina solo le suministras rostros de razas caucásicas, por ejemplo, puede ser que en África no funci

LAS TRAMAS CAMBIANTES

No es la primera vez que se piensa en que la película cambie en función de las reacciones de sus espectadores. Mikel Galar cuenta que sus socios de la productora Kakuru tienen localizado a un tipo que ya cuando el cine comenzaba su historia llevaba rollos diversos para poner uno u otro en función de cómo viera al público. “Debió de acabar pobre y sin éxito”. Mucho más reciente, de 2018, es Bundersnatch, un episodio de la serie futurista Black Mirror que se presentó como la primera película interactiva. La trama avanzaba de una manera u otra según las decisiones de los espectadores. La película para un momento y ofrece alternativas, por ejemplo que un personaje acepte o no una oferta de trabajo. Según lo que decida el espectador, la historia avanzará de una u otra forma. Es un tipo de tecnología que han incorporado otras series y videojuegos.

Sin embargo, la idea de Emotional Films es diferente. “Es mucho más transparente para el usuario, que no debería casi ni darse cuenta de que la trama se está adaptando a él”. Pensada en un principio para películas de animación (se aplicará primero en la producción DinaGames) Emotional Films se puede parecer más a lo que ocurre con algunos videojuegos. De hecho, la idea es que se utilice con dispositivos como la Play Station 5 o un ordenador PC, que pueden alcanzar la suficiente capacidad de memoria RAM y de tarjeta gráfica para que la película se ve con la calidad suficiente y a la vez utlice su inteligencia artificial. Son además dispositivos que habitualmente usa una sola persona, cuyo rostro puede controlar bien la webcam.

La máquina de Emotional Films irá generando imágenes e historias en función de la información, de los sentimientos y el entorno que vaya detectado. “No será un árbol con 40 vídeos que desarrollen distintas tramas. Eso tiene un límite, sino que se trata de algo más amplio, más adaptable al usuario. Nos queda investigar cómo afectarán los sentimientos a la historia. Habrá reglas fijas, como incorporar calles cercanas al usuario, pero otras no tienen que regirse del mismo modo. Se trata de enseñar a la máquina lo más le va a gustar al usuario, de forma que sea la máquina la que puede llegar a decidir por dónde avanza la historia”, explica el ingeniero de la UPNA. Para conseguirlo, una de las partes del trabajo será mostrar la película a distintos usuarios y medir las reacciones a cambios preprogramados. “Basándote en ellos, en lo que ha gustado o no, puedes enseñar a la máquina”.

MÁS ALLÁ DE LA IA

Las ambiciones de Emotional Films, en todo caso, desbordan la inteligencia artificial, por mucho que ésta sea su pata principal. Por ejemplo, incluye un trabajo relacionado con el neuromarketing, para evaluar con técnicas de imagen del cerebro las reacciones que genera esta película y compararlas con otras más convencional. Hay también una parte sociológica, que se encarga de asesorar en la construcción de la base de datos para cubrir toda la variabilidad humana en cuestión de razas, rostros y gestos. “También va a estudiar posibles aplicaciones que esta herramienta pueda tener en temas sociales”, apunta Galar. Algo parecido ocurre con la investigación pedagógica, que busca que esta herramienta pueda ayudar por ejemplo a detectar sentimientos en niños afectados por autismo. “Puede servir para entenderlos mejor”. El proyecto también incluye un aspecto musical, ya que se va a investigar las relaciones que se dan entre sentimientos y música y cómo se adaptan a los espectadores. “Por mucho que la clave sea la inteligencia artificial, Emotional Films es una herramienta multidisciplinar”.


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