Mascotas

¿Por qué los perros necesitan morder cosas? La ciencia detrás del 'simple' acto de roer

mascar es una necesidad biológica fundamental para estos animales, igual que dormir, comer o tener actividad física y puede ayudar a los animales a manejar situaciones de ansiedad

La masticación de los perros se ha demostrado que reduce las concentraciones de cortisol, tiene un efecto positivo en el rendimiento cognitivo y mejora la memoria de trabajo en perros ansiosos
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La masticación de los perros se ha demostrado que reduce las concentraciones de cortisol, tiene un efecto positivo en el rendimiento cognitivo y mejora la memoria de trabajo en perros ansiosos
La masticación de los perros se ha demostrado que reduce las concentraciones de cortisol, tiene un efecto positivo en el rendimiento cognitivo y mejora la memoria de trabajo en perros ansiosos

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The Conversation

Publicado el 24/09/2026 a las 13:26

Mi perro y yo compartimos muchos momentos juntos. Uno de los favoritos para ambos es cuando nos sentamos a tener nuestro “momento de lectura”: me siento en mi escritorio, él se sienta a mi lado y le doy su chuche preferida. La huele, la lame y la roe con una concentración similar a la que tengo yo mientras estoy enfrascada en la novela.

Durante mucho tiempo, hemos interpretado esta conducta como un capricho o un comportamiento más de los perros, sin darle mucha importancia. Pero la ciencia lleva años diciéndonos que mascar es una necesidad biológica fundamental para estos animales, igual que dormir, comer o tener actividad física. Entender el porqué puede mejorar la calidad de vida de nuestro compañero canino.

MUCHO MÁS QUE UN ENTRETENIMIENTO

Cuando alimentamos a un perro, su estómago queda lleno y se siente satisfecho. Pero falta algo por cubrir: la motivación de roer, intacta en su biología después de miles de años de evolución.

Desde el punto de vista evolutivo, tiene todo el sentido. Sus ancestros debían alimentarse por su cuenta, cazando presas. Más adelante, la domesticación redujo el tamaño de la mandíbula de los cánidos y adaptó su digestión al almidón, pero no tocó esas conductas tan arraigadas: morder, masticar y desgarrar. El comportamiento persiste porque está inscrito en su naturaleza.

En 2025, un equipo de la Escuela de Veterinaria de la Universidad de Sídney realizó una revisión sistemática sobre qué le aporta la masticación a un perro. Los investigadores identificaron diez beneficios funcionales distintos; entre ellos, el de la higiene bucal y salud digestiva. Pero hay otro que, quizá, nos sorprendería: su efecto calmante. Es decir, el acto de roer puede ayudar a los animales a manejar situaciones de ansiedad.

Desde el punto de vista bioquímico, la masticación ha demostrado reducir las concentraciones de cortisol (la hormona del estrés) durante periodos de estrés crónico. Incluso, se ha observado que tiene un efecto positivo en el rendimiento cognitivo y mejora la memoria de trabajo en perros ansiosos. Por lo tanto, ofrecerles oportunidades de masticar y roer algo adecuado no es un lujo ni un capricho: es cubrir una necesidad biológica.

ZANAHORIAS, SÍ, PALOS, NO

¿Y qué deberíamos darle a nuestro perro para roer? Existen distintas alternativas en función de su tamaño corporal, edad, forma y presión de la mandíbula y hocico, salud bucal y preferencias individuales.

Por ejemplo, una de las opciones vegetales más utilizadas es la zanahoria congelada. Sobre todo, para un cachorro en proceso de dentición: el frío reduce la inflamación de las encías y la textura le resultará gratificante. Cuando son adultos, la zanahoria sigue siendo válida, ya sea a temperatura ambiente o congelada. Lo que se aconseja es retirarla cuando se ablande o cuando quede un trozo que el perro pueda tragarse de golpe, una precaución que debemos observar con todo lo que les ofrezcamos para roer.

En cuanto a juguetes masticables comerciales, existe una gran variedad y las recomendaciones están sugeridas en el envase de cada producto. Eso sí, la regla general es que sean lo bastante grandes como para que el perro no pueda tragárselos enteros.

En relación a los palos del parque, y a pesar que nos parezca lo mas natural, la literatura veterinaria advierte de que pueden causar lesiones orofaríngeas complejas, debido al posible desprendimiento de astillas. Por la misma razón, se desaconsejan los huesos cocinados.

A LA HORA DE ELEGIR

Estos son algunos de los aspectos que deben tenerse cuenta:

  • Edad: los cachorros en dentición necesitan texturas suaves que les alivien, sin dañar los dientes que están emergiendo: zanahorias o chuches especialmente diseñadas para cachorros. Los perros mayores necesitan opciones más blandas y sesiones más cortas.
  • Tamaño y peso: se aconseja que el objeto sea mayor que la apertura de la boca del perro, con el fin de evitar que pueda tragárselo entero.
  • Estilo de masticación: los perros con mas necesidad de roer y que deshacen cualquier cosa en minutos necesitan materiales más densos, que no se fragmenten en trozos grandes. No obstante, se aconseja evitar los objetos muy duros, como cuerno de ciervo o astas. Por otro lado, los perros con un estilo de masticación suave toleran mejor texturas más blandas. Observar los primeros diez minutos que pasa nuestra mascota royendo un objeto nuevo nos proporcionará la mejor información.
  • Razas braquicéfalas. Bulldogs, pugs, boxers y similares necesitan formatos más cortos y gruesos que puedan sujetar con su morfología mandibular particular. Los alargados y finos resultan más difíciles de manejar para ellos.

Además de estas consideraciones, es importante recabar la orientación del veterinario de cabecera y usar el sentido común a la hora de elegir el mejor juguete. Además, el perro debe estar siempre supervisado mientras está royendo, sea un producto comercial o no.

Ahora ya sabemos que este comportamiento canino no es un simple acto de destrucción sin sentido, sino una de las formas más antiguas y profundas que tiene un perro de relacionarse con el mundo, de calmarse, de explorar, en definitiva, de ser perro. Cuando le damos espacio para hacerlo con la chuche adecuada, no solo cubrimos una necesidad, también estamos diciendo que le conocemos y que nos importa lo que necesita.

Gabriela Barrera, Profesora de Máster de Etología, Universidad Autónoma de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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