Pedagogía

Gregorio Luri, filósofo y pedagogo: "La sobreprotección es una forma de maltrato"

El de Azagra ha sido entrevistado por la web 'Cuerpo Mente'

Gregorio Luri, fotografiado en 2024 en el Hotel Tres Reyes de Pamplona
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Gregorio Luri, fotografiado en 2024 en el Hotel Tres Reyes de PamplonaArchivo / Jesús Garzaron
Gregorio Luri, fotografiado en 2024 en el Hotel Tres Reyes de Pamplona

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Diario de Navarra

Publicado el 25/02/2026 a las 11:18

El navarro Gregorio Luri ha sido entrevistado en fechas recientes por la web 'Cuerpo Mente'. El filósofo y pedagogo charla sobre el riesgo, la exigencia y el miedo.

La felicidad, una "inflación" contemporánea

Luri no es un entusiasta del discurso dominante sobre la felicidad. De hecho, lo cuestiona abiertamente.

“La felicidad me parece una inflación de nuestro sentido de la posibilidad”, afirma. Más que perseguir un estado idealizado, propone “buscar estrategias para amar la vida”, sin reducirla a una meta emocional permanente que considera, en el fondo, metafísica.

Su crítica apunta a una cultura que promete plenitud constante y convierte cualquier frustración en fracaso.

El maestro que cambia destinos

Aunque reniega de ciertas derivas pedagógicas, Luri reivindica sin complejos su identidad profesional: "Yo soy pedagogo". Lo que sí cuestiona es que la infancia se adapte a ideologías educativas prefabricadas. "Estamos al servicio de la infancia. La infancia no está al servicio de nuestras ideologías".

Por encima de todo, defiende la figura del maestro. Lo imagina en una pequeña escuela rural, ampliando el horizonte vital de sus alumnos, mostrándoles mundos que trascienden sus circunstancias.

"Un gran maestro es aquel que, además de enseñarte cosas, cambia la trayectoria de tu vida".

En su propio caso, recuerda a un profesor universitario que le enseñó realmente a leer, "hasta entonces solo pasaba los ojos por las letras", y a un médico de su pueblo que detectó su potencial académico y lo orientó. "Aquel hombre me cambió la vida totalmente".

Rodillas sucias y peras robadas

Uno de los ejes centrales de su discurso es la crítica a la sobreprotección infantil.

"Los niños son seres con mucha más energía que sentido común”, explica. Y esa energía necesita ser gastada. Sin embargo, sostiene que hoy están “muy sobreprotegidos", hasta el punto de lanzar una afirmación contundente: "La sobreprotección es una forma de maltrato".

Para Luri, el símbolo más preocupante de nuestro tiempo son "las rodillas impolutas". "Un niño que no tiene heridas en las rodillas es dudoso que tenga infancia", señala.

Defiende el juego libre y arriesgado: subir a árboles, explorar, equivocarse, incluso "robar peras al vecino". Porque sin riesgo no hay aventura y sin aventura no hay verdadera experiencia del mundo. "Cuando rodeamos a los niños de cojines para que no se hagan daño con la realidad, los educamos en un mundo del que la realidad ha sido separada".

La amistad como necesidad terapéutica

Junto al riesgo, Luri subraya otro elemento esencial: la amistad.

"Las amistades no son un lujo: son una necesidad terapéutica. La amistad cura. Lo que resulta desolador es la soledad".

El niño, sostiene, debe aprender a moverse en distintos contextos, casa de abuelos, tíos o vecinos, porque esa diversidad amplía horizontes y fortalece su capacidad de adaptación.

Lo que no es negociable: el sueño

Entre las prioridades olvidadas, menciona la higiene del sueño. "No todo es negociable", advierte a los padres. "La higiene del sueño no es negociable".

Dormir ocho, nueve o incluso diez horas no es opcional. La falta de descanso, recuerda, afecta al desarrollo físico y neurológico y se traduce en problemas de atención, nerviosismo o sobrepeso.

Para Luri, educar implica priorizar: “Juego, amigos, relaciones con los demás y sueño”.

Motivación, exigencia y disciplina

En el aula, el filósofo simplifica la cuestión del aprendizaje: "¿Qué necesita un niño para aprender? Ganas".

Pero esas ganas no preceden al conocimiento; nacen de él. "Es el descubrimiento de mundos nuevos lo que genera interés". Nadie puede interesarse por lo que desconoce. Por eso, muchas veces, es trabajando cuando surgen los intereses.

En este punto, reivindica una palabra incómoda: exigencia. La compara con el entrenamiento físico: nadie mejora sin una exigencia adecuada. "Entendemos perfectamente que sin exigencia no hay mejora en un gimnasio. ¿Por qué con los maestros no hacemos lo mismo?".

La disciplina, añade, no es autoritarismo, sino preparación para la autodisciplina. "Uno de los derechos del niño es conocer el significado de los adverbios de negación".

Orden, hábitos, responsabilidad: competencias sencillas pero decisivas también en el mundo tecnológico más avanzado.

Inteligencia artificial: consumidores o creadores

Lejos del alarmismo, Luri rechaza el miedo a la inteligencia artificial. "Es absurdo tener miedo al futuro o a la tecnología. Somos un animal tecnológico".

Para explicarlo, recurre a una metáfora culinaria: habrá quien use la IA como comida precocinada y quien la utilice como herramienta para cocinar mejor. “Quienes quieran pensamiento precocinado lo encontrarán fácilmente. Quienes quieran pensar por sí mismos encontrarán una herramienta para contrastar sus ideas”.

En el fondo, sostiene, la diferencia no es tecnológica sino humana: "Unos querrán respuestas. Otros querrán saber cuáles son las preguntas adecuadas".

Aprender a esperar

Luri también reflexiona sobre la impaciencia contemporánea y el aburrimiento. Distingue entre el "dolce farniente", un ocio fértil que permite imaginar y soñar, y el aburrimiento vacío de quien no tiene recursos ni horizonte, que considera peligroso.

La clave, concluye, está en las expectativas que proyectamos sobre nosotros mismos. Cada uno debe decidir de qué quiere alimentarse culturalmente: “La canción del verano se aprende en un día; un cuarteto de Beethoven exige educación de la atención”.

Sin despreciar a nadie, insiste en la importancia de aspirar a más.

En definitiva, Gregorio Luri propone una pedagogía menos ansiosa y más exigente. Menos obsesionada con la felicidad inmediata y más comprometida con formar personas capaces de habitar el mundo con autonomía, criterio y fortaleza.

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