Salud
Lagrimeo invernal: ¿problema o aliado?
Las bajas temperaturas, poca humedad por la calefacción o el viento resecan el ojo y se generan más lágrimas para hidratarlo


Publicado el 21/01/2026 a las 05:00
El invierno es una época durante la que los ojos lloran con más frecuencia. El motivo es que la exposición a diversas condiciones, como temperaturas más bajas, escasa humedad debido al uso de la calefacción o el viento, provocan que la superficie ocular se reseque. Y cuando la película lagrimal se altera y se evapora más rápido, los ojos responden generando lágrimas.
Por tanto, el lagrimeo, que puede ser constante y molesto, es un mecanismo de defensa para hidratar el ojo. Se trata de un reflejo que responde a la sequedad ocular. Sin embargo, el lagrimeo debido a bajas temperaturas, poca humedad o viento suele ser de peor calidad.
Según expertos de General Optica, esta situación puede derivar en síntomas molestos como irritación, escozor o sensación de arenilla, que se relacionan con el ojo seco.
LAS CAUSAS DEL LAGRIMEO
El frío es una de las principales causas de lagrimeo. Y es que cuando los ojos se resecan las glándulas lagrimales producen más lágrimas. "El frío puede provocar la constricción de los vasos sanguíneos, reduciendo el flujo sanguíneo y potenciando la sensación de sequedad, lo que también provoca lagrimeo".
Además, el viento aumenta la velocidad de evaporación de la película lagrimal y también arrastra polvo o insectos que pueden entrar en los ojos e irritarlos. La respuesta son las lágrimas para tratar de limpiarlos, explican. El uso de gafas de sol es una de las medidas que puede aliviar frente al viento y las bajas temperaturas, siempre que tengan protección frente a rayos ultravioleta y que sean envolventes.
Al mismo tiempo, en interiores disminuye la humedad por la calefacción, se reseca el ambiente y causa una mayor evaporación de la lágrima. El ojo se seca, irrita y pica aunque también se puede enrojecer e hinchar. En este caso, los humidificadores ayudan a prevenir la sequedad ocular.
También pueden influir las alergias invernales, por ejemplo al polen de las cupresáceas (ciprés, arizónica, enebro, cedro, etc.), cuya polinización comienza en diciembre y que han proliferado en jardines públicos y urbanizaciones. Y a estos factores se unen las alergias a mascotas y ácaros, ya que se pasa más tiempo en interiores, y el moho, más frecuente en sótanos y baños.
Los expertos recomiendan consultar el pronóstico del polen, mantener la casa limpia, lavar la ropa con agua caliente, usar almohadas antialérgicas y mantener las mascotas limpias.
La fatiga ocular por usar más tiempo el ordenador o pantallas también puede acarrear ojos llorosos. Ahí se recomienda la regla del 20-20-20: decansar la vista 20 segundos cada 20 minutos y a una distancia de 20 pies (seis metros). También aconsejan tener precaución en personas que usan lentillas.
Y, en general, los expertos recomiendan acudir a un especialista si con las medidas de control no se mejora el malestar. También utilizar lágrimas artificiales, parpadear con frecuencia, no frotarse los ojos e hidratarse.