El 30% de los enfermos del corazón desarrolla trastornos mentales, lo que dobla su riesgo de muerte
Médicos españoles relacionan las patologías cardiovasculares con el riesgo de sufrir un deterioro de la salud mental, y viceversa


Publicado el 02/09/2025 a las 09:39
Cuando un paciente entra por primera vez en la consulta de un especialista en enfermedades cardiovasculares, el médico le preguntará sin duda si es diabético o si tiene la tensión alta, pero será más difícil que se interese por su salud mental, si ha sufrido algún episodio de depresión, tristeza o angustia, si últimamente se siente más estresado e incluso si arrastra algún trauma de la infancia. Y lo cierto es que plantear estas cuestiones puede salvar vidas.
Bajo esta novedosa tesis, la Sociedad Europea de Cardiología (ESC en sus siglas en inglés) ha presentado este lunes en el marco de su congreso anual, clausurado en Madrid, un documento de consenso sobre la correlación entre salud mental y salud cardiovascular. El informe, pionero a escala mundial, ha sido liderado por dos cardiólogos españoles pertenecientes a la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Héctor Bueno, del Hospital 12 de Octubre de Madrid, y Marta Farrero, jefa de la Unidad de Insuficiencia Cardíaca del Hospital Clínic de Barcelona y coordinadora del estudio.
En declaraciones a este periódico, Farrero (Barcelona, 44 años), ha subrayado la importancia de relacionar la enfermedad cardiovascular (infarto, anginas de pecho, arritmias, insuficiencias cardíacas...) con la salud mental.
Según la doctora, hasta un 30% de estos pacientes acaban desarrollando algún problema de salud mental, "y eso puede multiplicar por dos su posibilidad de morir o de tener complicaciones cardiovasculares muy graves". Para Farrero, se trata de un dato "brutal" que debe hacer replantear "la forma de tratar a nuestros pacientes".
La guía es el primer documento científico que subraya la importancia de la salud mental y su "fortísima" relación con la enfermedad cardiovascular. "Es novedoso que una sociedad europea tan importante como la ESC haya puesto su atención en la salud mental. Nosotros estamos muy ilusionados porque creemos que va a remover la forma en que tratamos a las personas con enfermedad cardiovascular", señala la cardióloga catalana. Según Farrero, los pacientes con enfermedad mental ("no tienen por qué ser graves, puede ser, simplemente, estrés) desarrollan enfermedades del corazón con "mucha más frecuencia" que el resto de la población. "Por eso cuando estamos estimando el riesgo cardiovascular de alguien, tenemos que empezar a tener en cuenta cómo está su salud mental". Y viceversa. Porque el documento también aborda los casos de pacientes que ya sufren una patología cardiovascular y cómo ello impacta en su estado psíquico. "Haber sufrido un infarto o una parada cardiaca puede desencadenar una situación de angustia, depresión o estrés postraumatico, que dificulte que el paciente pueda adherirse correctamente el tratamiento".
EL PROBLEMA DEL ESTIGMA
Los autores creen que los estigmas que aún pesan sobre las enfermedades mentales han impedido su abordaje como un factor de riesgo más en los problemas cardíacos, como pueden ser la hipertensión, la obesidad o la diabetes. "A nadie se le ocurriría pensar que esos factores no son importantes". El documento incorpora un capítulo dedicado específicamente a las personas con trastornos mentales graves, como esquizofrenia o depresión mayor. "Son pacientes con un riesgo cardiovascular altísimo".
Para Farrero, el gran reto ahora es "aterrizar" el documento para que primero se incorpore a los sistemas de salud de los distintos países (ya que se trata de una guía europea) y luego se lleve a la práctica en los hospitales.
Han intentado ser muy prácticos y dar pautas muy concretas de qué preguntar: cuestiones sencillas como si el paciente se ha sentido triste o deprimido, o más preocupado de lo normal, o si ha perdido ilusión por hacer cosas con las que antes disfrutaba. En caso de responder afirmativamente, lo atendería un equipo de psicocardiología, que integra a psicólogos, psiquiatras, terapeutas, trabajadores sociales, cardiólogos. "Pero el primer objetivo antes de nada", subraya la doctora, "es que seamos conscientes todos de que existe esta relación entre enfermedad mental y enfermedad cardiovascular, porque muchos de nosotros, en nuestro día a día, no lo somos. Si logramos esto, ya sería un primer reto conseguido", dice.
El documento también aborda la cara positiva de una buena salud mental, y concluye que las personas con una forma de pensar "positiva", las que destilan buen humor o afrontan la vida con optimismo sufren menor riesgo cardiovascular. "Son factores protectores", apostilla Farrero.