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Julia Navarro, escritora

“Esta novela me supuso un coste emocional muy fuerte”

Julia Navarro en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Julia Navarro en el Club de Lectura de Diario de Navarra

CALLEJA
Actualizada 28/03/2019 a las 17:25
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“Tú no matarás, hijo, porque ningún hombre vuelve a ser el mismo después de haber quitado la vida a otro hombre”. Este mensaje cargado de amargura de un padre republicano a su hijo da título a la última novela de Julia Navarro (Madrid, 1953). Esa frase también atormenta a uno de los protagonistas de un libro en el que el peso de la conciencia está muy presente. Y es también el hilo conductor de Tú no matarás, una historia que comienza en la posguerra española, viaja por ciudades como Alejandría, París, Londres, Lisboa, El Cairo, Nueva York, Praga, Chile, Jerusalén con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial y regresa a España en plena Transición.

Desde que en 2004 publicara su primera novela, el público ha sido fiel a esta escritora que primero fue periodista y que se adentró en la literatura por casualidad. Al menos, así lo dice ella quien recuerda que cuando escribió La Hermandad de la Sábana Santa no pensó que se fuera a publicar y mucho menos que llegara a gustar al público. Pero se equivocó. Convertida en uno de los pesos pesados de la industria editorial española, Julia Navarro desata la locura en las librerías cada vez que publica un libro nuevo. Así ocurrió con La hermandad de la Sábana Santa, La Biblia de barro, La sangre de los inocentes, Dime quién soy, Dispara, yo ya estoy muerto e Historia de un canalla, novelas con las que ha cautivado a millones de lectores en más de treinta países. Y desde el pasado mes de octubre suma Tú no mataras, su séptima novela, que en tan sólo tres semanas se colocó entre los libros de ficción más vendidos, con una tirada de 300.000 ejemplares en España y América Latina. El pasado 28 de febrero la presentó en el Club de Lectura de Diario de Navarra.

Julia Navarro, a pesar de las cifras, se muestra prudente. Cuando se le pregunta por los lectores incondicionales que siguen cada una de sus aventuras literarias, responde con el silencio. Y tras pensarlo unos segundos, afirma que un escritor debe trabajar desde la humildad porque los lectores no son “terreno conquistado”.

Acaba de regresar de México, viene a Pamplona y se marcha al Cono Sur de América. ¿Es el precio que hay que pagar por ser una escritora de éxito?

El proceso de lanzamiento de cada libro me supone un enorme desgaste físico. Termino absolutamente agotada, pero no me quejo. Tengo la suerte de poderme reunirme con lectores, recorrerme España de punta a punta, también América Latina. No lo cambiaría por nada del mundo. Estoy muy agradecida y me siento una privilegiada. Eso sí, me exige tener una salud de hierro.

¿Qué tiene la década de los años 40 del siglo XX que le atrae tanto como escenario literario? Tú no matarás no es la única novela ambientada en esas fechas

No tengo la intención de contar la historia de los años 40 en España, ni volver a contar la historia de la Segunda Guerra Mundial. Pero tal como fui pensando la novela, mis personajes se movían en ese momento de la historia. Por tanto, tengo que contar bien el escenario pues, de lo contrario, nada de lo que hacen los protagonistas tendría sentido. Pero es cierto que otras novelas mías también están ambientadas en los mismos años. Me apasiona novelar el siglo XX por los sucesos realmente dramáticos que ocurrieron.

Hechos que lleva a la ficción pero que muchos españoles conocen por generaciones pasadas

Todos somos hijos de nuestro tiempo y todo lo que hacemos, cómo vivimos, cómo pensamos, los códigos morales y sociales que tenemos tienen que ver con el tiempo que nos ha tocado vivir. Tú no matarás no es una novela histórica, sino de tres personajes. Hace una radiografía de tres jóvenes que inician una travesía huyendo de la España de la postguerra. Era una España gris, absolutamente siniestra, la España de los fusilamientos y la represión.

La novela es también un largo viaje de casi 1.000 páginas. ¿No cree que remover recuerdos?

Todo es ficción, pero claro que hay recuerdos, dolor, memoria. Incluso la mía.

¿Por qué lo dice?

Por el coste emocional. Afortunadamente yo no viví esa época, pero la estudié. Cuando empecé a ahondar para conocer detalles cotidianos, por ejemplo, cómo se vivía, qué se comía, cuánto se ganaba, me dolió. Fue como sumergirme en una película en blanco y negro, trasladarme a la España de la miseria. La guerra dejó al país sin futuro. No podía dejar de pensar en personas cercanas, en mis abuelos, que vivieron en esa España. Por eso el libro está dedicado a ellos.

¿Fue ese dolor el que le impidió escribir una temporada?

Es una novela que tiene un tiempo de reposo, es verdad. Pero no dejé de escribir. Tenía mucho interés en escribir una novela sobre el peso de la conciencia y como tenía dos ideas, empecé dos novelas a la vez: Historia de un canalla y Tú no matarás. Empecé a escribirlas de forma paralela pues eran dos historias completamente distintas pero con la misma reflexión de fondo. Fue un error muy grande, un empeño imposible. El coste emocional me pasó factura, así que abandoné Tu no matarás. La metí en un cajón en 2103 y no la recuperé hasta 2016.

En ese periplo vital de sus protagonistas hay odio, venganza. ¿Por qué incidir en el peso de la conciencia?

Me fascina el ser humano. Ahora que hemos descubierto todos los rincones del planeta y que no queda ningún sitio por fotografiar, creo que el último misterio es el ser humano. Conocer qué llevamos dentro, quienes somos realmente, por qué somos lo que somos, qué anida en lo más profundo de nuestro corazón. La conciencia es un espejo en el que, nos guste o no, nos terminamos asomando. Y a veces nos asusta lo que vemos reflejado.

Alivie un poco a los lectores que van a empezar su novela ahora. Hay dolor, pero también pasión, amor, cariño y compasión.

Hay mucha humanidad. Es un canto a la amistad, a la lealtad, un canto a la lucha, al no rendirse. Es un canto a la vida. Todo ese mensaje de fondo merecía la pena destacarlo en los años 40, pero tiene que seguir guiando al ser humano en el siglo XXI.

En la novela describe con mucha delicadeza el mundo de la literatura.

Soy una lectura compulsiva y heterodoxa. Leo lo que me apetece en cada momento, sin ningún patrón. Lo mismo filosofía que historia, ensayos o novela. Ahora estoy con el ensayo La búsqueda de la felicidad, de Victoria Camps. Y hace poquito terminé La infancia de Jesús, de Joseph Ratzinger (papa Benedicto XVI).

¿Cree en el efecto terapéutico que puede tener leer un libro?

Cuando uno abre las páginas de un libro se escapa de su propia vida, de su propia realidad para viajar a otras vidas, lugares y realidades. Me parece que los libros pueden ser una medicina para las enfermedades del alma.

¿Será también esa vía de escape la que buscan sus lectores incondicionales?

No, no, no... Los lectores no son incondicionales de nada ni de nadie. Te los ganas en cada libro, son los que juzgan cada novela. Nunca son terreno conquistado, sino que hay que conquistarlos cada vez. En cada libro te la juegas. Hay que salir con humildad y esperar su veredicto.

Aunque dejó el periodismo, sus columnas de opinión están en varios medios

Eso no es periodismo. Ser periodista es estar conectada a la realidad las 24 horas del día y yo ese artículo lo puedo escribir desde el sofá de mi casa o desde Australia. Pero me mantengo conectada a la realidad.

¿Y qué es lo que ve?

Vivimos un momento complicado, una etapa de cambios, un momento muy graciano. Pero no sólo en España, sino en el resto del mundo. Lo nuevo no termina de nacer ni lo viejo de morir. Estamos viviendo un momento preocupante por el auge de los nacionalismos y de la xenofobia. Cada vez que un partido xenófobo gana las elecciones en parlamentos europeos, me produce un estremecimiento. Parece que los hombres estamos condenados a no aprender la lección. No hace tantos años que Europa fue totalmente asolada por la guadaña de la xenofobia.

El 28 de abril será la tercera vez que los españoles irán a votar en cuatro años. ¿Le preocupa el panorama político del país?

Una legislatura con un partido que tiene 84 escaños y sin socios firmes ni fiables era muy difícil que pudiera salir adelante. Las elecciones eran necesarias e inevitables. Ahora bien, los radicalismos no unen y me da pena que a los políticos actuales les cueste sentarse a dialogar.

Fue cronista parlamentaria durante la Transición. ¿Cree que la vida política de entonces tiene algo que ver con la actual?

Tuve la suerte de vivir la Transición y poder contarla. A veces yo también me hago la misma pregunta. ¿Los políticos actuales habrían sido capaces de trabajar conjuntamente por lo que pedía la sociedad? No lo sé. No voy a hacer un juicio de valor porque siempre hay que ver a las personas en el contexto. El gran reproche que hago a los políticos actuales es que son cortoplacistas. Están demasiado obsesionados por ganar las elecciones y derribar al contrario. Sólo les preocupa su proyecto de poder, pero les preocupa mucho menos tener una visión de futuro, un proyecto de país, de sociedad, un proyecto colectivo.

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