León
La fiesta que se hizo tragedia por la riada en Manzanedo de Valdueza: "No hay palabras"
Los vecinos de la localidad leonesa intentan asimilar la muerte de dos mujeres de 60 años en una tragedia que hirió a una bebé y a un niño de cuatro años


Publicado el 17/08/2026 a las 05:00
La mañana llega a Manzanedo de Valdueza con las huellas de la fulminante tormenta del sábado todavía pegadas a las calles. El acceso al pueblo sigue condicionado por el operativo desplegado después de la tragedia y algunos vehículos deben quedar atrás, antes del cruce. La cobertura telefónica apenas aparece y obliga a buscar señal fuera de las calles del núcleo de la localidad. La riada y un deslizamiento de piedras mataron a dos mujeres de 60 años y dejaron cuatro heridos; entre ellos, una bebé de tres meses y un niño de cuatro años.
Con la luz del día se distingue mejor lo que durante la noche apenas dejaban ver las luces de los vehículos de emergencia. Piedras de grandes dimensiones, barro y restos arrastrados por el agua permanecen junto a las viviendas. Abajo, varios coches siguen donde los llevó la riada.
Desde primera hora, los trabajadores de la brigada del Ayuntamiento de Ponferrada trabajan para despejar la zona y facilitar la salida de los vecinos que han quedado condicionados por los daños.
Una mañana para asimilar lo ocurrido "Lo pasamos muy mal, ha sido horrible". Así resume José, un vecino del pueblo berziano, la noche después de la tormenta. No encuentra muchas más palabras para explicar lo ocurrido. "No hay palabras para lo que se ha preparado aquí ayer", dice mientras observa los trabajos de limpieza. El objetivo inmediato es retirar los restos y, sobre todo, sacar los vehículos que permanecen atrapados para que los vecinos de esa parte del pueblo puedan volver a salir con normalidad.
José Luis Rivera mira alrededor y señala las piedras que dejó el agua, algunas de ellas de grandes dimensiones. "Vimos bajar morrillos y los llevaban como si fuera mantequilla", explica. La imagen le sigue impresionando. También insiste en una diferencia que considera fundamental para entender lo sucedido, ya que en el pueblo, asegura, la lluvia no fue extraordinaria. "Lo que cayó aquí, para lo que vino de arriba, no tiene nada que ver". El agua que descargó sobre la montaña terminó convirtiéndose en una riada que llegó hasta las calles en el propio corazón de Manzanedo.
Las consecuencias todavía están a la vista. Hay vehículos desplazados, casas rodeadas de barro y zonas en las que los restos de la tormenta obligan a mantener los trabajos de limpieza. José recuerda que el episodio fue muy rápido y que apenas pasó media hora entre el momento más intenso de la tormenta y sus consecuencias. Después llegaron las llamadas a los servicios de emergencia y un despliegue que se prolongó durante horas.


DEL VERMÚ ENTRE RISAS A UNA TARDE TRÁGICA
El recuerdo más difícil para Bernardina, conocida por los vecinos como 'Nina', no está solo en lo que ocurrió durante la tormenta, sino en las horas anteriores. El pueblo estaba de fiesta. Por la mañana había habido misa y después vermú. Ella había estado allí con las mujeres que horas más tarde morirían. Recuerda aquel momento con una precisión que contrasta con la tragedia ocurrida horas después. "Tengo en la memoria al marido, a la mujer y toda esa risa cuando acabó la misa, quitando el mantel, quitando todo".
Bernardina lleva 48 años vinculada a Manzanedo. Ha vivido más tiempo allí que en Zamora, de donde procede, y conoce bien el ritmo de un pueblo pequeño en el que muchos vecinos están unidos por lazos familiares. Por eso le cuesta todavía encajar lo ocurrido. "Hoy estamos que no lo hemos asimilado", reconoce. "No piensas que lo vas a vivir, que lo vas a pasar, es muy duro, muy duro".
La tormenta también le sorprendió en casa. Los truenos comenzaron a sucederse con una intensidad que le hizo sospechar que aquello no era una tormenta cualquiera. Estaba con un primo cuando escuchó un ruido que no identificaba como un trueno normal. "Dios mío, eso está descargando en el monte algo", pensó. Poco después comenzaron a llegar las noticias de que las piedras y el agua bajaban por la calle. Su cuñado miraba por una ventana y no entendía cómo podía correr tanta agua si la reguera habitualmente estaba seca.
Para los vecinos de esta localidad, la tormenta llega además después de otro episodio que todavía está presente en sus memorias. El año pasado fue el fuego el protagonista. Bernardina recuerda cómo tuvieron que abandonar el pueblo de madrugada y permanecer varios días sin poder regresar. "El año pasado el fuego, nos sacaron a las tres de la mañana", recuerda. Esta vez ha sido el agua la que ha obligado al pueblo a permanecer en alerta.
José lo resume de forma simple y directa, "el año pasado el incendio, este año el agua". Otra vecina lo lleva incluso al terreno de la ironía para intentar rebajar la tensión de lo vivido, ya que uno de sus nietos pequeños le dijo "fuego, agua, falta el aire, el año que viene toca un huracán".
Pero debajo de esas frases hay miedo y cansancio. Bernardina recuerda que el año pasado no hubo desgracias personales y que, esta vez, la tormenta sí ha dejado víctimas. "Menos mal que solo fueron dos, que podían haber sido muchísimas". En el pueblo se habla también de la fuerza con la que bajó el agua y de cómo alcanzó viviendas y vehículos en cuestión de minutos.
José Luis Rivera participó durante la noche en la búsqueda cuando todavía había personas que no habían sido localizadas. Cuenta que trató de avanzar por la zona, pero la cantidad de agua hacía imposible atravesarla por algunos puntos. Recorrió parte del entorno y avisó a los bomberos de lo que había podido comprobar. Después, los equipos de emergencia continuaron la búsqueda hasta localizar a las víctimas.
MUCHO QUE ASIMILAR
La luz de la mañana permite percatarse de algunos detalles que durante la noche quedaban ocultos. Una de las vecinas explica cómo el barro llegó hasta la zona de entrada de su vivienda. La verja evitó que el agua entrara directamente en la casa. En otras viviendas, la fuerza de la riada golpeó puertas, ventanas y estructuras.
Los vecinos también recuerdan cómo algunas familias tuvieron que sacar a los niños de las viviendas afectadas mientras el agua y los materiales arrastrados avanzaban por las calles. Son escenas que todavía se cuentan con dificultad y que se mezclan con el movimiento de las máquinas y de los equipos municipales que continúan trabajando.
Mientras se retiran piedras, barro y vehículos, Manzanedo trata de recuperar poco a poco sus calles. Los vecinos siguen acercándose a las zonas afectadas, comentan lo ocurrido y reconstruyen entre ellos los minutos de una tarde que empezó como una jornada de fiesta y acabó dejando dos víctimas mortales. Las máquinas siguen trabajando y el pueblo todavía tiene mucho que limpiar, pero también mucho que asimilar sobre una tarde que no olvidarán nunca.