La trastienda
La suerte
El toreo está lleno de gentes de luces que subieron como la espuma por buena suerte

Publicado el 13/07/2026 a las 05:00
Al terminar la corrida unos mozos de peña jugaban en el ruedo con un enorme dado de seis caras construido con espuma. No lo sabían pero en el fondo estaban representando una metáfora completa de la tarde y de lo caprichosa que es esta en el mundo del toro. En el sombrero del mayoral de la Palmosilla esa mañana había seis números, como seis caras tiene un dado, repartidos en tres lotes.
En la liturgia de la mañana está el enlotar los toros por parejas y luego repartirlos. A quién mete la mano en ese sombrero para sacar el papel de fumar que va dentro de una bola de aluminio, atribuyen los taurinos significados cercanos a lo esotérico. Hay quienes delegan en su peón, otros en los apoderados e incluso alguno en su hijo de seis años. Pero en cuestión de suerte, en estos momentos, ninguno compite con la persona a la que Fernando Adrián delegue en la tarea para dar con el toro bueno de cada corrida.
Cinco toros fueron engañosos en su comportamiento empezando las faenas con embestidas boyantes para terminar desrazados hastiando a público y toreros. Sólo uno fue de menos a más y cayó, no podía ser de otro modo, en manos de Fernando Adrián. A este matador le persigue la buena y en ocasiones mala suerte, de llevarse en el sorteo los toros premiados en muchas ferias. Y las exigencias a los matadores en algunas plazas, si el toro embiste boyante o bravo, se suelen multiplicar. Las apariencias de calidad de un toro generan en los públicos y especialmente en el aficionado, una expectativa que en ocasiones es difícil de alcanzar de manera que la suerte buena puede convertirse en una pesadilla. De manera que la frase atribuida de manera apócrifa a tantos maestros “Dios te libre de un toro bravo”, cobra ahí total significado
El asunto de la suerte taurina ha sido tratado tangencialmente el pasado año en una serie televisiva en una plataforma televisiva. Pero como es la misma que emite cosas como “Ferdinando”, no tiene la suerte de encontrarme entre sus suscriptores, ni yo la suerte de haberla podido ver.
Dicen que decía Schopenhauer que el azar reparte las cartas, pero que somos nosotros quienes las jugamos. Queda claro que en cada tarde de toros podemos echarle a la suerte toda la culpa del mundo, como a todo lo que pueda suceder, pero que el toro normalmente pone a cada uno en su sitio. Y si descartamos el echarle la culpa a la suerte o al sistema taurino, de todo lo que sale mal, nos quedamos sin argumentos muy rápido para justificar las carreras aciagas de los matadores.
El toreo está lleno de gentes de luces que subieron como la espuma debido a la buena suerte a las que luego la realidad pasó por encima. En la tarde de ayer se vio que un torero triunfante tiene tantos boletos de pasar al ostracismo como de consolidarse arriba del escalafón ¿buena o mala suerte?