Segundo encierro

Cómo se debe tirar de un toro suelto

El Cebada Gago 'Caminante' protagonizó momentos de tensión y un herido por asta en el segundo encierro de las fiestas

Ante ‘Caminante’ girado y el pastor Alberto Pérez Garayoa con los brazos extendidos, Miguel Ángel Castander, Javier Navascués, David Rodríguez y David Úbeda /
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Ante ‘Caminante’ girado y el pastor Alberto Pérez Garayoa con los brazos extendidos, Miguel Ángel Castander, Javier Navascués, David Rodríguez y David Úbeda /
Ante ‘Caminante’ girado y el pastor Alberto Pérez Garayoa con los brazos extendidos, Miguel Ángel Castander, Javier Navascués, David Rodríguez y David Úbeda /

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 08/07/2025 a las 17:06

¿Qué es lo que hay que hacer cuando un toro está suelto? Es la pregunta que sobrevoló ayer después del peligroso encierro protagonizado por un ejemplar de Cebada Gago. “Nunca se le debe perder la cara al toro porque un arreón puede resultar peligroso”, señala David Úbeda. Parte de la premisa de que “el toro no tiene cintura y se le puede dar un quiebro” siempre que no se pierda su referencia. Ahora bien, el riesgo crece si en un encierro multitudinario como se repite en Pamplona “hay dos o tres personas por delante”.

“Darle la espalda lo menos posible”, es el consejo coincidente de Javier Navascués Montes Pimpín. “En el momento que un toro se para, cuidado”, observa. “Cuando arranca, tienes siempre que girar la cara para saber hacia dónde va el toro y hacia dónde vas a ir tú”. Lo contrario puede suponer un contratiempo en forma de traspié con un corredor cercano o cualquier otro obstáculo. “Hay que correr en línea recta”, precisa a su vez Miguel Ángel Castander, quien aporta otra recomendación de interés: “A ser posible llevarlo por el centro de la calle”.

Todo ello siempre bajo la apreciación y el mejor consejo de los pastores, que gozan de experiencia en la conducción de reses bravas y ostentan, de unos años a esta parte, de la autoridad concedida como tal por el ayuntamiento.

Al llegar a la plaza de toros, la máxima es conocida, de tanto ser repetida por megafonía: “Dejen trabajar a los dobladores”. La suma de manos en la conducción de la manada son siempre bienvenidas, pero no todo vale.

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