Ganado
La tradición cabalga en la feria de San Fermín
Entre caballos, yeguas y ponis, la jornada estuvo marcada por el debate sobre el cambio de fecha y la voluntad de mantener una tradición más que centenaria
Publicado el 11/07/2026 a las 14:37
Al amanecer, cuando Pamplona aún se despereza tras otra noche de fiesta, decenas de caballos, yeguas y ponis ocupan los corrales de la feria del ganado equino. Allí, donde todavía se cierran tratos con un apretón de manos y las familias enseñan a los niños a acariciar un caballo por primera vez, sobrevive una de las tradiciones más antiguas de San Fermín. Una cita que este año ha afrontado este sábado el reto del cambio de fecha, pero que volvió a demostrar que su mayor fortaleza sigue siendo la fidelidad de quienes nunca faltan. Aunque no sean demasiados.
La parcela municipal del polígono de Agustinos acogió la compraventa de caballos, yeguas, potros, ponis y burros, además de exhibiciones y actividades populares como un herraje tradicional o un zikiro solidario de potro por parte de Zaporeak. Pero a pesar del programa, la edición de este año llegaba marcada por una importante novedad: el traslado de la feria del tradicional 7 de julio al sábado 11. El Ayuntamiento justificó el cambio por razones organizativas; un cambio que dividía opiniones en la explanada.
ESFUERZO Y RECOMPENSA
Entre quienes viven la feria desde dentro predomina la sensación de que el verdadero valor del encuentro va mucho más allá de una cuestión de calendario. José Ramón Jáuregui, ganadero de Andoain, lleva cuatro décadas acudiendo a la feria. A su juicio, la jornada resultó tremendamente positiva. “No se ha vendido caro, pero se ha vendido todo, que es importante”, resaltó quien había acudido con varias yeguas y ponis. Y aunque reconoce que los precios continúan lejos de los de hace unos años, insisten en que el principal objetivo es mantener la tradición. “Venimos por afición, por tradición. Porque es San Fermín y hay que venir”.
Esta bajada del valor de los animales fue una de las principales preocupaciones. Rafa Macho, llegado desde Reinosa (Cantabria) para ayudar a un compañero de Etxarri Aranatz, explicaba que el coste de mantener las explotaciones apenas se compensa con el precio de venta. “Un potro puede venderse por apenas 600 euros”, puso como ejemplo. Una reivindicación a la que se suma la complejidad de la burocracia. “Tenemos muy poco apoyo de las instituciones. Son papeles, guías, historias... Al final te quitan las ganas de traer los animales”. Pese a ello, considera imprescindible conservar una feria que define como “bonita y necesaria”.
También hubo voces muy críticas con la decisión de trasladar la feria. Xabier Garmendia, ganadero desde hace más de dos décadas, lamentaba que el cambio suponga una pérdida del simbolismo de la cita. “El día es el 7. ¿Por qué no cambian el chupinazo de fecha?”. A su manera de ver, representa uno de los encuentros más importantes del mundo rural vasco del año y merece un mayor reconocimiento institucional. “Fue el principio de las fiestas de Pamplona y sentimos que se le ha faltado al respeto”.
Y aunque reconoce el esfuerzo por las asociaciones ganaderas para evitar su desaparición, insiste en que seguirá reclamando el regreso a su fecha. En cuanto a las familias, hay quienes no fallan. Como Oihane e Imanol, que acuden con sus hijas: Ixone y Elía Puñal. “Venía con mi abuelo y creo que aquí venimos los de siempre”.Por eso consideran importante garantizar su continuidad. También Iara Martínez se acercó con su hijo Oihan desde San Sebastián. “Nos gusta”.
