Concierto
Aníbal Gómez (Ojete Calor): "Cuanta menos vergüenza tengas, más lo va a disfrutar la gente"
Mocatrices, viejóvenes y ‘tontas gilipó’ tienen una cita la noche del sábado. Ojete Calor y el ‘subnopop’ están en la ciudad


Publicado el 10/07/2026 a las 16:57
Actor, cantante, DJ, presentador y escritor, el que habla aquí, debajo del escenario, es Anibal Gómez. Sobre las tablas es otra historia. Allí, junto con Carlos Areces, se transforman en Ojete Calor, probablemente el grupo más gamberro de San Fermín.
¿Conoce San Fermín?
No he estado ¡A mis 47 años! Al final, mi pueblo de Pamplona no está cerca. Y las fechas siempre coinciden con conciertos. No me han surgido ningún año, igual que tampoco he ido a Ibiza.
¿Es más de festivales?
Con los años, de lo que no soy es de actos multitudinarios. Da igual lo que sea. Un paisaje precioso, si es multitudinario, me agota mentalmente. O un concierto.
En San Fermín les han puesto el sábado, tendrá que tener un helicóptero preparado para salir.
A ver, todo lo que sea un concierto multitudinario, siempre que lo hagamos nosotros, a mí me flipa. El problema es verme en una aglomeración.
Usted fue concejal de festejos en Villanueva de la Jara, su pueblo.
Así es. Soy de un pueblo muy pequeño y estaba comprometido con la cultura y los festejos antes de ser concejal. Acabé asumiendo el rol de concejal de cultura y festejos.
¿Revitalizó el pueblo?
Yo estoy contento. Considero que sí. Pusimos en marcha la universidad popular, hicimos una sala de teatro alternativo que se llama El Granero, aprovechando el antiguo depósito del trigo, festivales de música, arte, exposiciones, teatro... Me dejé la piel.


¿Su carrera política acabó ahí?
Ahí terminó. Nunca he sido político. Simplemente he sido es un buen jareño que se negaba a prescindir de cosas por tener pocos habitantes. Se me ofreció continuar mi carrera política en la ciudad de Cuenca y dije que no. Yo hacía esto por mi pueblo, mi carrera era otra. A mí me gustaba hacer música y subirme a los escenarios.
Las primeras veces lo hizo también en su pueblo, como DJ.
Sí, de hecho, empecé con grupos de música locales. La ventaja que tiene vivir en un pueblo muy pequeño es que enseguida te encuentras a gente con tus inquietudes y haces equipo. Yo venía componiendo en mi casa, con la guitarra española, y de repente lo pones a prueba con tus compañeros y se convierten en canciones. Al mismo tiempo, para sacarme un dinero, pinchaba los fines de semana en una discoteca. No la música que a mí me gustaba,claro.
¿Qué ponía?
La pachanga. Lo que la gente quería oír. Pero, qué curioso, he acabado poniendo ahora de manera libre canciones de las que renegaba cuando empecé. Canciones que en su día eran muy horteras luego prescriben y se miran con cariño. Yo ahora pongo Yo quiero bailar de Sonia y Selena, por ejemplo.
¡Un clásico!
¡Claro! En su día la ponía porque el dueño del local tenía que vender muchos cubatas, yo a lo mejor estaba deseando poner a Soundgarden o The Cure. El paso de los años pone las cosas en su sitio.
¿La sensación de poner a la pista a bailar o bajarles las pulsaciones, a jugar con ellos, sigue teniéndola?
Ese termómetro del público lo ves la primera vez que subes a un escenario. Empiezas a ver la reacción, a aprender, y acabas desarrollando una intuición. Siempre voy mirando qué sucede con cada canción. Ojete Calor improvisamos mucho. Y esas improvisaciones son capaces de levantar el show, o de modularlo, nos hacen tener una aproximación más directa. Normalmente la gente viene a divertirse y se entrega, pero mantenemos un gran margen de improvisación por ese termómetro.
Ahora participa en Tu cara me suena. ¿Lo que une sus distintas facetas es que no tiene vergüenza?
Es que es un componente necesario para el trabajo que hago. Con los años aprendes que cuanta menos vergüenza tengas, cuanto más te arrojes al abismo, mejor te lo vas a pasar y más lo va a disfrutar la gente.Hay actores y actrices que se encasilla en ciertos estereotipos. Yo, que vengo de la comedia, tengo que abrirme entero para hacerla. Tienes que exponerte de una manera brutal.
¿La gente entra bien en sus códigos de humor mamarracho?
Tengo la sensación de que sí. No me atrevería a decir que es un humor para todos los públicos, ni masivo. Me conformo con que haya nuevos espectadores, nacidos en este siglo, que comulguen con este tipo de comedia. Y tengo la sensación de que las nuevas generaciones entienden este idioma.
Bueno, Ojete Calor sí que es un poco masivo, ¿no? las canciones ya todo el mundo se las conoce.
Eso nos pilló por sorpresa. Ojete Calor empezó siendo una broma entre Carlos y yo. Hacíamos canciones para un grupo reducido de amigos. De repente la cosa empezó a crecer. Para 20 años de carrera no tenemos una discografía muy extensa [tienen 2 discos], pero es verdad que las canciones han tenido su recorrido y son muy celebradas por nuestro público.
¿Habrá pronto nuevas?
Sí, estamos preparando un single.
Si tuvieran su casita, al estilo Bad Bunny, ¿a quién invitarían?
¡Ay! Es que tengo una sorpresa. Tenemos planteado un discurso sobre la casita. Y ahí contaremos -no quiero hacer spoiler- lo que queremos meter en ella.