San Fermín 2026
Las mismas colas de siempre en la ofrenda floral infantil en el Rincón de la Aduana
Aunque la cita se adelantó una hora para no solaparse con el chupinazo txiki, no menguó la asistencia

Publicado el 10/07/2026 a las 14:34
El lanzamiento por primera vez en la historia de San Fermín de un cohete txiki a las doce del mediodía con motivo del Día del Niño obligó a adelantar a las diez en lugar de a las once la ofrenda floral al santo en el Rincón de la Aduana. Una cita infantil que organiza la parroquia de San Lorenzo desde la década de los setenta y que el cambio horario no restó participación aunque hubo quien echó de menos a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos presente en otras ediciones. El motivo, que se les había citado para este chupinazo.
De nuevo, cientos y cientos de familiares acudieron con sus ramilletes de flores rojas y blancas para colocarlas en una celosía junto a la réplica de San Fermín que el Ayuntamiento encargó en 2002 para evitar que se sacara el original en la ofrenda. La medida se adoptó tanto por el peso -suponía mucha molestia sacar 427 kilos- como para evitar daños a la figura del santo. En cuanto a las flores, se mandan a dos centros asistenciales y con las que quedan se hacen coronas para la capilla del santo.
Patxi Roldán se encargó de la copia que alcanza los 250 kilos y que lleva la vestimenta que la parroquia guarda en el museo del santo; en esta ocasión se escogió el capotico que durante dos años bordaron las hermanas Atondo que llegó a San Lorenzo en 1995 y una mitra y un báculo del siglo XVIII. “Esta réplica se guarda en el museo, en un pasillo en una ventana abierta a la calle las 24 horas del día. La gente deja sus pañuelos y hasta peticiones”, desvelaba el párroco de la iglesia, Javier Leoz, que también destacó la de miles y miles de personas que pasan por la capilla de San Fermín de 9 de la mañana a 9 de la noche.
Entre los que acudieron, lo hacen tras los Sanfermines que volvieron después del covid, estaban tres generaciones de una familia: la abuela Consuelo García García, de 74 años; la madre María Fernández, de 44, y los niños Emma y Alaia Equisoáin, de 7 y 3. “Venimos con Alaia cuando era un bebé. Ahora, más mayores, preguntan mucho por el santo”.
Ellas eran de las primeras en la cola para subir al escenario que, a cubierto, guarnecía la figura de San Fermín en unas horas donde un cielo encapotado hacía la temperatura más agradable con unos 27 grados. A las diez y media de la mañana, la fila ya había pasado por delante de la parroquia de San Lorenzo y se prolongaba por la calle Mayor, precisamente hasta el final del muro de la iglesia.
NIÑOS DE POCOS MESES
Muchas familias estaban con pequeños que no llegaban al año, como Lara López Otaola, de 34, que llevó a su hijo Gabriel Bautista, de seis meses, junto a sus hermanos Dayan y Daniela, de 9 y 4. “Es la primera vez que venimos, quería que fueran más conscientes y que vieran otra cosa más de las fiestas. Mi vida ahora es San Fermín de niños, con barracas, gigantes, fuegos y de ahí a casa”.
De Madrid había llegado Iratxe Losada Arcelus, de 38 años, que llevaba en brazos a Iker Álvarez, de 5 meses, y estaba también con su hija Nerea, de 3 años. “Mi madre es de Pamplona por eso siempre venimos a San Fermín”, comentaba. Los pasados Sanfermines tenían intención de participar en la ofrenda. “Pero no pudimos despertar a la nena. A nosotros nos gusta mucho la fiesta de día y ahora con los niños más. Vamos a las jotas, al deporte rural y seguimos a los txistularis”. También había muchos abuelos, como Jesús del Val Herranz, de 67 años, que acompañaba a Emma y Julen Espada, de 6 y 1 año. “Vengo con ellos y su madre desde que eran unos bebés, como hacía yo con mis hijos. Te acercas por tradición y también porque somos una familia muy devota de San Fermín”.
Y en el otro extremo generacional, los protagonistas, los niños como Hugo San Julián Unzu, de 10 años y Rubén Ruiz Marín, de 9. “Me hace siempre mucha ilusión venir y le voy a pedir a San Fermín que cuide de mis abuelos. A parte de la ofrenda floral, también disfruto con los toros, todos los días me levanto a ver el encierro por la tele”. Rubén es más entusiasta de las barracas y decía con orgullo que casi ninguna le daba miedo. “La ofrenda también es bonita y voy a pedir por mi familia”.