El Cuadernico
Morir en San Fermín

Publicado el 09/07/2026 a las 05:00
Antes de salir hacia Pamplona desde Nules, como quien cruza el río Hades camino de su paraíso particular, Paco Castelló al que llamaban Tito quiso despedirse de sus caballos. Yo conocía los caballos de Paco por los vídeos en los que enseñaba los potros nuevos, inquietos y recién destetados porque ya no estaba la madre. Un poco como estamos todos hoy, sin Paco, como si barruntáramos el verdadero sentido del tiempo, como si el destino nos hubiera marcado el corazón con el terrible zarpazo de su ausencia sobrevenida. Un día, mi padre, que era su amigo, apoyado en el metal verde de la valla de la cuesta de Labrit, me miró y me dijo:
-Chapuli, me han puesto fecha de caducidad, como a los yogures.
Y yo, que era un pibe, no tuve lo que había que tener para aceptarlo. Sabíamos que a Paco le rondaba la muerte como un toro suelto en un portal de la Estafeta, pero esta vez sí pudimos decirle a tiempo que le queríamos y que habíamos tenido la inmensa suerte de coincidir con él en el tiempo y en el espacio cósmico sanferminero.
Después vino a Pamplona, ya despedidos los caballos, a repartir abrazos por la Estafeta el día 5 después de la novillada; a ver el encierro del 7, que es fundacional de tantas cosas; a ir a los toros y aguantar hasta el tercero, tragándose su propia muerte, como hacen los toros bravos; a asomarse a la frontera cósmica de la barrera del siete, donde ayer sonaba, una chica yeyé de silencio, a bailar con las chicas guapas y a seguir creyendo, como solo se cree en San Fermín, que somos eternos y que la vida puede durar para siempre.
Van hoy huérfanos los músicos de las charangas, las mulillas con sus crespones, las paelleras, las mujeres y los doscientos millones de amigos que hizo antes de morir, terminado el encierro de Cebada, otra forma de eternidad. Esta ciudad maravillosa parece hoy silenciosa y hueca, emocionalmente callada como un cementerio de elefantes, como el eco de una mudanza que deja un vacío imposible.
Descansa en paz, amigo. Te vamos a echar tanto de menos.
Chapu Apaolaza