La trastienda

Con gaseosa y sifón

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Pascal Lizarraga

Publicado el 09/07/2026 a las 05:00

El tópico entre los tópicos sanfermineros es que los mejores momentos pasan sin salir en el programa de fiestas. Y estas cosas ya sabemos que son muy manidas pero a veces, dan en el clavo. Uno de esos actos que a Maider Beloki no le cuesta un real nos hizo llorar: la peña Oberena se presentó a las 12:00 del mediodía en los jardines de la casa Misericordia con txaranga, pancartas, cuadrillas de puretas y también un montón de txikis. Críos y crías pequeños y muy pequeñas.

Si hay algo que pueda gustar a las personas mayores todavía más que una charanga, es ver a un montón de chavales a camino entre la silleta, los pañales y la mecha de los primeros petardos.

Pues ayer los de la Peña Oberena, se presentaron con todos los muetes llenos de rollos de pegatinas y la chavalería fue pegándoselas una a una entre toda la gente asolerada que poblaba los jardines. Personas de pelo blanco con elegancia supina pero también con sillas de ruedas, bastones, andadores y todas esas cosas que otro tópico dice que los niños no van a tolerar. Qué puntazo fue aquello y qué escenas regalaron a todas las currelas de la Meca que se había pegado el trabajo de desplazar a tanta gente a los jardines. Uno que anda un poco flojeras de tanto cansancio y dormir poco se emocionó. Si me dicen en aquel momento que Antonio Ordóñez llevaba el palo de la pancarta, me lo hubiera creído.

Porque antes los toreros visitaban mucho la Casa y conocían a sus moradores más célebres. Pero ahora, tiempos modernos, no saben ni dónde está la Vuelta del Castillo. Afortunadamente, entre las peñas, todavía las hay que sí lo recuerdan. La Jarana acudirá el domingo y Los de Bronce el martes.

Ayer debutaron en Pamplona David Galván y Manuel Diosleguarde. Ambos habían intentado empaparse del ambiente de la plaza. El cañaílla (qué gentilicio tan de torero de Pamplona) llevaba varios días y Diosleguarde se empapó desde la mañana en el encierro de lo que le esperaba en la plaza. Ambos cumplieron con los mejores cebadas que, qué cosas, dieron una tarde mucho más entretenida que la de días o años antes.

Los elementos que mueven la plaza de Pamplona tienen unos entresijos que muchos profesionales tardan en entender. Galván dejó agonizar un toro en pie mucho más tiempo que el justificable para los públicos modernos y echó a perder un triunfo. En el cuarto fue él mismo, hasta que tuvo que dejar de serlo en pos del triunfo. Diosleguarde se apretó con un hierro que tendría que traerle pesadillas. Es su momento.

Hay gente que no le pilla nunca los resortes a nuestro público. Explicar a quienes pueblan los tendidos de la plaza cuál es la labor asistencial de su propietaria, provoca en ocasiones tabúes y lagunas a la hora de comunicarlo. Pues llegaron ayer los de Oberena y los solucionaron en diez minutos: con una botella de gaseosa y otra de sifón.

Mariano Pascal

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