San Fermín
Marta Garatea recrea las escenas de su cartel de San Fermín 2026: "Los toros me gustan comiendo pasto"
Poner a San Fermín y a un toro comiendo churros en un banco resultaba algo complicado. Pero hay otras escenas del cartel ganador de 2026 que sí son reales y que ha revivido su autora


Publicado el 05/07/2026 a las 05:00
La cita es a los pies de la Casa Consistorial de Pamplona. Es uno de esos días de mayo de un calor impropio del mes, tórrido, casi irreal. Marta Garatea Almagro (Pamplona, 1995) llega puntual. Vive en los primeros portales de la Estafeta -probablemente la calle más conocida de Pamplona-, así que apenas debe andar unos metros para llegar al ayuntamiento. En San Fermín, ese mismo recorrido es una prueba de obstáculos. La petición de ir de blanco llega tarde y logra hacerse en el último momento con un pañuelo rojo. El tinte morado de su pelo ha clareado desde que ganó el concurso del cartel de San Fermín 2026 el pasado 5 de mayo.
‘La cuadrilla’, título de la obra ganadora de Garatea, deja patente su formación y profesión de ilustradora, un cartel profuso en detalles y momentos sanfermineros que la autora recrea como si se tratase de una versión festiva y en vertical de la columna de Trajano, ese primer ‘cómic’ de la historia. Pero no se narra gestas militares romanas, sino el cúmulo de emociones que se agolpan en nueve días de fiesta, momentos que Marta Garatea, a sus 31 años, ha vivido y ha disfrutado, con los que se ha emocionado, hasta llorado, y que ha recreado en su ‘cuadrilla’. La propuesta de este reportaje es sencilla: buscar los escenarios de esos momentos del cartel y recrearlos con ella, su autora, de protagonista, con la explicación de lo que suponen para ella.


Vamos al elemento central que da título al cartel: la cuadrilla y el banco histórico verde pamplonés, casi desaparecido, de lamas curvas sobre una estructura de forja. Varios jóvenes risueños comen churros con un perro, con un toro y nada menos que con San Fermín. Más humanizado que nunca. “Yo, cuando recojo el belén con mi abuela, digo ‘María y el crío’. Eran personas ¿no? Pues San Fermín, igual. Me dije, ‘vamos a ponerle zapatillas’ (las míticas Chuck Taylor de Converse). Y aunque lleve la mitra, yo quería hacerlo lo más cercano posible. Era lo que pretendía con el cartel, que la gente se ponga en mis zapatos, que vea las cosas como yo las vivo. Y también quiero ponerme en los zapatos de otras personas. Por eso hay tantos personajes y lugares en mi cartel. ¡No quería dejarme a nadie!”, explica.


Ante la ausencia del histórico banco verde de Pamplona, la imagen de Marta Garatea se produce en otro banco de diferente diseño y pintado con los colores LGTBI. Está en la Media Luna, pese a que Garatea recuerda el banco que inspira su cartel en la Taconera. A la ilustradora, la idea del banco inclusivo le encanta. Posa sola. En el cartel se rodea de amigos y amigas, -“amigues”, como dice ella- dispersos ahora por diferentes puntos de España. “La perra galga también existe. Es de una amiga. Como todos los personajes”, precisa. Algunos forman parte del pasado. Marta pensaba presentarse al concurso del cartel en 2024, pero se le echó el tiempo encima. En la foto del banco, posa sentada sobre el respaldo. “Es como me sentaría”, sentencia.
EL TORO "DISFRUTÓN"
En ese banco verde Pamplona hay dos concesiones a la fantasía: el santo y el toro. “Pensé mucho si incluirlo o no. Pero me encanta dibujar animales y muchas de mis ilustraciones son de animales. Es mi zona de confort”, prosigue. Su perfil en redes sociales deja patente su predilección por el mundo animal. También por la vida de las mujeres. Los hombres apenas aparecen. “Creo que la gente se ha confundido. ‘Un toro comiendo churros, qué horror. Los toros no disfrutan de las fiestas’. Lo sé, pero hice un cortocircuito y me dije que lo iba a dibujar vivo, feliz, disfrutón. Es la única manera en la que me gustaría ver a los toros: tranquilos y comiendo pasto”, añade.
El Ayuntamiento de Pamplona. Marta Garatea conoció la casa desde la que se gobierna la ciudad el día en que se hizo público que había ganado el concurso del cartel, el pasado 5 de mayo. “Me pareció muy señorial, chulo. Luego vinieron mis padres y les hicieron una visita. Nos explicaron los cuadros. Me encantaron las llaves de la ciudad y el escudo tallado. Qué guay haber tallado algo así”, comenta.


En el cartel de Marta Garatea, hay toda una secuencia de los hitos de San Fermín: el pañuelo en alto antes del chupinazo, la campana María de la catedral en la procesión y un imprescindible reciente en su vida: las gildas y el vermut. Elige el bar Amåtxo, frente a la catedral. “Probé las gildas por primera vez hace dos años. He tardado. Ahora mi entorno es muy de vermut. Fue a raíz de empezar a salir con mi pareja actual”, confiesa. La idea inicial, explica, era incluir en el cartel fritos -le encanta el huevo del Museo-, “pero son muy poco dibujables”. “Es una bola rara y es muy difícil dibujar croquetas”, añade. La gilda aparece en el cartel con un pincho de tortilla, el vermut y una ración de patatas bravas “de la Mejillonera”, en Navarrería.


La calle Mañueta. Para Marta Garatea tiene más de un significado. Por un lado, está la churrería. Dice que es el único lugar al que puede irse una mañana de San Fermín, muy temprano, sola. Esperar la cola y comerse después los churros con un chocolate. “No podían faltar en el cartel”, asegura. Unos metros más abajo de la calle Mañueta, se encuentra la zapatería del mismo nombre. Marta se adentra en el establecimiento, un clásico de Pamplona. Pide dos alpargatas para la fotografía. Se las ceden sin dudar y le confiesan que en la zapatería votaron por su cartel. Marta sale sonriente y feliz. Posa con las alpargatas cubriendo parte de su cara.
La jotera en el balcón. Marta Garatea no duda en asomarse a uno del Casco Viejo para emular a la cantante que también asoma en su cartel, en la calle lateral izquierda, justo debajo de las peñas. La ilustradora no tiene claro cuándo vio a la jotera ni dónde. “El año pasado o hace dos fui a la salida del santo. En realidad fui a por churros. Había quedado con mi familia para el vermut pero tardaron muchísimo. Así que decidí irme sola a ver qué me encontraba. No sé si encajaba mucho. Iba con mis pintas y las señoras muy emperifolladas. Iba colándome entre la multitud. ‘Perdón, lo siento’, decía a la gente. De pronto apareció aquella mujer en el balcón. Fue una pasada”, concede.


La ruta termina junto al vallado del encierro. Todavía es mayo así que los pesados tablones -2.700 horizontales y 900 postes verticales- descansan en un almacén. Vamos hasta la plaza de toros. El callejón conserva todo el año parte del vallado como reclamo turístico. Marta posa entre las tablas. “No soy taurina. Me gusta ver el encierro. Sobre todo, porque estoy viendo a un animal y eso me gusta. Si en San Fermín hubiera solo encierros yo estaría encantada. Y que luego se vayan a su pasto. Podría vivirse la fiesta perfectamente sin toros. En cualquier caso, quería que en el cartel estuviese todo el mundo, sin renunciar a nadie, así que hice un encierrillo con los chicos corriendo”, sonríe. En el cartel hay mucho más, multitud de escenas para perderse en ellas e imaginar las fiestas a golpe de ilustración.