Feria del Toro

El calor no pudo con la afición

A pesar del bochorno, la plaza de toros de Pamplona presentó una gran entrada con mucha gente joven

Ayudado por alto de rodillas de Álvaro Serrano al quinto novillo, que le cortó una oreja
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Ayudado por alto de rodillas de Álvaro Serrano al quinto novillo, que le cortó una orejaJesús M Garzaron
Ayudado por alto de rodillas de Álvaro Serrano al quinto novillo, que le cortó una oreja

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Abraham Del Pozo Zabaleta

Publicado el 05/07/2026 a las 23:03

Ni la ola de calor que desde ayer aprieta en Pamplona ni los últimos preparativos sanfermineros restaron un ápice de ambiente a la primera cita taurina de los Sanfermines. Mucho antes de que arrancara la novillada, los alrededores de la plaza ya hervían. Aficionados de toda la vida, cuadrillas, familias y mucha gente joven caminaba hacia la Monumental pamplonesa “con la ilusión por una nueva Feria del Toro”, como comentó una cuadrilla de jóvenes pamploneses que no querían perderse el festejo.

Las ramitas de romero asomaban entre el gentío, los bares de los alrededores apuraban los últimos refrigerios y, a medida que se acercaba la hora del paseíllo, el rún rún de comentarios se incrementaba.

Dentro de la plaza, los abanicos trabajaban sin descanso, las bebidas frías corrían por los tendidos y las pipas acompañaban la espera mientras el sol seguía castigando la piedra de las andanadas. Entre los protagonistas también había nervios. Curro Vázquez, Premio Nacional de Tauromaquia 2025 y apoderado de Emiliano Osornio, lo resumía con una frase sencilla que explica por qué Pamplona sigue siendo distinta para toreros y aficionados: “Venir siempre es especial”. Osornio afrontaba la cita respaldado por una temporada de buenos resultados y con el reto de “confirmar esas sensaciones en un escenario de máxima exigencia”. Álvaro Serrano, por su parte, llegaba con el aval de su reciente puerta grande en Las Ventas, en la pasada feria de San Isidro, aunque prefería dejar los triunfos atrás. “No vengo confiado, sino con ganas de seguir demostrando el toreo que llevo dentro”, aseguraba el madrileño.

La misma mezcla de ilusión y responsabilidad compartían el catalán Mario Vilau, que confesaba llegar “con la ilusión de un niño” después de una temporada que le había abierto las puertas de Pamplona, y el ganadero navarro José Antonio Baigorri, de Pincha (Lodosa), que reconocía afrontar la tarde “con mucha responsabilidad”. Ya solo quedaba que sonara el clarín. Y sonó. La ilusión con la que Vilau había aterrizado en Pamplona acabó convirtiéndose en una tarde soñada. El novillero catalán de tan solo 19 años salió a hombros y confirmó sobre el albero su entrega y voluntad. Todavía con la emoción a flor de piel, apenas acertaba a resumir lo vivido antes de ser llevado en volandas: “Estoy en una nube. He cumplido un sueño”.

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