Baile de la Alpargata

Teresa, de 91 años, estaba la primera: "Aquí, en el baile, coges el ánimo ya para todo el día"

A las 7.30 horas, Teresa  Aristu era la única persona que aguardaba en la puerta del Nuevo Casino. Esperaba la apertura que se produciría pasados 15 minutos de las 8:00 para subir y bailar todo lo bailable

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Teresa Aristu espera sentada desde las 7:30 de la mañana a entrar en el Nuevo Casino. Le acompañan su hija Irene Arambarri y su nieto Javier Peña

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Marialuz Vicondoa

Publicado el 13/07/2025 a las 15:32

La primera. Desde las 7:30h del domingo, con la puerta del Nuevo Casino todavía cerrada, feliz esperaba sentada a la apertura del Baile de la Alpargata. Teresa Aristu Maritorena, de 91 años y de “Pamplona de toda la vida”, iluminaba su cara al contar que en “La alpargata” no deja de bailar “Paquito el chocolatero”, “El coyote”, los pasacalles, jotas, como “No te vayas de Navarra”... Y no le falta, como debe ser, el chocolate con churros. Es uno de esos ratos de los que no hay que perder y que comparte con su hija, recién llegada de México, Irene Arambarri Aristu, y de sus nietos. A su marido, Jaime Arambarri, lo lleva, además de en el corazón desde que murió, en la imagen de pantalla de móvil, que maneja casi como una quinceañera. Una fotografía de esas de galán de película clásica en blanco y negro con la cara en diagonal suspendida en el aire, como eran las de antes y de la que todos sus hijos y nietos tienen copia.

“Aquí, en el baile, coges el ánimo ya para todo el día. Es un acto muy bonito, de toda la vida. Estas costumbres no se pueden perder”, dice Teresa. Se confiesa, por si había alguna duda, muy sanferminera. “Es algo que llevas dentro”, afirma con todo, con las manos que se dirigen al corazón y con su sonrisa, que pareciera imposible pensar que no es permanente, quizá influida por haber vivido entre flores gran parte de su vida. Porque Teresa tuvo un negocio, “Flores y Plantas San Fermín”, en La Mañueta, cuando su familia vivía en esa calle. “Teníamos un primer piso que llenábamos de flores y llamaba la atención. Cuando pasaban las Dianas, les echábamos caramelos desde la ventana, era muy bonito”, recuerda mientras espera ya con ganas a ‘echar’ los primeros bailes.

De todos los momentos de las fiestas se queda con la Procesión del 7. No se la pierde. “A todo el que viene a casa le obligo a ir”, dice. “Y bien vestido”, apunta su nieto Javier Peña. Por eso no entiende que cuando hace unos días le hicieron una encuesta de parte del Ayuntamiento sobre la importancia de la religiosidad en las fiestas no le dejaran expresar su opinión por ser mayor de 65 años. O quizá, sí, quizá sí lo entiende y eso es lo que le disgustó aquel día. Como que el calendario municipal no tenga referencias al Santo.

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