Imágenes aéreas

Los Sanfermines, vistos desde lo alto

El helicóptero de la Policía Nacional custodia desde el cielo la marea blanca y roja que transforma la ciudad

Foto de Pamplona vista desde el cielo en San Fermín./
Foto de Pamplona vista desde el cielo en San Fermín./J.C.CORDOVILLA

Ikomar Oteiza Pierola

Actualizado el 12/07/2025 a las 00:27

Como cada día durante los Sanfermines, el helicóptero de la Policía Nacional sobrevuela las calles de Pamplona. Chupinazo, procesión o encierros. El pájaro azul no falla a los eventos más multitudinarios del programa, que, sin pasar desapercibido por el sonido de sus hélices, acapara miradas a 150 metros de altura. Durante el trayecto, la tripulación del helicóptero de la base territorial de la Unidad Aérea de Aragón puede analizar cada mínimo detalle gracias a la cámara de alta definición colocada a sus pies. Todo esto, con un objetivo, el de velar por la seguridad de la fiesta. Comprobando que todo funcione según lo previsto, y que no se produzcan altercados.

El reloj marca las 17.30 de la tarde un martes 8 de julio. El sol resplandece sobre el aeropuerto de Noáin y el día transcurre con algo de viento. Ya está todo preparado para el despegue. Los cascos, con aislamiento acústico, permitirán que el viaje sea cómodo, insonorizando el ruido de las palas del rotor. Y los micrófonos, unidos a ellos, facilitarán la comunicación entre los agentes y sus tripulantes invitados. Cinturones puestos y el Airbus H135 comienza a ascender verticalmente. Despacio y sin aspavientos.

En escasos minutos, el helicóptero alcanza un Sadar vacío por la fiesta. Uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad que descansa por San Fermín. Desde lo alto, las calles se dibujan serenas y ordenadas. Se va arrimando al centro, y con él, llegan las primeras imágenes en blanco y rojo.

Ya entrada la tarde, el asfalto comienza a poblarse de vida. Trayectos más comunes: las barracas y los toros. Y mientras tanto, la bandera de Navarra, que preside la plaza de los Fueros, ondea al viento, un símbolo empleado por los agentes para comprobar el rumbo de este. Parece pequeña desde arriba.

La Ciudadela se muestra vacía con el calor de media tarde, aunque en unas horas se transformará llenándose con los fuegos. Por la plaza del Castillo cruzan pañuelos rumbo a la plaza de toros, ya son las 18.00, queda media hora. En los corrales descansan los toros. Y a escasos metros de ellos, la noria gira. Las barracas son fáciles de encontrar desde arriba. Un popurrí de colores en un hueco aparentemente pequeño.

MUY DE CERCA, TAN LEJOS

En la parte de atrás del helicóptero, uno de los agentes maneja la cámara de alta definición. Es impresionante ver cómo, desde tanta altura, es capaz de analizar las caras de los que ya guardan su sitio en el tendido de la plaza de toros.

En un espacio con capacidad para casi 20.000 personas, quién se imaginaría que puede estar siendo observado desde tan cerca. Gestos, muecas y cualquier tipo de movimiento corporal. “Sin ella, nosotros no somos nada”, bromean los agentes refiriéndose a la cámara que les ayuda a mantener el orden en una fiesta tan concurrida.

Ya son las 18.30. En la plaza no cabe un alfiler. Y rodeados de un manto blanco con algún que otro destello rojo, los alguacilillos salen al ruedo. Sombrero con plumas, capas, polainas y botas. Abren el paseíllo como cada tarde. Pero esta es distinta. Están siendo grabados desde el cielo de Pamplona, aunque ellos no lo sepan.

El día avanza y el helicóptero debe volver al aeropuerto de Noáin. Se aleja del centro mientras el piloto se asegura de que los invitados han disfrutado de dicho acontecimiento. Comienza a descender y vuelve a la realidad. Algo habitual para los agentes, una experiencia inolvidable para los dos periodistas que han podido acompañarles.

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