San Fermín
Qué fue de aquellos 'pies negros' que deambulaban por Pamplona
Los Sanfermines de los 80 y los 90 del pasado siglo tenían unos visitantes que deambulaban por la ciudad en una fiesta constante y con vocación de buscavidas. Eran los conocidos como `pies negros’


Actualizado el 09/07/2025 a las 10:13
Crestas, higiene distraída, gesto desafiante, juerga interminable y cuerpos derramados por la calle, en parques y aceras, como improvisado lecho para el “descanso del guerrero”. Y vuelta a la fiesta una vez superada la “mona”. Hace ahora 40 años que los Sanfermines, polo de atracción para personas de todos los pelajes imaginables, empezaban a convertirse en el hogar temporal de un grupo de personas de aspecto punk que vagaban por Pamplona desde días antes del comienzo de las fiestas. Como tribu (urbana) nómada, desaparecían con el ‘pobre de mí’ y reaparecían en otras fiestas del País Vasco. Eran los llamados ‘pies negros’ y eran bien conocidos por los ‘nativos’ pamploneses. Por lo general, no creaban grandes problemas con la ciudadanía. Se dedicaban a recoger lo que otros dejaban, ya fuese la merienda de las tardes de toros, o los ‘katxis’ que rebañaban de las barras de las conocidas entonces como ‘barracas políticas’.
“Podemos hablar de un conjunto variopinto de personas, que iba desde personas en situación de exclusión social, con problemas de alcoholismo o politoxicómanas, hasta aquellos que participaban de ese estilo de vida de manera temporal (estos eran los que más vinculados con la subcultura punk y con vinculación con el movimiento okupa), que durante la época estival eran nómadas que recorrían el País Vasco y Navarra siguiendo el calendario festivo de las fiestas patronales”. Son palabras de Ricardo Feliú, profesor y doctor en Sociología por la UPNA, experto en Técnicas de Análisis Multivariante y Master en técnicas actuales de estadística aplicada por la UNED. Conoció bien este fenómeno. Implicado en varios movimientos sociales, llegó a trabajar en una de las txosnas que entonces se ubicaban en el solar de Yanguas y Miranda bajo el que se ubica la estación de autobuses actual. Ahora, con el paso de los años, aporta una visión académica y también “de campo”, por cuanto convivió de alguna manera con aquel colorido tropel que se movía entre el hedonismo y la autodestrucción.
PARTE DEL PAISAJE FESTIVO
“Los ‘pies negros’ eran vistos como algo exótico, que no generaban grandes conflictos sino que se integraron en el paisaje festivo como un elemento curioso. ¿Qué les atraía de los Sanfermines? No solo era la fiesta, sino las oportunidades que se abrían a la hora de ‘buscarse la vida’”, sostiene Feliú. Aunque la apariencia era completamente punk, Feliú los disocia del movimiento musical y filosófico o conductual nacido, según los estándares, en 1977, de la mano de bandas como Sex Pistols, The Damned, The New York Dolls, The Clash, Ramones, The Dead Kennedys o incluso en el Perú de los años 60, con Los Saicos y su himno fundacional “Demoler”. En España, los grupos seminales más notables se encontraban en el País Vasco, con Eskorbuto, en Bilbao, y en Cataluña, con La Banda Trapera del Río, de Cornellá de Llobregat.
Aunque muchos de los ‘pies negros’ -en realidad, el nombre original se refiere a una tribu indígena de EE UU y Canadá- eran de estética punk, se les puede considerar un subgrupo dentro de aquella escena que triunfó en los 80 en España y que lamentablemente quedó asociada, en muchos casos, a la heroína. Dos de los miembros de Eskorbuto fallecieron víctimas del opioide inyectado. “Desde la sociología y los estudios culturales, los “pies negros” no cumplen con las características que debe cumplir una subcultura. En segundo lugar, está el problema del término. Se desconoce quién utilizo ‘pies negros’ por primera vez para referirse a un conjunto heterogéneo de personas, dentro del cual, el más numeroso eran aquellas con una estética, prácticas y discurso ideológico relacionado con la subcultura punk. Posiblemente, el término venga a raíz de los sucesos que ocurrieron en 1985 en el Aste Nagusia”, narra Feliú.
El episodio al que se refiere el profesor de sociología nos pondría -nunca mejor dicho- los pelos de punta ahora. Tal y como recordaba el periódico ‘El Correo’ en 2018 en un artículo titulado “Y a los punkis les cortaron la cresta”, el Ayuntamiento de Bilbao tomó una decisión drástica en sus fiestas patronales de 1985. La noche del 19 de agosto se iniciaron redadas contra estos grupúsculos por parte de la policía municipal bilbaína. Los metían en el conocido como ‘furgón del pulgón’ y los llevaban a las instalaciones del servicio municipal de desinfección. Les rapaban la cabeza, con las consiguientes quejas de los muchachos, les obligaban a ducharse y les daban blanca y reluciente ropa interior.
Pamplona, afortunadamente, no era tan expeditiva. “Si centramos la atención en la subcultura punk, la década de los ochenta fueron los años de máximo apogeo, más en el País Vasco que en Navarra. Venir a los Sanfermines o la Aste Nagusia (la Semana Grande bilbaína) era como acudir a lugares en los que existían movimientos o espacios festivos afines (por ejemplo, los gaztetxes). Evidentemente, había ganas de fiesta, pero también, tal como señalaba antes, los eventos festivos eran espacios de oportunidades vitales, de buscarse la vida, de supervivencia”, continúa.
LA MAÑANA TRÁGICA DE 1992
Buscarse la vida. Y uno de aquellos ‘pies negros’ encontró en Pamplona la muerte. Fue un accidente trágico, que todavía conmociona recordarlo: dos jóvenes fueron arrollados por una máquina limpiadora la mañana del 11 de julio de 1992. Uno de ellos, José Carlos Abad Ortiz falleció en el acto. Su amigo, Antonio Marqués Alán, que entonces tenía 23 años, quedó malherido.
Ricardo Feliú lo vivió casi en directo. “Entonces, yo tenía 19 años y participaba de manera activa en varios movimientos sociales de la época. En el colectivo en el que militaba entonces tenía una txosna en las barracas políticas, en el solar que había entre la Ciudadela y la plaza de la Paz. Como no era muy fiestero, mi actividad era, sobre todo, de cuestiones relacionadas con la gestión de espacio, pedidos, etc… El día en que ocurrió la tragedia, llegué poco después del accidente. No voy a negar que la situación fue dura y con momentos de tensión por parte de personas que acusaban al trabajador de poco menos que de haber asesinado al muchacho, cuando en realidad fue el conjunto de circunstancias con un fatal desenlace”, rememora el doctor en Sociología.
Al parecer, según cuenta Feliú, los responsables de las barracas políticas habían llegado a un acuerdo con FCC -adjudicataria entonces de la limpieza de Pamplona- para dejar repartida la basura en montones por el recinto. “El problema es que en uno de esos montones de basura dos jóvenes se quedaron dormidos, por las razones que sean. El trabajador no lo vio y ocurrió lo peor. Para mí, es un episodio negro en la historia reciente de los Sanfermines”, lamenta.
Si aquel trágico accidente ocurrió en 1992, los punks llevaban acudiendo a los Sanfermines desde mediados de los 80. Ya en 1987, corrió la voz de un “congreso punk” durante las fiestas pamplonesas, lo que puso en pie de guerra a la sociedad local de la época. Con el paso de los años, el microcosmos de los ‘pies negros’ fue languideciendo hasta desaparecer. “Lo único que queda de ellos son las crónicas periodísticas, las tiras de humor gráfico, las cartas al director de algún ciudadano enfadado por la mala imagen que daban a la ciudad esos muchachos con crestas, imperdibles y ropa a jirones. ¿En qué derivó este fenómeno? Creo que una parte importante se fue diluyendo con la muerte de algunos de sus protagonistas, víctimas del consumo de drogas, otros se vincularon con el movimiento ocupación”, concluye Ricardo Feliú.
"Sí, somos los punkis, los agresivos, los que quieren romperlo todo"


Pamplona, Sanfermines de 1988. Un periodista de ‘Diario de Navarra’ sale a la calle el 5 de julio de aquel año para pulsar el ambiente que se vive en la plaza del Castillo. Allí, se apuestan los conocidos como ‘pies negros’, jóvenes de aspecto punk, poco aseado, que recorren la geografía española de fiesta en fiesta. Así es su vida. Aunque no provocan excesivos problemas -y cuando así ocurría, solían salir mal parados- hacían alarde una actitud destructiva, en consonancia con las convenciones punks, aquello del escupitajo al establishment. Pero eran más supervivientes que otra cosa. De hecho, salían adelante con la ayuda de la gente y con los desechos de comida y bebida que quedaban en la plaza de toros y en la calle. No era una vida idílica. Pero era su vida.
El redactor de este periódico se topa con el grupo de ‘pies negros’ que ya desde la víspera del inicio de las fiestas viven apostados en la calle. “Una foto costó dos litronas: ‘Tú te ganas la vida así. O nos compras dos litronas o no hay fotos’. Volvían a ser los punkis: ‘Sí, somos los punkis, los agresivos, los que queremos romper todo’”, recogía el cronista de este periódico.
CONGRESO PUNK
El fenómeno de los ‘pies negros’ conoció su apogeo a mitad de la década de los 80 y se prolongó al menos una década. En 1987, se rumoreó la celebración de un “congreso punk” en Pamplona con motivo de los Sanfermines. En junio ya se había corrido la voz. Un lector de ‘Diario de Navarra’ se quejaba en una carta al director del anuncio de tan singular evento. “El malestar creado por estas noticias es evidente en todos los sectores de la ciudad. Sin embargo, es posible que asistamos a una verdadera toma de la ciudad por parte de los melenudos y sucios personajes, donde harán de las suyas a lo largo y ancho de las calles, ante la pasividad de quienes debieran impedir sus movimientos”.
Como se ve, aquella presencia no agradaba a una buena parte de la sociedad pamplonesa. Incluso la entonces Comisión de Peñas se apresuró a fijar postura: “No nos posicionamos a priori en contra de la presencia de determinados grupos en nuestras fiestas, siempre y cuando respeten las mínimas normas de convivencia, integrándose en el ambiente festivo de participación popular que impera en las calles”.
Año 1994. El fenómeno de los ‘pies negros’ empieza ya a ser crepuscular. Aunque se habían integrado en el paisaje festivo, seguían provocando voces en contra. “No nos metemos con nadie”, decían entonces. Pero la calle seguía siendo reacia a su presencia. Un pamplonés de 18 años sugería “echarlos fuera de Pamplona”. “Divisas, pocas. Y basura, mucha”, resumía otro pamplonés de 36 años. Aunque los testimonios más furibundos eran de niños. Leire, de 9 años, aseguraba que “son rockeros asquerosos que huelen a vino”. Hoy tiene 35 años.
Patxi Irurzun, escritor: "Eran más bien trotamundos de fiesta en fiesta"


Patxi Irurzun Ilundain (Pamplona, 1969) da con una de las claves que permite aventurar la conversión de aquellos ‘pies negros’, como nómadas de fiesta en fiesta, en un nuevo grupo social: los ‘raveros’. “Quizás podrían equipararse con los nómadas rave, de los que habla la película Sirat, premiada en Cannes”, observa. Ambos fenómenos comparten su condición de nómadas buscavidas con actitud hedonista.
Irurzun es escritor ante todo. Y también bibliotecario. El mundo punk ha aflorado en sus obras con relativa frecuencia. Y en parte, por esa presencia intensa durante varios años de Sanfermines. Y es que los pamploneses que eran niños o adolescentes en los años 80 tenían un primer encontronazo abrupto con esos grupos que vivían, compartían y se peleaban en la calle.
“En el 85, 86, que es cuando tuvieron lugar las mayores afluencias de punkis o pies negros a los sanfermines, yo tenía 16 años y me resultaban llamativos aquellos personajes. Ya empezaba a interesarme el punk, pero esta gente iba más como por libre. No tenían mucho que ver con el movimiento punk de Pamplona, más estructurado, Katakrak, las radios libres, etc. Los pies negros iban con sus perros, tragando fuego, etc., yo diría que eran más bien trotamundos, gente que peregrinaba de fiesta en fiesta y que en realidad la filosofía punk la reducían al tema de la estética y la autodestrucción”, introduce.
FIESTA 'NON STOP'
Si el punk es una crítica enfurecida a la sociedad más adocenada, los jóvenes que llegaban a Pamplona no es que llegasen precisamente con manifiestos bajo el brazo. Quizás tenían más que ver con un espíritu de fiesta salvaje sin fin, que dejaba multitud de muchachos y muchachas encrestados diseminados por los parques, con especial incidencia en la plaza del Castillo. Y esto escocía especialmente a la población pamplonesa. Después de todo, era su “sala de estar” la que se “mancillaba”.
Sea como sea, Patxi Irurzun los ha ido integrado en su universo narrativo. “He usado a personajes de este tipo en algunos de mis libros, en algún cuento que transcurre durante los Sanfermines. Hay uno, por ejemplo en que los punkis y los de las peñas se unen para enfrentarse a la policía. Creo que en su día también corría el rumor de que las peñas iban a pegar a los ‘pies negros’. Igual es otra leyenda urbana. En la última novela de Los Tampones, el grupo de rock radikal vasco, ficciono lo de las detenciones en Bilbao. Y en la primera novela que publiqué, Cuestión de supervivencia (1997), que era una novela negra con un “detective” punk (una parodia de una novela negra, en realidad), hay un personaje inspirado en estos ‘pies negros’, por una parte, y por otra en Manolo Kabezabolo.
¿Unos tirados o espíritus libres? Lo cierto es que no será fácil encontrar pamploneses que los añoren. Como dice Ricardo Feliú, los excesos se llevaron por delante a muchos de ellos hasta que el movimiento murió.