Autora del cartel
Sandra Nadal: "Mi abuela sabía que mi abuelo llegaba a casa en San Fermín porque los vecinos llevaban una flor en la camisa"
Una fachada de La Milagrosa y ropa blanca sacudida por el viento. El arte en lo cotidiano y la historia que encierra un ‘Hogar pamplonica’, el cartel que da imagen a los Sanfermines de 2025


Actualizado el 04/07/2025 a las 23:09
Sandra Nadal Vital (Pamplona, 1990) ha catapultado la casa de sus abuelos, en el barrio de la Milagrosa, a todos los confines del mundo. Suyo es el cartel que da imagen a los Sanfermines de 2025, esa fachada que irradia la poética de lo cotidiano, una Pamplona de verdad, ajena a las fantasías y clichés turísticos. La fachada de sus abuelos es ahora la fachada de San Fermín. Pero Sandra Nadal se asegura de que la intimidad de su abuela, de 98 años, no quede expuesta, que su historia quede tras los cristales. Y es que el ‘Hogar pamplonica’ es eso en definitiva, un espacio íntimo como el de cualquier familia pamplonesa de cualquier barrio, donde conviven alegrías y tristezas, recuerdos y vivencias. Y cómo no, ropa blanca tendida en los balcones durante las fiestas.
“ Mis abuelos son familia y recuerdos bonitos. Recuerdo en verano cuando estaba en su casa y miraba por la ventana hacia Oberena. En el momento que llegaba alguno de mis amigos, me dejaban bajar a la piscina con ellos”, cuenta Sandra frente a la fachada de ese hogar que lo es ya de todo el mundo .
¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza cuando piensa en San Fermín, en las fiestas?
Personas. Para mi las fiestas de San Fermín es ese momento de estar tanto con tu gente, como con todas esas personas que hace tanto que no ves. Sin ni siquiera planearlo, son las fiestas las que te llevan al encuentro.
Dijo que su abuelo (ya fallecido) era un gran sanferminero. ¿Qué le enseñó?
Las mil historias de mi abuelo siempre han partido de conocer e intercambiar momentos con la gente. Mi abuela siempre ha contado que después del día 6, cuando en la Milagrosa veía que la gente llevaba una flor en la camisa, era señal de que mi abuelo estaba volviendo a casa. Compraba un ramo de flores para ella que se había quedado al tanto de los hijos, pero su don de gentes hacía que fuera depositando una flor en la camisa de cada persona con la que compartía una conversación.
¿Su cartel ha sido un soplo de aire fresco en un concurso con carteles muy similares todos los años?
Yo creo que le ha gustado a tanta gente porque es un cartel con el que todo el mundo puede sentirse identificado. Por ejemplo, si hay un cartel en el que hay toros, igual hay personas que no van a los toros y no se sienten identificadas. O igual no van a los gigantes o a los fuegos. Igual han ido mil años, pero este año ya no porque la etapa de su vida es diferente. Así que, en cierta manera, el cartel de cada año excluía a un segmento social en un determinado momento. En cambio, creo que todo el mundo puede sentirse identificado con este, todo el mundo lleva ropa blanca, todo el mundo se viste de pamplonica. Esa era la seña de identidad a la que quería llegar.


Dice que los carteles reflejan cada año la sociedad de cada época. ¿Qué momento refleja su Hogar pamplonica?
En estos momentos en los que la sociedad y nosotros mismos nos obligamos a vivir a una velocidad inconsciente, tanto laboralmente, como en el tiempo libre, en el día a día... Lo queremos todo para ya, para ayer. Y mi cartel refleja un poco la pausa que necesitamos. Esa pausa que necesitamos, esas técnicas lentas, técnicas aprendidas, técnicas... A ese parar, creo que va un poco en reflejo a esa pausa.
UN TAMBOR, TORICO Y FUEGOS
¿Cómo son sus primeros recuerdos de San Fermín?
Con mis padres y sus amigos. Tengo muy buenos recuerdos de ellos. María y yo éramos las 2 primeras hijas de la cuadrilla. Éramos solo dos, pero nunca nos ha hecho falta más; un tambor, el torico de fuego que antes organizaban en El Cali, ver los gigantes a hombros y unos padres fiesteros. ¡Era todo lo que necesitábamos!
¿Cómo describiría el día a día de San Fermín en una casa normal de un barrio de Pamplona como La Milagrosa?
Es un poco lo que quería interpretar con el cartel. A un pamplonica sanferminero le oirás decir que nuestras fiestas son inmensas y esplendidas. Pero en el fondo, la rutina sigue. Es nuestra percepción la que ensalza esos días y hace que sean explosivos. Es nuestras ganas de desconectar, por unos días, del ajetreo y la rutina.
¿Qué legado cree que ha dejado su familia en su concepción de las fiestas?
Lo que decía antes de las relaciones con la gente, de la calle y de compartir momentos. Ya no lo hacemos. O no tanto. O no de una manera tan sana. Ahora estamos con la alerta más puesta, porque el día a día nos obliga a ello. Es una pena.
¿Cómo cree que han cambiado las fiestas que conocieron y disfrutaron sus abuelos respecto a las actuales?
Antes eran más hogar, era la gente de casa disfrutando de sus fiestas. Ahora es mucho más multitudinario, para lo bueno y para lo malo.
¿Cómo ha ido cambiando la vida tras los cristales de la casa de su abuela en San Fermín? ¿Cómo se vive la fiesta con 98 años?
Al final, con esa edad las cosas son muy diferentes. Mira por la ventana a los mozos y sonríe, pero con estas edades no podemos planear nada, es vivir al día a día. Los últimos años en los que ha estado bien y animada, subimos un día la familia al Bar Itziar a comer un frito de gamba, su favorito, y ver el ambiente de un buen vermut sanferminero. El propietario del bar también nació y creció en esas casas de La Milagrosa, y es el primero que hace lo posible para que a mi abuela no le falte “su gambica”.
LOS PATOS DE COLORES
¿Recuerda más historias de su abuelo?
A mis dos abuelos les han gustado siempre mucho los animales. Y mi abuela, que es muy animalista, llevaba a casa los patos pintados que venden en San Fermín para lavarlos. Si no, mueren porque tienen el poro cerrado.
¿Qué cree que ha heredado del espíritu sanferminero de su abuelo?
Tanto a mi madre como a mí -mi padre también, que siempre ha vivido pegado a mi abuelo, a su suegro-, nos gusta mucho vivir la fiesta sin mirar al reloj. Salir y lo que salga. “¿Qué vas a hacer hoy? ¿Vas a ir a comer?” “Pues no lo sé, ya iré, ya veré, ya comeré, ya me juntaré con quien sea y ya disfrutaré del momento...”. Ese día a día, momento a momento, creo que es lo que de verdad nos ha inculcado el abuelo.
¿Se podría decir que no es una sanferminera tradicional, de procesión y toros?
Sí que soy de ir a todo, también a la procesión.
¿Es religiosa?
No, no. Pero es lo bonito. Como mi padre, que va a hacer la javierada y tampoco es por religión. Somos un poco más de tradiciones, vamos a llamarlo así, más que de temas religiosos. El momento en que todo el mundo en el que la gente va a ver a San Fermín nos crea cariño.
Si la Milagrosa es el barrio de sus abuelos, ¿dónde creció usted?
Yo soy de aquí, de Azpilagaña, un barrio muy cercano a la Milagrosa. Oberena ha sido mi piscina y está en La Milagrosa. Mi guardería también estaba aquí cerca, así que aunque yo no haya sido de La Milagrosa en sí, sí que me siento de ella.
SEMBLANZA
Sandra Nadal Vital. Nacida en Pamplona en 1990, es la ganadora del concurso del cartel de San Fermín de este 2025. Su ‘Hogar pamplonica’ supone un soplo de aire fresco en la historia del concurso al mostrar otra cara de las fiestas. La fachada que recrea en el cartel es la de sus abuelos, Antonia Plana, de 98 años, y Miguel Vital. Formada en pintura clásica con Marisol Esparza, trabaja como diseñador gráfica en una empresa de rotulación. Es hija de Txema Nadal, funcionario, y Marisa Vital, que trabaja en una asesoría. Su pareja es Miguel Romero.