Última misa de San Fermín

La Octava de San Fermín, el último adiós

El boato municipal desfiló ayer por las calles del casco viejo para acudir a la última misa en honor al santo

Lo corporativos (en la imagen Caballero, Ibarrolay el alcalde Asiron) fueron obsequiados con flores en su camino hacia San Lorenzo
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Lo corporativos (en la imagen Caballero, Ibarrolay el alcalde Asiron) fueron obsequiados con flores en su camino hacia San Lorenzo
Lo corporativos (en la imagen Caballero, Ibarrolay el alcalde Asiron) fueron obsequiados con flores en su camino hacia San Lorenzo

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Paula Mas Ugarte

Publicado el 15/07/2024 a las 05:00

Los gritos y el alboroto iban aumentando a medida que uno se acercaba a la plaza del Ayuntamiento. Los más valientes, desafiaban a los kilikis y zaldikos sorteando golpes y algún que otro susto. Con una marea rojiblanca que volvió a teñir ayer las calles de Pamplona, nada hacía pensar que se trataba del último día de fiestas, es más, muchos aún se resistían a abandonarlas. La salida de la Comparsa y de la Corporación municipal en el paseíllo previo a la Octava, última misa de los Sanfermines, volvió a congregar nuevamente a miles de personas en el casco viejo y en la capilla de San Fermín.

A las 10.30, los gigantes permanecían inmóviles aguardando la salida del alcalde y el resto de concejales. Entre el bullicio, muchos buscaban refugio en la sombra para esperar el desfile, que comenzó a las 10.45 con gaiteros y txistularis entonando las primeras notas. Tras pasar por San Saturnino y la calle Mayor, la corporación llegaba en cuerpo de ciudad a San Lorenzo. Es decir, acompañada por todo el boato municipal; Comparsa de Gigantes y Cabezudos, gaiteros, txistularis, el grupo de dantzas Duguna, timbaleros, clarineros, la guardia de honor y los concejales vestidos de frac y las concejalas con el traje del Roncal.

UNA CAPILLA ABARROTADA

Ya en el interior de la capilla, los sitios estaban cotizados y muchos aguardaban de pie a la espera del comienzo de la eucaristía. Javier Leoz, párroco de San Lorenzo, comenzó la misa agradeciendo a los pamploneses la devoción por San Fermín. “Un año más, la pasión nos une y llena de alegría todos los actos”, recalcó. “Desde el 7 de julio, por esta iglesia han pasado para que os hagáis una idea 100 personas por minuto, 6.000 a la hora. Eso multiplicado por 8, que son las horas que San Lorenzo permanece abierta, se convierte en muchísimas más. Estas cifras demuestran nuestra fe y ganas de mantener viva la llama de San Fermín”, aseguró orgulloso.

Leoz quiso hacer hincapié en la antigüedad de un acto que calificó de “milenario” y que forma parte del patrimonio histórico de Pamplona. También quiso recordar la buena acogida de la procesión del 7 de julio que, un año más consiguió llenar las calles. “Un acto multitudinario donde confluye el alma de la ciudad, que une y acompaña en el corazón de todos los pamploneses”, sentenció. El ajetreo, congregó también en el interior de la iglesia a turistas que paseaban por la zona. Curiosos, sacaban el móvil para inmortalizar el momento, sin entender qué pasaba. Eso sí, lo que si tenían claro era que a la fiesta aún le quedaban unas horas más antes de dar por finalizada.

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