Baile de la alpargata
De las Pocholas a Hemingway tras despedir a la amatxo
La periodista navarra Judith Torrea Oiz, que en marzo de 2023 recibió en Pamplona la Cruz de Carlos III El Noble por su trabajo en Ciudad Juárez, no imaginaba que un año después le iba a tocar cubrir sus primeros Sanfermines con las cenizas de su amatxo en un colgante de plata


Publicado el 13/07/2024 a las 05:00
Judith Torrea Oiz ( Ilarregi, 2-7-1973) es la única periodista extranjera que informa desde Ciudad Juárez, uno de los lugares más peligrosos del mundo y donde reside desde 2008. Acostumbrada a vivir entre amenazas en una ciudad donde la vida no vale nada y el mayor peligro es estar vivo, cuando en marzo de 2023 recibió en Pamplona la Cruz de Carlos III El Noble no pudo evitar que se le quebrara la voz al hablar de su madre, Paquita Oiz, quien durante años sirvió en el restaurante Las Pocholas. Lo que Judith no podía imaginar entonces era que un año después iba a terminar cubriendo sus primeros Sanfermines desde que tuvo que emigrar para buscar oportunidades como periodista, como le gusta decir, con las cenizas de su amatxo en un colgante de plata que ahora luce con orgullo. Desde que se lo dieron sólo se lo ha quitado para ducharse, “por si se estropea”. Llegó a Pamplona hace ya algunas semanas, justo a tiempo para despedirse de su ama en el mismo hospital, San Juan de Dios, en el que ella vino al mundo. Cáncer de páncreas. Aunque todo fue muy rápido, Judith tuvo la fortuna de poder estar con ella en su último respiro, “un gran privilegio y más cuando vives en el extranjero”. “Mi amatxo me enseñó a luchar sin ella saberlo y, también, a convertir la adversidad en fortaleza. La muerta es parte de la vida. Siempre veo lo positivo en todo y ahora me siento muy bendecida , como decimos en mi querido México”.
De niña, los Sanfermines los pasaba en su pueblo, Ilarregi (Ultzama), y cuando pudo empezar a trabajar ayudaba a su madre a planchar con rodillos en el último piso del edificio de Las Pocholas “aquellos manteles de hilo que ya no se encuentran en ningún sitio”, rememora. “Empezaba después del encierro, a las ocho y media de la mañana, y terminaba a las 8:30 de la noche pero luego todavía tenía fuerzas para organizar el comedor”. Un recuerdo que le hace acrecentar aún más la admiración que siente por su madre y que estos días ha podido compartir con John Patrick Hemingway, hijo de Gregory, el menor del escritor norteamericano que tuvo gran relación con el restaurante. “Sus nietas venían al restaurante y mi madre siempre las atendió”, contaba este viernes Judith.
Su país de adoptación México, está presente en cada rincón de una fiesta, las suyas, en las que cada 6 de julio gente de todo el mundo, sin importar cuál sea la nacionalidad, decide ser feliz. “Es algo impresionante y me está permitiendo descubrir mi propia tierra de una manera diferente. Ojalá todos decidiéramos ser felices todos los días, a pesar de las circunstancia que siempre cambian y pueden ser peores”.