Conciertos

La revolución de una banda azul y un talde drag

La Casa Azul y Maruxak dieron un show futurista y lleno de excentricidades a una multitud entregada en la Plaza del Castillo

Foto del concierto de La Casa Azul en la Plaza del Castillo./
Foto del concierto de La Casa Azul en la Plaza del Castillo./JONAN BASTERRA

Fátima Villalobos Quelopana

Actualizado el 12/07/2024 a las 09:48

Cualquiera que cruzara la Plaza del Castillo a las 22h del pasado jueves 11 de julio se habría volteado a ver el espectáculo que tenían en marcha las Maruxak. Ya fuera para intentar descifrar lo que sucedía o para ponerse a bailar con ellas. El grupo drag de Mendillorri fue el encargado de preparar a la audiencia para una revolución que La Casa Azul de Guille Milkyway haría estallar más tarde.

En una performance vistosamente coreografiada y con cambios de vestuario constantes, el colectivo travesti ofreció un show que hizo vibrar tanto a aquellos que nunca las habían visto actuar como a sus seguidores más fieles. Acompañadas de sus dantzaris, Rita Laperrita y Diana Lamarrana elevaron un popurrí de bailes y lip syncs en un repaso y crítica a los siete pecados capitales. Jotas en plataformas, bailes recreados de los oompa-loompas de la fábrica de chocolate, interpretaciones de canciones infantiles vascas como Alferraren Astea. Aunque la función pueda sonar a “mamarracheo”, su naturaleza transgresora gustó mucho. A Ibon G., de 32 años, le agrada que rompan con la estética cuadriculada de los grupos dantzaris tradicionales. “Ellas dicen: “Vamos a bailar jotas vestidas de drag”. Por su parte, Sergio L., de 35 años, agradece su aparición hace más de 5 años: “Me alegra que en Iruña exista un rollo de este tipo”.

La extravagancia del talde drag solo fue un calentamiento de motores para una audiencia que aumentaba y quedaba a la espera de lo siguiente: el universo futurista de Guille Milkyway. A las 23.45h en punto, los seis de La Casa Azul ocuparon los lugares que se encargaron de hacer suyos la noche del jueves. Con imágenes psicodélicas de fondo y los visores bien puestos, el vocalista del grupo barcelonés soltó un “¡Kaixo Iruña!” antes de entonar No hay futuro, el sencillo con el que abrió una nueva dimensión en la plaza del centro de Pamplona.

La batería electrónica, el teclado, la guitarra eléctrica y la mesa de mezclas alimentaron la excentricidad del electro-pop de Milkyway, quien, a mitad del concierto, recordó a su abuela Maritxu, que era de Pamplona. Emocionado, después de confesar que “viví en Iruña a la distancia desde que nací”, dio entrada a la melodía de Esta noche solo cantan para mí.

Los ritmos de La Casa Azul hicieron vibrar a un público de edades variadas. Isabel Ortega, de 58 años, los vio por primera vez en vivo en su noche sanferminera, pero los sigue desde hace más de una década. “Su entrega al público y su música me alegran la vida”.

Sin embargo, el precio de transportar a una multitud entera a un escenario alternativo es que la energía puede desbordarse. Para su mala suerte, la banda de Milkyway tuvo que pausar durante diez minutos su presentación después de que un apagón de luces interrumpiera El final del amor eterno. Y de nuevo, casi para la 1.00h, cuando ya todo parecía arreglado, en medio de otra interpretación el escenario volvió a apagarse y el grupo decidió concluir con La revolución sexual, la canción número 15 de la noche.

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