San Fermín

Eugenio Salinas: "El encierro me hizo feliz"

Pamplonés de 78 años corrió el encierro todos los días, durante décadas y conserva las fotos que compraba cada mañana después del encierro en Galle

Eugenio Salinas, retratado poco antes de comenzar los Sanfermines, en el jardín de la residencia Amavir Oblatas
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Eugenio Salinas, retratado poco antes de comenzar los Sanfermines, en el jardín de la residencia Amavir Oblatas
Eugenio Salinas, retratado poco antes de comenzar los Sanfermines, en el jardín de la residencia Amavir Oblatas

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 10/07/2024 a las 05:00

Eugenio Salinas Loperena, 78 años, ha tenido un amor y dos pasiones: Osasuna y el encierro de los Sanfermines. En el club fue socio décadas, un rostro familiar en el Sadar; en el encierro era corredor habitual, del 7 al 14 de julio, desde el bar Fitero hasta la plaza de Toros, año va, año viene.

Ahora macera los recuerdos en la residencia de mayores Amavir Oblatas, a orillas del Arga. Arqueando algo la vista se intuye la silueta alta de la ciudad y en ella, la calle Descalzos, donde nació y se crió, en una familia de siete hermanos. Tres emigraron a Canadá y dos volverán este año por San Fermín, después de dos décadas. “¿Por qué corría el encierro? Me hacía feliz”, responde diáfano y suspira. Su mirada regresa por un instante a ese brillo que otorga la felicidad de la que habla.

Calcula que tendría 17 años cuando empezó a correr por afición, por curiosidad. Y ya no lo dejó. En sus 78 años nunca se ha marchado de Pamplona por San Fermín, ni por trabajo, ni por vacaciones. “Eso es pecado”, deja claro. Cuando se casó se mudó a la Txantrea y desde allí subía la cuesta del Labrit camino del encierro. Nunca trasnochó en fiestas. Él lo que quería era madrugar para correr. Guarda varias fotografías antiguas de las que compraba en la tienda de Galle, frente al bar Niza, al terminar el encierro. “Siempre corría el mismo tramo y él se colocaba en la plaza, frente al Callejón”, explica que por eso le captó en varias imágenes.

Imagen de Eugenio Salinas en uno de los muchos encierros que corrió
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Imagen de Eugenio Salinas en uno de los muchos encierros que corrióCedida (Galle)
Imagen de Eugenio Salinas en uno de los muchos encierros que corrió

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En todas se le ve de impecable blanco y rojo, con un periódico en la mano y el reloj en la muñeca. “Y siempre llevaba un limón en el bolsillo”, añade y explica, frente al asombro de la interlocutora: “Sí, son metros corriendo, antes no había tanta gente y eso te permitía abarcar más tramo, pero con mucha excitación y acabas con sed, mucha sed, y el limón te alivia rápido”, razona vestido con un polo de Osasuna, otra de las razones para sonreír.

“Me gustaba mucho correr, no hay otras razones, y siempre en el último tramo, alguna vez probé junto a los corrales de Santo Domingo, pero no me gustó tanto. Me hacía sentir feliz y eso no me lo quita nadie”, explica Eugenio y admite que corrió durante muchos años, no recuerda cuántos. Pero sabe que superaba los 40 cuando lo dejó. No tuvo hijos. Por eso se alargaron las carreras, entiende. En todos esos años solo recuerda un percance, cuando un astado le dio una buena voltereta a la altura de Telefónica. Era un Torrestrella.

Se confiesa muy aficionado a los toros, también a las corridas. Y por lo demás, del programa se queda con las jotas del Paseo de Sarasate. Irán también este año. “En la residencia hay personas que han vivido mucho los Sanfermines y los recuerdos son tan importantes...”, interviene Virginia Aranguren, trabajadora social de la casa.

Eugenio Salinas, en un círculo, en una imagen en torno a 1970
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Eugenio Salinas, en un círculo, en una imagen en torno a 1970Cedida (Galle)
Eugenio Salinas, en un círculo, en una imagen en torno a 1970

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