San Fermín 

Encierro txiki, carreras con vistas a futuro

Cientos de pequeños aprendices a corredores experimentados prueban suerte en el más que icónico encierro txiki de la Cuesta de Santo Domingo. Nervios y ganas de correr unidos al alimón

Los toricos de ruedas suben y bajan la cuesta de Santo Domingo hasta la plaza consistorial, rodeados de jóvenes corredores
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Los toricos de ruedas suben y bajan la cuesta de Santo Domingo hasta la plaza consistorial, rodeados de jóvenes corredores
Los toricos de ruedas suben y bajan la cuesta de Santo Domingo hasta la plaza consistorial, rodeados de jóvenes corredores

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Noelia Gorbea

Actualizado el 09/07/2024 a las 21:49

Adentrarse en el Casco Viejo de Pamplona una mañana cualquiera de Sanfermines equivale a toparse con escenarios únicos a prácticamente cada paso. Especialmente simbólicos aquellos actos, ya programados, donde la pasión hacia una tradición más que arraigada a la ciudad mira con insistencia hacia los más pequeños de la casa. Quizá por ello, por esa intención de dibujar un futuro ojalá predestinado, cientos de padres, gran parte corredores habituales, tratan de inculcar el arte del encierro a cada uno de sus benjamines.

Es ese sentimiento de unidad, pertenencia y cultura al alimón es el que se palpa dos días por año en la Cuesta de Santo Domingo, donde el encierro txiki sigue atrapando adeptos. “Llevo 20 años corriendo y salvo un año un susto, los demás muy bien”, explicaba Joan Jiménez en compañía de sus dos hijos, Aitor y Jordan. “El año pasado vinimos con el mayor por primera vez, que tenía 5 y este año con el pequeño, con 2. Para hacer cantera”, añade, dejando claro que la madre “no lo tiene tan claro”. 

GRANDES SENSACIONES

Y con esa finalidad de convertir a los jóvenes aprendices en corredores experimentados, la responsabilidad, los cánticos, la solemnidad... deben estar presentes. “Es una manera de crear cultura, de hacer entre ellos los calentamientos previos... es muy real y no hace falta contárselo, sino que lo ven y lo viven”, valora Ramón Echeverría, también corredor. “Y PTV, remarca.  

En cuanto a los más pequeños, protagonistas absolutos desde la hornacina de Santo Domingo, con San Fermín y su capotico, hasta la misma Plaza Consistorial, correr deprisa es la mejor de las respuestas. “Veo el encierro en la tele, pero soy rápida, por eso vengo”, declara Blanca Alfonso en compañía de su hermano Enrique y su tío Javier Gorri. “Me parece muy bien que el programa incluya actividades de para los niños y que el encierro no sea solo cosa de mayores”.

Y con esa puntualidad suiza de un encierro tradicional, el txiki arranca tras el cántico. Castellano, euskera y a tratar de que no haya cornadas. O no excesivas. “Vamos despacio y nos acoplamos a los niños, a su velocidad”, sostiene Isou Alonso, corredor y voluntario del encierro txiki. “Estamos 18 personas para llevar los toros (9) y otros ocho o nueve como pastores para completar dos pasadas con padres y dos sin ellos”, detalla Iosu.

Incluido un puesto sanitario para atender a los ‘corneados’. “El dispositivo sanitario se mantiene, como en los actos de San Fermín que lo requieren, y, en proporción, hay más atenciones en el encierro txiki que en el convencional”, bromeaban en Cruz Roja, haciendo referencia a curas menores por caídas en los adoquines. “Sobre todo les pasa al bajar”.

Carreras especiales, con la adrenalina disparada y el corazón latiendo hacia un futuro que, sin duda, apunta maneras.

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