José Antonio Ramos, el mozo al que una vaquilla le rompió la femoral: "Creí que no era nada, que al día siguiente podría correr el encierro"

A José Antonio Ramos Romero una vaquilla le rompió el lunes la femoral, el caso más grave de todos los heridos

uan Antonio Ramos Romero, en la cama del hospital, junto a su amigo José Manuel Velado López.
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Juan Antonio Ramos Romero, en la cama del hospital, junto a su amigo José Manuel Velado López
uan Antonio Ramos Romero, en la cama del hospital, junto a su amigo José Manuel Velado López.

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Myriam MunárrizNoelia Gorbea

Publicado el 09/07/2024 a las 20:02

Desde 2019, salvo por el paréntesis de la pandemia, José Antonio Ramos Romero viene todos los Sanfermines desde Moguer (Huelva) con un grupo de amigos para, en cinco días, disfrutar de la fiesta y los encierros. “Pero disfrutamos con cabeza, no trasnochamos y para descansar tranquilos nos solemos alojar fuera de Pamplona. Este año, en Zizur”, apostilla su amigo Juan Manuel Velado López. Y desde entonces, hasta el lunes, nada reseñable delante de los astados. Siempre desde Estafeta hasta la plaza de toros. “Y ya nos quedamos allí con las vaquillas para soltar la adrenalina del encierro”.

La carrera de los Cebada Gago comenta que la vivió con más tranquilidad de la esperada. “Piensas que va a ser más movida por la fama de peligrosa de la ganadería”. Creyó que, un día mas, había salido todo bien. “Y ahí estaba yo con el subidón y la alegría de haber corrido tan bien delante de los Cebada Gago”, recuerda. La primera vaquilla, dice, la recibió a la salida. “Con los muchachos en el suelo y yo por ahí cerca. No es habitual que me exponga tanto”.

A PORTA GAYOLA 

Pero el lunes 8 de julio era diferente por ese encierro redondo ante una de las ganaderías con más riesgo. “Así que con la segunda vaquilla, llamé a un amigo y le dije, vamos a recibirla casi a porta gayola. Con tan mala suerte de que me quedé más de la cuenta, ella enfiló hacia mí y me dio de lleno, entre la ingle y el muslo. Pensé, bueno, lo he podido frenar, no ha sido nada. Es que ni me ha tirado al suelo. Ahora busca a los sanitarios para que te curen cuanto antes y así mañana puedas correr el encierro. Porque creí que si me quitaban la hinchazón podría ir”.

“La vaquilla nos dio a los dos. A mí en el tobillo. Y no me pareció tan grave, parecido a lo que me había pasado a mí”, añade su amigo con el golpe aún hinchado. Los sanitarios, sigue narrando José Antonio Ramos, le indicaron para que se acercara. “Y cuando salto la barrera, me noto entre el muslo y la ingle un bulto muy grande, como una pelota de tenis. Y las dos chicas que me atienden me dicen que puede ser rotura de una vena, que posiblemente me tengan que extraer un poco de sangre”.

Ahí le comienza a bajar la tensión. “Me siento en las escaleras, cogen una camilla y me meten a la enfermería”. A pesar de que ya intuye que no ha sido un golpe de nada, la visión de un personal sanitario amable y eficiente - “espectacular como han sido conmigo”, los define- le tranquiliza. “En un principio, cuando me exploran no noto nada, ni dolor. Pero al poco empiezo a sentir en la pierda derecha adormecimiento y daño y los médicos comenzaron a preocuparse. Y en la resonancia se ve que tenía la femoral obstruida (se había interrumpido el flujo de sangre a la pierna) y que había que operar de urgencia. Como los toreros, igual que a Borja Jiménez, sólo que él salió por la puerta grande y yo por la chica”.

Ni se plantea dejar el encierro. “Es que son dos cosas muy diferentes a la suelta de vaquillas. El encierro es adrenalina, es esperar todo el año a ese momento. Antes de la carrera piensas en todo, en la familia, en el trabajo (es agricultor de fresas y frambuesa), en San Fermín...”. Su amigo, con el apuro ya pasado, sonríe al recordar las vaquillas. “Quisimos hacer una medio capea y, mira, nos salió fatal”, dice Juan Manuel Velado.

José Antonio Ramos se siente muy agradecido al personal médico que le atendió en la plaza. “Tras los nervios iniciales, luego me explicaron muy bien todo lo que me iban a hacer en la operación y me tranquilizaron mucho”, comenta. Ahora, le toca esperar dos o tres días más de los previstos en Pamplona, y encima, en una cama del Hospital Universitario de Navarra. “Me voy con herida de guerra, sí, pero que no es por asta de toro”.

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