San Fermín 2024

Una plaza vuelta al aire

Una mar de olas humanas acompañó a Duguna en un cohete multitudinario, que se quitó el frío de tanto saltar

Varios mozos airean a otro poco antes del Chupinazo este 6 de julio.
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Varios mozos airean a otro poco antes del Chupinazo este 6 de julio.
Varios mozos airean a otro poco antes del Chupinazo este 6 de julio.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 06/07/2024 a las 19:56

La plaza amaneció seria, como si fuese 2 de febrero o 3 de marzo, con el termómetro para pocas bromas, raspando 15 grados. Vestía plomiza y fría, igual que cualquier día de andar por casa en Pamplona. Y acabó el mediodía desparramada de alegría, con el corazón desbocado hacia quién sabe dónde, con las penas olvidadas en el adoquín húmedo tras una noche de tormenta. Bastó que los dantzaris de Duguna prendieran el cohete para que miles de almas se pusieran a bailar. Hacían como que saltaban, pero a buen seguro danzaban al compás. En el balcón, los 75 años de Iruñeko Dantzariak, el grupo de danzas municipal, hicieron historia de manos de Aritz Ibáñez, Itxaso Martínez de la Pera y Ángel Arana. Se acercó al micrófono el primero: “Iruindarrok!”. Le siguió ella: “¡Pamplonesas! ¡Pamploneses!. Después el ¡Viva San Fermín! de Aritz, el Gora! de Itxaso y el cohete al que dio fuego Ángel Arana, el más veterano entre los tres. Junto a ellos, alcalde, concejales e invitados se arremolinaban intentando tocar barandilla, como quien quiere coger toro en el encierro, en el balcón del segundo piso y sobre todo en el primero. Entretanto, los protagonistas del Chupinazo desviaban la mirada hacia la derecha, la elevaban y saludaban a la treintena de compañeros situados en Casa Seminario, en la cuarta altura. Les faltaban manos y pañuelos, pero era como una Soka dantza imaginaria de un día de San Juan o de San Blas.

DESALOJO DE LA PLAZA

La fiesta había comenzado dos horas antes en la plaza del Ayuntamiento. La policía la desalojó en torno a las diez de la mañana y desde entonces los accesos estaban controlados por agentes. Revisaban bolsos, mochilas, desechaban cualquier rastro de vidrio y objetos punzantes. Y advertían que no se podían abrir paraguas. Algún policía fue más allá y prohibía entrar con ellos.

La plaza se llenó más rápido de lo habitual y también más. O porque era sábado, o porque la pandemia se ha olvidado, tal vez porque han vuelto visitantes americanos y australianos, porque dejó de llover o por un cúmulo de circunstancias, pero coincidían unos y otros en que no cabía un alfiler y el mar de almas apenas contenía el aliento en las olas humanas que iban y venían. La plaza mudó pronto del blanco al rosa, los globos volaban y cada uno se acomodaba como podía. En una de las tablas del vallado se colocaron desde dos horas antes del cohete Margaret Mercadal, su pareja y dos amigos. Llegaron desde Ciudadela, en Menorca. “Es la primera vez que venimos, nos hacía muchísima ilusión. En casa siempre veíamos el chupinazo por televisión y cada mañana teníamos el hábito de levantarnos para el encierro con los niños”, apuntaba con el pañuelo rojo en la muñeca con su nombre y un San Fermín bordado. El santo fue protagonista de los escasos cantos pre-cohete. Las gargantas estaban este sábado  tan apretadas, que apenas había margen de voz. Y el otro aludido fue Mbappé, el futbolista galo no parecía muy querido en la plaza.

Los que tampoco faltaron fueron los de siempre, poco disimulados con sus gorros y camisetas impolutas. Un grupo entró desde Mercaderes, pasadas las 11.30 horas. Mientras la gente saltaba, ellos ocupaban posiciones, como si llegaran del ejército. Sin inmutarse. Al tiempo elevaron con las cañas una pancarta con el lema ‘Etxera’, por los presos de ETA y luego desplegaron cartelería diversa: la ikurriña con Gora Herria.... y este sábado también banderas palestinas, como quien pone a la misma altura situaciones dispares. Por la cuesta de Santo Domingo se hizo sitio a empujones, apenas cuando faltaba un cuarto de hora para el cohete y la plaza estaba repleta, otro grupo de personas, estas tocadas con gorros azules. Lograron llegar al centro y abrieron diferentes pancartas, una de Indar Gorri, dando ánimos a Fabio: ‘Eutsi gogor, Fabio. Maite zaitugu’ .

Los lemas se diluyeron por la fuerza de la fiesta más pura y siguió el bullicio, el pamplonés. Nada más dispararse el cohete sonó la primera pieza de los Sanfermines la ‘Biribilketa’ de Gainza, interpretada por la banda municipal La Pamplonesa y los txistularis. Se toca en el zaguán y desde allí salieron como pudieron los policías municipales para hacer pasillo a los músicos. Primero los txistularis, dirigidos por Fermintxo Garaikoetxea, de la banda municipal, con ‘Agur Jaunak’, una obra que da honores y respeto y se escucha en silencio, aunque esto último es harto difícil un 6 de julio en Pamplona.

Tras ellos, los 200 gaiteros que convierten la plaza en gominola. Los dirigió Martín Ariztimuño, integrante de la banda municipal, y ya los primeros acordes del popular ‘Ánimo Pues’ colocaron miles de manos tiesas como batutas y encogieron hasta el corazón helado. Emoción a borbotones y pelos como escarpias.

La riada de gaiteros enfiló la calle Mercaderes y salieron después más gaiteros, con el ‘1 de enero, 2 de febrero...’. Por último, la querida banda La Pamplonesa. La fiesta había gastado ya tres cuartos de hora y la plaza se recuperaban como quien respira cuando la casa se vacía después de una fiesta de cumpleaños.

Los últimos en desfilar, quienes devuelven a la plaza su brillo, los operarios de la limpieza.

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