San Fermín 2024

La gaita estuvo a punto de desaparecer en Pamplona

En el siglo XVIII “la aportación de gaiteros foráneos es la base del consumo urbano de gaita”

Fotografía tomada en 1924
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Fotografía tomada en 1924
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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 04/07/2024 a las 05:00

La gaita estuvo a punto de desaparecer en Pamplona. Lo describe minucioso el libro Gaiteros en Pamplona y Gaiteros de Pamplona (1993), editado por el Ayuntamiento de la ciudad. En el volumen, los autores, miembros de la banda que no firman a título particular, describen, situados a mediados de la década de los 60 del pasado siglo, que “la ciudad no genera gaiteros. Puede sostener bandas, orfeones e incluso una Sinfónica, pero es incapaz de producir no ya gaiteros buenos, sino simplemente, gaiteros”. Y la historia se desliza luego años atrás. En el siglo XVIII “la aportación de gaiteros foráneos es la base del consumo urbano de gaita”. Destacan entre ellos los miembros de la familia Luzuriaga. Y durante la primera mitad del XIX los Luzuriaga y los gaiteros de Puente aseguran la presencia del instrumento. Afirman en el libro, producto de una tarea investigadora, que Cenón Iribarren “es el primer gaitero al cual legítima y documentadamente podemos llamar de Pamplona”. A éste le suceden otros hasta final de siglo en que la gaita de Nicolás Virto da paso a la de Jesús Lumbreras: “En el siglo XX los Lumbreras, Salanueva y de manera crepuscular Moreno y Mondéjar aseguran la pervivencia del instrumento”. El último gaitero local fue Jesús Mondéjar Cruz, de algún modo quien mantuvo el cordón umbilical para que el instrumento no se diluyera en la historia. Hacía pareja con su hijo Jesús María Mondéjar Induráin al tambor, un entrañable personaje pamplonés conocido como ‘Tocamari’ y aún recordado por tantas personas. Completaba el grupo un segundo gaitero, Felipe Induráin Iparraguirre, hermano de la mujer de Mondéjar Cruz. El relevo lo establecen los gaiteros de Estella hasta que en los 70 se ponen las bases de los actuales gaiteros de Pamplona, vinculados a la actividad cultural del Ayuntamiento. Los hermanos Fraile, José Luis, Mikel y Elena forman otra saga en esta nueva era. Cuando los hermanos Fraile comenzaron a tocar hacía ya 17 años que Mondéjar había fallecido y quedaba entonces un solo gaitero en la ciudad, Manolo Lizasoáin, aunque ya no participaba de la música en la calle. De este modo, explica que fueron los hermanos Lacunza, Javier y Fernando, quienes trabajaron para recuperar el instrumento entre los pamploneses. Ellos son de Bilbao, pero con raíces y mucho vínculo en Navarra y no dudaron en enseñar a las nuevas generaciones. El libro mencionado repara también en ello: “En el año 66 ocurrió algo que solo recordaban los más viejos de la ciudad: un par de gaiteros jóvenes, con su tamborilero, desembarcan en Pamplona y sus Gigantes”. Son los hermanos Lacunza, que tocarán con los estelleses Elizaga, Montero y Pérez. Los Lacunza habían escrito una carta al Ayuntamiento ofreciendo sus servicios como gaiteros y para su sorpresa, el consistorio les aceptó encantado, en igualdad de condiciones que el resto de gaiteros”. “En aquellos entonces, todavía alguien de Bilbao era un poco raro en Sanfermines”, apuntaban testimonios recogido por los autores. En 1974 tocan por primera vez los hermanos Fraile con los Lacunza, Ibáñez y Aguirre. Y en 1975 se recupera la Banda de Gaiteros municipal: Gaiteros de Pamplona. La jornada de los gaiteros en Sanfermines es hoy casi tan larga como horas tiene la fiesta. Empiezan con las dianas antes del encierro por la calle Estafeta, “donde siempre hay un punto de emoción”. Poco después de las 9 de la mañana ya están con la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la algarabía de niños. Siete grupos de gaiteros salen cada día. Gaita primera, gaita segunda y percusión forman cada grupo. Y por la tarde van a los toros. “Y aunque el espectáculo que está en el ruedo no nos gusta demasiado, estamos allí también”, apunta José Luis Fraile. “Otro momento precioso son los bailables de la Plaza del Castillo”, que suenan en Sanfermines y cada martes y jueves entre los meses de junio y septiembre. La banda municipal la forman una docena de gaiteros que no tiene plazas fijas, son músicos que colaboran, entran y salen.

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