Mis fiestas
"¿Cuánto me sableas por un abanico?" El 'IPC' de los Sanfermines
El gasto conduce a la mejora de las economías. ¿Seguro?


Actualizado el 12/07/2023 a las 14:24
Martes, 11 de julio. 13.00 horas. Cuarenta mil grados al sol, como poco. Hinchables de Conde Rodezno, actual Plaza de la Libertad, fila de las camas elásticas. El 'cuñao' Toñín y el menda lerenda guardan pacientemente fila para que Ainara y Nago puedan saltar en el estreno de las fiesta sanfermineras. Se han levantado a las 06.00 para viajar más de cuatro horas y poder ver a la tía Gema y al tío Fran y disfrutar de los Sanfermines.
Sonriente, cargado con una tabla de la que se derraman taitantas mil gafas de taitantos mil colores en una mano se acerca un amable autónomo callejero de los que pueblan las calles de Pamplona durante los Sanfermines. En la otra una bandeja, pero sin pinchos. Con abalorios, lucecitas, llaveros, gorros y... ¡abanicos! Mis ojos no pueden apartar la vista del abanico, de los abanicos, de sus colores básicos pero sugerentes...
- ¿Cuánto me sableas por un abanico?
- Cinco euros.
- ¡Oye, que no soy ministro! Hazme precio de asalariado, anda.
- Cuatro euros. No puedo bajar más...
Clavo mis ojos en los suyos. No es posible regatear más, no estamos en un zoco marroquí. Precio cerrado. Giro el cuello hacia la afectada, que junto a Vanesa se resguarda bajo un matorral, ambas rodeadas de volutas de humo. La verdad es que el calor es insoportable, inclemente, pegajoso...
- Venga. Dame uno. Blanco.
Un mozo que aguarda la fila observa divertido la jugada. "Verás cómo lo compras y empieza a hacer frío", me dice con una sonrisa. "Fijo, esto es como cuando lavas el coche, que a renglón seguido se pone a jarrear". Rebusco en la cartera, pero entre mis exiguos caudales no hay cuatro euros sueltos. Echo mano del papel y le entrego un billete de 20 lereles. Lo agarra, me va a dar cambios y se da cuenta que no tiene.
- Hazme un Bizum si quieres. - Me dice.
Y yo con el móvil en casa, que la gente te lo roba y te pide rescate por el mismo. Bizum, flipo en colores, blanco y rojo concretamente. Rediez, cómo anda el autonomismo foráneo, me digo, antes de echar mano de la paciencia del cuñao y pedirle monedas para completar la transacción. Y la completo, que encima he conseguido precio de saldo.
Me dirijo a la dueña de mi corazón y le entrego el abanico, obteniendo como pago una sonrisa picarona y el obligado beso. Momento de buscar avituallamiento líquido. "¿Tomamos algo mientras las enanas brincan?". "Dale". Miro a los bares cercanos, imposibles. Solución, al otro lado del estanque, donde arranca Carlos III, hay una tienda de comestibles y "bebestibles". Allí que me dirijo acompañado de Toñín.
Entramos. Nos acercamos a las neveras. Una cocacola, un 7UP, dos aguas y dos Estrellas de Galicia, tierra de meigas. Ocupamos plaza en la fila, un hombretón delante con acento extranjero paga un helado Pirulo. Nos toca. Levanto la vista y, tras la dependienta, los veo. Abanicos, blancos y rojos, mismo modelo, mismo tamaño.
- Perdone, sólo por curiosidad, ¿a cuánto vende los abanicos?
- A 2,75 euros.
Sapristi. Recórcholis. Pamplinas. Mecachis en la mar salada. Me han sableado, me han esquilmado. Luego que el Banco Europeo alerta de la contención del gasto, de la crisis de la guerra de Ucrania, del avance del IPC. ¿No van a avanzar los precios si los autónomos te cargan casi un 50 por ciento por un abanico? Seré gilipo...s.
¡Viva San Fermín!