La cantera de San Fermín
El heredero del vallado
Con 19 años, Asier Macuso es el miembro más joven de la carpintería Hermanos Aldaz Remiro durante las fiestas. Montar y desmontar el vallado se remonta hasta su bisabuelo


Actualizado el 02/10/2023 a las 19:53
Desde hace tres décadas, los Macuso han ocupado un lugar privilegiado y trabajoso durante las fiestas de San Fermín, con los toros a un palmo de narices, tan solo separados por el vallado que ellos han montado junto con otros compañeros de la carpintería Hermanos Aldaz Remiro S.L. Jose (bisabuelo), Jesús (abuelo), José Mari (tío) y Alfredo (padre) forman parte de una saga que ahora también nutre Asier (19 años, Rochapea).
Su bautismo en los postes el año pasado llegó con un “tranquilo” de su tío . “Que estos son tres segundos”, recuerda Macuso las palabras de José Mari. Se dice que de tal palo tal astilla, en su caso, de tal poste de 40 kilos.
Levanta ese peso y otros tantos desde las cinco y media de la mañana: una hora de trabajo antes del estallido del encierro. La técnica, cómo no, la aprendió de su tío: “Hay que ponerse siempre en el medio del poste y ya lo coges. Si lo haces desde atrás, no puedes con el peso “, explica.
Junto con su padre y su tío, Macuso tarda una hora en montarlo y media en desmontarlo. Ellos se ocupan de la curva de Mercaderes. “Para mí, es la parte más importante. Hay que asegurarse que esté todo bien montado. Igual el toro se resbala y el vallado tiene que aguantar el impacto”, cuenta.
La curva desde la que Macuso observa e informa al resto de compañeros del devenir protagoniza uno de los momentos más emocionantes del recorrido: toros que se tropiezan e impactan con sus 600 kilos justo debajo de Macuso. El tamaño, a esa distancia, da respeto: “La primera vez en el vallado eché un paso atrás. Vi enormes a los toros”, rememora. La experiencia le ha servido para coger tablas y llegar más preparado.
Macuso clava los pies en el lugar que ocupará durante los ocho encierros. Todavía solo está la marca de los agujeros donde deberán ir las partes, pero ya “vienen los nervios”. Él se coloca el primero desde la izquierda de la curva, seguido de su padre y después su tío. Cuando se le pregunta los trucos para que el trabajo salga bien, no vacila: “Hacer caso a todo lo que me dicen”.
A la tradición familiar se le añade una promesa: “Le prometí a mi abuelo que iba a trabajar en esto”, comparte. Cada mañana, antes de que se abran las puertas y asomen los cuernos, dice: “Miro al cielo y se lo dedico a mi abuelo”. Le rinde homenaje en la catedral familiar.
Este año puede disfrutar un poco más de la fiesta con la Peña Bronce: “Como trabajo solo por la mañana, se me va a hacer más fácil compaginar. El año pasado fue más difícil porque no podía hacer nada por la tarde. Era solo dormir, dormir y dormir. Pero este año puedo salir por la tarde”. El turno de mañana le permite ir a alguna comida y salir por la tarde, pero con responsabilidad porque a la hora marcada hay que presentarse descansado y “sin una gota de alcohol en el cuerpo”.
El madrugón es una mezcolanza de pereza y ganas, pero sobre todo un orgullo por continuar con aquello que sus antecesores levantan desde hace décadas y, de momento, parece que lo harán otras tantas. Su hermana Eunate tiene 13 años y quiere sumarse: “Nos suele preguntar a mi padre y a mí cómo es esto”, cuenta. Ya le han dicho que todavía faltan unos años. La sucesión está bien sujeta.
EN FRASES
“La primera vez en el vallado eché un paso atrás. Vi enormes a los toros”
“Miro al cielo antes de que empiece el encierro y se lo dedico a mi abuelo”
DNI
Asier Macuso Alcate (19 años, Rochapea) nació en Pamplona el 24 de noviembre de 2003. Realizó una FP básica de electricidad y electrónica en Salesianos. Desde 2017, forma parte del equipo de árbitros de la Federación Navarra de Baloncesto y también trabaja como camarero en el bar San Gregorio. Una de sus mayores pasiones es la NBA.