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Recuerdo

Un abrazo 13 años después

Nacho Sánchez, técnico de Cruz Roja que atendió a Daniel Jimeno, corredor fallecido en el encierro del 10 de julio de 2009, saludó por primera vez a sus padres. “Fue muy rápido, no pudo sentir dolor”, les trató de aliviar, expertos como son en curar heridas

Ampliar Juan Antonio Jimeno y Nacho Sánchez, técnico sanitario de Cruz Roja.
Juan Antonio Jimeno y Nacho Sánchez, técnico sanitario de Cruz Roja.p.f.l.
Publicado el 11/07/2022 a las 06:00
El duelo por la muerte de un hijo no acaba de cicatrizar. Pero hay gestos que lo alivian: una palabra, una caricia, unas flores. Mari Carmen y Antonio, los padres de Daniel Jimeno Romero saben de eso un rato. Cada 10 de julio desde que su hijo recibió en 2009 una cornada mortal en el encierro regresan al poste 66, en la curva de teléfonos. Van pronto, antes de las 7, colocan un ramo de flores rodeado de un pañuelo rojo con los fallecidos en el encierro. Y se van arropados por el aplauso de Pamplona.
Pero ayer vivieron un encuentro especial. Nada más acabar el encierro volvieron al poste. Habían quedado con Jonathan Aceituno, amigo de Daniel que le llevó flores en nombre de la peña Puerta de Alcalá. Nunca había estado en Pamplona. “Pero ahora he venido por cuestiones de trabajo y quería dejarle un ramo”, explicaba. Emocionado, saludó a los padres. Y al poco se acercó Nacho Sánchez Rivas, técnico sanitario de Cruz Roja. Fue quien atendió a Daniel Jimeno hace trece años, tras ser empitonado por el jandilla Capuchino. Nunca había hablado con los padres de Daniel. “Yo vengo al recorrido algo más tarde y por eso no hemos coincidido hasta hoy. Solo quiero que sepáis que fue todo muy rápido, que ni siquiera pudo sentir dolor, su rostro estaba tranquilo, venía hasta guapo, limpio. Me acuerdo del jersey de rayas”, concedía emocionado al padre de Daniel. Y éste respondía: “Sí, ese polo lo llevó a una entrevista de trabajo. Le contrataron, por eso se lo puso para correr”. Nacho lleva 29 años en encierros, unos 20 en Telefónica. Es el encargado de solicitar las ambulancias. “En todo este tiempo fue la única vez que utilicé la palabra urgente, con él todas las líneas se silencian. Hicimos lo que pudimos y solo pedíamos que saliera adelante. Que se salvara. No pudo ser. Era la aorta”, describía crudo el momento que aún le asalta en la esquina de los recuerdos malditos. Lo vivió junto al médico de SOS Navarra Alfredo Echarri; Mari Jose Valencia, de Cruz Roja y un policía municipal. 
Los padres de Daniel emprendieron viaje de vuelta, arropados por corredores habituales y con la liturgia de corredores que besan el poste o se santiguan ante él. Otro altar en el encierro.
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