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San Fermín 2014

Los corralillos del Gas cumplen una década

  • Se construyeron de modo provisional y su nombre se debe a que se asentaron en la fábrica de gas que iluminaba la ciudad.

 

Una joven toma una fotografía a través de un cristal de varios de los toros de la ganadería de Garcigrande, este miércoles
Una joven toma una fotografía a través de un cristal de varios de los toros de la ganadería de Garcigrande, este miércoles
efe
Los corralillos, construidos de modo provisional hace una década
Los corralillos, construidos de modo provisional hace una década
kike fernádez
  • J.P.E. PAMPLONA
Actualizada 14/08/2020 a las 09:43

Los corralillos del Gas, ubicados en el barrio pamplonés de la Rochapea, cumplen estos Sanfermines una década de vida. La actual infraestructura, que se construyó con un carácter provisional, vino a sustituir unos corrales centenarios, cuyo derribo comenzó en abril de 2004. Lo que permanece intacto, sin embargo, es el nombre de estas dependencias para los toros de San Fermín, que este fin de semana ya han comenzado a ocuparse y que han abierto al público este miércoles.

EL NOMBRE Y LA TRAGEDIA

Los corralillos del Gas deben su nombre a que se edificaron sobre la antigua fábrica de gas, que se usaba para encender los faroles que iluminaban la capital navarra. Cuando llegó la electricidad, la fábrica cayó en desuso y en 1899 inauguraron en su lugar los corralillos.

Hasta este espacio trasladaban a los morlacos que iban a ser lidiados en las corridas de toros de las fiestas. El desencajonamiento fue un acto público hasta 1960. De hecho, llegaron a instalar tribunas para unas 1.500 personas que pagaban por ver el espectáculo.

En aquellas paredes, a su vez, se vivieron momentos bien difíciles, tal y como recuerda desde La Meca, Miguel Ángel Alústiza. Se refiere al desencajonamiento de 1979, cuando un morlaco corneó a un empleado de la Casa de la Misericordia, Florentino Huarte. "Esperábamos aquellos Sanfermines con mucha ilusión, después de lo que había ocurrido en los de 1978. Pero toda esa ilusión se acabó con el primer toro del desencajonamiento", rememora Alústiza.

Aquellas instalaciones también están muy ligadas a la vida de Ignacio Aldaz, de la empresa que coloca el vallado del recorrido del encierro. Desde hace más de 20 años, los corralillos constituyen el escenario de su fiesta. Una tradición que sigue su hijo Xabier. En concreto, todos los días acude allá a las 4 horas y ahí vuelve a estar a las 23 horas. "Los antiguos corralillos se conservaban peor. Además, había casas cerca y siempre teníamos que estar pendientes de los vecinos cuando salían los toros", comparte.

UN EDIFICIO PROVISIONAL

Fue en abril de 2004 cuando las máquinas excavadoras hicieron añicos aquellas instalaciones. Un derribo que estuvo enmarcado en un debate sobre el posible traslado de las nuevas dependencias a otro espacio distinto al que tenían desde hacía más de 100 años. En 1993 los técnicos municipales redactaron un proyecto para trasladar los corrales a Trinitarios, junto a la gasolinera de Discosa.

La iniciativa contó con el visto bueno de los grupos municipales. Las objeciones, en cambio, llegaron por parte de los taurinos por las complicaciones que la nueva ubicación suponía para el traslado de los morlacos. Finalmente se descartó ese destino y se abogó por construir unos corralillos de carácter provisional, a pocos metros de los anteriores, hasta que la Meca y el Consistorio acometieran los definitivos en las orillas del Arga.

Este 2014, sin embargo, aquellos corralillos provisionales cumplen una década. Lo hacen luciendo unos graffitis llamados San Fermín y Taurología XL. Unas obras seleccionadas en un concurso municipal y realizadas la primera por Carlos Cenoz y la segunda por Pedro Sahelices, Rubén Daniel Martínez y Xabier Angós.

En su interior, Aldaz guarda desde hace dos años las maderas del vallado del encierro. Un recinto que se vio afectado por las inundaciones del pasado año y que tuvieron que retocar. Hoy, hasta ese espacio se acerca la gente para ver a los toros que llegan para las corridas. Es lugar de cábalas. Y, para los astados, una zona de "relax" en la que recuperar los kilos perdidos en el camino hasta Pamplona.



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