José Aldaba, la voz del encierro, el eslabón de Cruz Roja

El hueco que José Aldaba deja en Pamplona es una muestra de su profesionalidad, que no solo será recordada en el parte de heridos, sino en cada San Fermín

José Aldaba Legazpi junto al vallado de Telefónica, desde donde daba el parte de heridos de cada encierro de San Fermín
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José Aldaba Legazpi junto al vallado de Telefónica, desde donde daba el parte de heridos de cada encierro en San Fermín
José Aldaba Legazpi junto al vallado de Telefónica, desde donde daba el parte de heridos de cada encierro de San Fermín

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Ikomar Oteiza Pierola

Publicado el 07/07/2025 a las 07:46

Como cada mañana durante los últimos 21 años. Ahí estaba Aldaba un San Fermín más, firme, frente al vallado de Telefónica, con su chaleco rojo y rodeado de micrófonos. Algo tenía claro: “La emoción de un encierro compensa sin duda el madrugón”. No era algo extraordinario para él, lo hacía siempre. Pero sí para el resto del mundo, que esperaba con ansia a que los seis toros cruzasen la puerta de los corrales para escuchar el parte de heridos que relataba cada mañana. Puro interés para los más alejados a la carrera, el respiro de muchas familias de corredores. Su último parte.

Así, año tras año y julio tras julio, se convirtió en la voz de uno de los momentos clave del encierro más famoso del mundo, el de Pamplona. Sin llegar a imaginar que de golpe, en un suspiro y en silencio, su voz se apagaría para siempre un viernes 31 de enero de 2025. Dejando un vacío en todos los que compartieron con él su largo recorrido en la comunicación, donde cualquiera que le escuchase, sabía que tenía un don.

Fue nombrado responsable de Comunicación de Cruz Roja en 2001. Tiempo después se le sumó la responsabilidad de Cooperación Internacional. Y en 2003 se le atribuyó la portavocía del encierro. “Me acuerdo que llegó unos meses antes que yo”, rebobina en el tiempo Marta Urdánoz Zabalza, secretaria autonómica de Cruz Roja en Navarra desde 2017, que entró en el mismo año que él a la organización. “Era una persona muy especial y convirtió el momento del parte en único”, cita. Ahora le recuerda en cada reunión semanal, así como piensa en aquellas bromas que lanzaba, siendo capaz de quitar hierro a cualquier asunto. 

Con ella coincide Juanjo San Martín Baquedano, coordinador autonómico de Cruz Roja en Navarra desde 1997 y voluntario desde 1981. “Era imposible enfadarse con él”, expresa. Cinco meses después, recuerda el incidente que hizo detectar que algo ocurría. “Él quería subir a la oficina a trabajar, pero sus compañeros le insistieron en que tenía que ir al hospital y ellos mismos le llevaron en una de las ambulancias”, explica halagando su infinita perseverancia en el trabajo, como su empeño por dar a los medios “la mejor información en el menor tiempo posible”.

MUCHO MÁS QUE COMPAÑEROS

Su relación con Francisco Martínez Rodríguez (Takelín), referente de Informática y Sistemas desde 2007 y voluntario desde 1992, fue más allá. Pasaron de ser compañeros a forjar una bonita amistad los viernes por la tarde. “Mesa de sabios”, así nombró Takelín a su cita semanal en el bar de abajo. “Yo una coca cola, él una cerveza, y nos poníamos al día”, rememora. “Aunque pareciese serio y fuese discreto, te reías mucho con él”, confiesa su amigo. “Echaré de menos ir a tomar algo al acabar cada mañana de San Fermín. Se que estará orgulloso y en su querida Ronda, aunque algún día se pasará a vernos”, comenta emocionado.

“El mejor homenaje que le podemos hacer es que todo salga bien este año”, tiene claro su relevo, la periodista Sandra Parra, voluntaria de su equipo desde 2016. Se pone al frente de la comunicación “tranquila”, está “bien enseñada” por Aldaba. Pasaron horas, días y noches, trabajando de la mano. Este año, el equipo que él mismo instruyó hace tiempo, formado por Alfonso Contín y Julián Salvador, entre otros, le demostrará que hizo bien su trabajo. Que mantendrán viva su voz en cada parte de heridos.

Juanjo San Martín Baquedano, Marta Urdánoz Zabalza, Sandra Parra Rodríguez y Francisco Martínez Rodríguez, compañeros y amigos de José Aldaba en Cruz Roja Navarra
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Juanjo San Martín Baquedano, Marta Urdánoz Zabalza, Sandra Parra Rodríguez y Francisco Martínez Rodríguez, compañeros y amigos de José Aldaba en Cruz Roja NavarraEDUARDO BUXENS
Juanjo San Martín Baquedano, Marta Urdánoz Zabalza, Sandra Parra Rodríguez y Francisco Martínez Rodríguez, compañeros y amigos de José Aldaba en Cruz Roja Navarra

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Su andadura en la radio comenzó hace más de cuarenta años en el Micrófono Infantil, de la mano de Don Goyo, como era conocido el locutor navarro Gregorio González Moreno en Radio Navarra. José Aldaba apuntaba maneras en el mundo de la comunicación desde la adolescencia. Tanto que logró retransmitir su propio programa por las tardes, en el que se inventaba por la noche los cuentos que iba a replicar al día siguiente. Era fácil de encontrar en fiestas, “siempre detrás de los músicos”, así recuerdan su infancia sus hermanas. Gran comunicador y entusiasta de la acústica, emprendió un recorrido excepcional como divulgador, que será recordado en la eternidad por toda la gente que le pudo conocer, que no fue poca. Y más aun por los que lo hicieron de más cerca; sus hermanas, Amparo y Maite, su cuñado, Isidro Nieto Morales, y sus tres sobrinos, Vanessa, Mikel y Nerea.

Tras una temporada en televisión, decidió adentrarse en Cruz Roja Navarra. “Él decía que sería un trabajo más tranquilo”, recuerda Amparo, su hermana mayor, sin llegar a imaginar la repercusión que alcanzaría su papel con el paso de los años. Poco tiempo después, se le adjudicó la responsabilidad de comunicar el parte de heridos del encierro. Llegaban las 8.02 de la mañana y micrófonos y cámaras de todos los medios le rodeaban expectantes ante la primicia. En ese instante su voz alcanzaba el mundo. “Le paraban en Zaragoza y en Madrid. En cualquier lugar había alguien que le reconocía”, confiesan sus familiares.

Los preparativos previos a San Fermín eran largos y un tanto agobiantes. “Por estas fechas ya estaba nervioso”, cita Amparo, a la que responde su hija Vanessa: “y la abuela también”. Que lo vivía en primera persona. “Lo que peor llevaba era madrugar. Disfrutaba de las fiestas pero a su manera. Era imposible contar con él”, comentan coincidiendo en que “para él, San Fermín era trabajar”. Y así lo demostraba cada mañana. De su implicación en Cruz Roja salían los mejores resultados. Partes claros y concisos, pero sobre todo rápidos. Tenía cuatro móviles, dos tablets y el ordenador, sus mejores aliados, de los que no se separó ni en los momentos más complicados.

Su forma de ser le hizo ganarse a la gente. “Su carácter era calmado y quieras que no, se tenía que llevar bien con todo el mundo”, expone su hermana mayor. “Todos se han volcado en su partida, lo han pasado mal y lo han sufrido. Señal de que se hacía querer”, piensa. “Le monté la oficina y un escenario para las ponencias en Cruz Roja”, rebobina a años atrás Isidro Nieto, su cuñado, al que Aldaba siempre se refería por dicho parentesco. “Viajaba bastante y me pedía que le llevase a la estación”, confiesa presumiendo de la “buena relación” que tenían.

RONDA, VITORIA Y EL ROCÍO

Aun siendo un Pamplonica sin igual, su corazón estaba dividido entre Pamplona, Ronda, Vitoria y El Rocío. Tenía claro que se jubilaría en Ronda. “Siempre que podía se escapaba a Ronda y nosotros bromeábamos diciéndole que ya teníamos casa para ir en vacaciones”, destaca Amparo. “Fue y se enamoró de la ciudad. Hizo muy buenos amigos y bajaba unas tres veces al año: en Semana Santa, en septiembre y en el Puente Foral”, explica. Sin ser consciente, Aldaba escogió la ciudad malagueña para su último viaje, en el que se despediría de su gente, a ritmo de flamenco, como le gustaba, y disfrutando. Tampoco faltaba ni un año al Rocío, vestido de corto. Y si a otra ciudad guardaba aprecio, era a Vitoria, o mejor dicho, al grupo de amigos que conservaba allí. “Se ha ido pronto, pero ha vivido como ha querido”, cita su Amparo Aldaba.

Durante los Sanfermines, solo se libraba un día del parte de heridos, y lo reservaba para quedar con sus amigos de Vitoria. Ese día faltaba su cara en la tele, era la excepción. Este año, el 7 de julio tampoco saldrá su imagen en las pantallas, pero él seguirá presente, más que nunca, al tanto de que todo salga bien, a su altura y como merece.

Vanessa Nieto Aldaba, Isidro Nieto Morales y Amparo Aldaba Legazpi; sobrina, cuñado y hermana de José Aldaba
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Vanessa Nieto Aldaba, Isidro Nieto Morales y Amparo Aldaba Legazpi; sobrina, cuñado y hermana de José AldabaJESÚS GARZARON
Vanessa Nieto Aldaba, Isidro Nieto Morales y Amparo Aldaba Legazpi; sobrina, cuñado y hermana de José Aldaba

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UNA TRAYECTORIA PARA EL RECUERDO

José Aldaba Legazpi nació el 30 de abril de 1966 en Burlada y falleció el 31 de enero de 2025, a los 58 años de edad, en Pamplona. Con 7 años se trasladó a la Txantrea, donde vivió toda su vida. Estudió en el colegio público de Burlada, primero, y en María Ana Sanz de la Txantrea, después. Apasionado de las ondas, con tan solo 14 años contactó con Don Goyo y comenzó a colaborar con él en el Micrófono Infantil de Radio Navarra.

En 1987 el Ejército le reclamó y tras cumplir con el servicio militar, volvió para continuar con su trayectoria en la radio: Radio Nacional de España, Radio 4, Radio 5, Cadena Top Radio y Radio España. Fue presentador y reportero en Pamplona Televisión e incluso pinchadiscos y DJ en Bay Bay y ONB. En septiembre de 2001 fue nombrado responsable de Comunicación en Cruz Roja y tiempo después se le unió el cargo de Cooperación Internacional. En 2003 comenzó a dar el parte de heridos del encierro de San Fermín, convirtiéndose en la cara más visible de este durante 21 años.

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