San Fermín 2025

Una experta de la Clínica Universidad de Navarra explica la importancia de los pequeños instantes en San Fermín: "Pueden tener un impacto profundo en nuestra salud mental"

San Fermín es esa demostración práctica de que a nuestro cuerpo le atrae la magia de las pequeñas cosas. Y es que un minuto puede ser eterno si lo vivimos de verdad

La doctora Natera explica los porqués de estas sensaciones
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La doctora Natera explica los porqués de estas sensaciones
La doctora Natera explica los porqués de estas sensaciones

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Noelia Gorbea

Actualizado el 06/07/2025 a las 08:19

Existimos en una época obsesionada con el tiempo: cuántos años dura una relación, cuántos minutos tiene una película, cuántas décadas alcanza una vida. Medimos el valor de las cosas por su permanencia, como si la eternidad fuera garantía de profundidad. Sin embargo, hay una verdad silenciosa que escapa a relojes y calendarios: la intensidad no necesita tiempo, solo presencia. Es decir, no se trata del tiempo que dura una cosa, sino de lo que sentimos mientras ocurre. Piensen en sí mismos.

Una mirada puede ocupar un segundo y dejarnos sin habla. ¿A que sí? A las puertas de San Fermín, estas líneas explican cómo lo efímero es más de lo que parece. Es la chispa que se enciende precisamente por eso, por el valor de su brevedad.

Un beso inesperado, el estallido del chupinazo, el sonido de un tambor, el estribillo de una canción, el roce de dos manos que se quieren, un abrazo en mitad de la calle Estafeta... ¿Por qué el cerebro responde con tanta intensidad a lo efímero? ¿Cómo es posible que una risa compartida o el simple gesto de anudarse el pañuelico nos hagan sentir tan bien? La neurociencia lleva años estudiando estas preguntas, y hoy sabemos que esos pequeños instantes tienen una poderosa capacidad de activar los circuitos cerebrales del placer, la motivación y el aprendizaje.

Es la doctora Elena Natera, especialista en Neurología en la Clínica Universidad de Navarra, quien pone voz a la magia de un instante. "El cerebro aprende deprisa qué le hace sentir".

¿Cómo procesa el cerebro las emociones positivas?

El cerebro no tiene una zona única encargada de las emociones positivas, sino que las procesa a través de un sistema complejo basado en la dopamina. Esta sustancia se libera cuando vivimos algo gratificante, que nos hace sentir bien. Además, la dopamina no solo nos motiva, sino que nos ayuda a aprender de esas experiencias y recordar las cosas que nos hacen sentir bien. Por ejemplo, cuando bailamos al ritmo de una charanga o vemos con amigos un encierro. La dopamina interactúa con sustancias como la oxitocina en situaciones de contacto físico o interacción emocional positiva, lo que fortalece nuestras relaciones y reduce el miedo o la ansiedad. Sin embargo, es importante que haya un equilibrio: tanto una baja cantidad como un exceso de dopamina pueden alterar cómo pensamos y sentimos.

¿Hasta qué punto importa que el instante sea más o menos duradero?

Cuando algo que nos gusta ocurre de forma breve, como anudarse el ‘pañuelico’ tras el chupinazo, el cerebro responde con un pico rápido de dopamina causando un placer intenso pero pasajero. Esto se debe a que el circuito de la dopamina es especialmente sensible a estímulos nuevos o inesperados. Y aunque lo efímero puede ser poderoso, la duración importa: mantener el estímulo agradable facilita que el bienestar permanezca.

¿Podríamos decir que las endorfinas actúan como analgésicos naturales?

Eso es. Son moléculas que bloquean las señales de dolor. Por ejemplo, cuando reímos, mejoramos nuestro estado de ánimo. Pero las endorfinas no actúan solas sino que trabajan junto con la dopamina. Por eso, su liberación en momentos intensos, como correr el encierro, aumenta la euforia. La actuación conjunta de ambas crea un cóctel en el que las primeras alivian el dolor y las segundas potencian nuestro bienestar emocional.

¿Existe riesgo de que una estimulación excesiva (por ejemplo, comprar muchos boletos en la tómbola) cause problemas emocionales?
En condiciones normales, nos ayuda a disfrutar pero si se estimula demasiado (buscando un ‘subidón’), el cerebro cambia su forma de funcionar. Es decir, se vuelve menos sensible, siendo necesarias dosis mayores de dopamina para experimentar una sensación similar.

¿Cómo interpreta el cerebro una microexperiencia?
Cuando algo nos gusta, como escuchar el sonido de un txistu, el cerebro activa su ‘circuito de recompensa’. Esto significa que no solo nos hace disfrutar del momento, sino que nos motiva a querer repetirlo. Además, cuando estas microexperiencias ocurren en un contexto social, el cerebro valora conexión, pertenencia y familiaridad, haciendo que el placer sea aún más intenso.

¿Puede la suma de pequeñas experiencias positivas tener efecto acumulativo en nuestro bienestar?
Aunque una experiencia positiva aislada puede hacernos sentir bien por un momento, repetir pequeñas vivencias agradables a lo largo del tiempo (como abrazar a tu pareja durante los fuegos artificiales) puede tener un impacto profundo en nuestra salud mental. Ayudan a construir una especie de ‘memoria emocional positiva’. Además, la repetición de estas experiencias fortalece la capacidad del cerebro de afrontar mejor el estrés.

¿Por qué algunas personas parecen más receptivas a experimentar placer con cosas simples mientras que otras necesitan estímulos más intensos?
La forma en que experimentamos el placer varía entre personas. Algunas tienen un sistema dopaminérgico más sensible, lo que significa que su cerebro responde con placer incluso a estímulos pequeños, como una conversación agradable. Sus receptores y las conexiones en áreas del cerebro como el núcleo accumbens reaccionan fácilmente, por eso disfrutan con cosas sencillas.
En cambio, otras personas tienen un sistema dopaminérgico menos reactivo, ya sea porque presentan menos receptores de dopamina o menos actividad de base, por lo que necesitan estímulos más intensos para sentir el mismo nivel de placer o recompensa. Pero esta diferencia no solo depende de la genética, sino también de cómo se entrena el cerebro con el tiempo.

¿Cómo podemos entrenar al cerebro?

Una estrategia clave es cultivar una atención proactiva, aprendiendo a enfocarnos en señales sutiles que nos hacen sentir bien. Prácticas como el mindfulness o la meditación ayudan a reforzar esta sensibilidad. También es útil repetir actividades cotidianas agradables, como pasear. Con el tiempo, esto refuerza los circuitos del placer, de forma que el cerebro aprende a valorar más lo sencillo. Complementar estas prácticas con hábitos saludables, como dormir bien, hacer ejercicio y comer adecuadamente, favorece un equilibrio general que potencia la percepción de bienestar.

Fiestas como San Fermín, con su riqueza sensorial, ofrecen un entorno perfecto para esto. Aunque un instante como el chupinazo sea breve, puede dejar una huella emocional duradera si aprendemos a integrarlo en nuestra memoria como una experiencia significativa.

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